Medio Ambiente
El CVC reclama que se autorice excepcionalmente usar fungicidas contra el hongo piricularia en el arroz
El hongo afecta a las variedades tipo Sénia, Bomba y Albufera y la afectación media en la última campaña ha sido del 30-35%
La Comisión de Ciencias del Consell Valencià de Cultura recoge las reivindicaciones de los agricultores, que lamentan que solo queda un fungicida autorizado pero solo se puede usar en años alternos

Flamencos en los arrozales de l'Albufera / F. Bustamante

El hongo piricularia actúa contra el cultivo del arroz como ahogándolo. La enfermedad fúngica más importante del mundo tiene un modus operandi muy concreto: ataca el cuello de la espiga, cortando el flujo de nutrientes al grano de arroz. Si el ataque se produce cuando la espiga no está acabada, el grano no continúa creciendo. Es un problema que afecta a todo el mundo, pero muy especialmente a la Comunitat Valenciana, donde se han detectado campos con el 100% del cultivo afectado por esta plaga, aunque la afección media ronda el 30 o 35%.
Contra ella, y tras escuchar a productores, investigadores y expertos, el Consell Valencià de Cultura pide medidas decididas. En el pleno de la entidad celebrado este lunes, se ha aprobado un informe en el que se insta al Consell a negociar con el Ministerio de Agricultura autorizaciones excepcionales para el uso de fungicidas que puedan eliminar el hongo. Hasta ahora, esos tratamientos cada vez son más complicados: los agricultores denuncian que solo hay uno autorizado en el marco de la Unión Europea, y solo puede usarse en años alternos.
Arroz Sénia, Bomba y Albufera
El informe que ha elaborado la Comisión de Ciencias del CVC indica, tras escuchar a quienes más saben, que las variedades autóctonas se han mostrado más vulnerables a la enfermedad provocada por el hongo. Afecta a las variedades tipo Sénia (J. Sendra, Gleva, Montsianell, Sénia y Badia, muy parecidas entre sí), Bomba y Albufera. Algunas como Sénia y Badia ya prácticamente no se cultivan, pero Bomba, que es la variedad en cultivo más antigua, sí sigue siendo muy demandada por las características de cocción que tiene. Eso sí, aunque tiene un encaje histórico en la gastronomía valenciana, es muy difícil de cultivar. Ahora, con la piricularia, todavía más.
Las pérdidas han sido cuantiosas: en arroz Albufera, de en torno al 75%, según los cálculos de AVA-ASAJA, y entre un 30%-40% de J. Sendra, una de las variedades tipo Sénia. Los responsables de La Unió Llauradora detallaban por su parte una afectación media del hongo, la última campaña, del 30-35% de las parcelas pero que podía llegar al 90% o, incluso, al conjunto de la parcela. El impacto económico llegaría a los 10 millones de euros, dado que las pérdidas no son únicamente cuantitativas, sino también cualitativas, de calidad del grano. Las enfermedades, además, no están cubiertas por las aseguradoras.
Solo un fungicida autorizado por la UE
Y las armas con las que cuentan los productores son escasas, casi inexistentes. El informe del CVC recoge la denuncia generalizada de los agricultores sobre la carencia de “materias activas” para luchar contra el hongo, no necesariamente tóxicas para el medio ambiente. Si en 2001 había 900 sustancias activas que podían usar los agricultores, ahora se limitan a 470 en función de las normativas marcadas por la Unión Europea. Eso en general, pero muchísimas menos para la piricularia: llegó a haber tres fungicidas autorizados - Triazol, Imidazol y Estrobilurina- y solo esta última está permitida hoy.
Pero no es tan sencillo. La Estrobilurina solo puede emplearse en años alternos y combinada con otras sustancias. El motivo es que el hongo crea resistencias contra este fungicida cuando se usa más a menudo. Pero, ante la falta de alternativas, los agricultores tienen a utilizarla a la desesperada, dos o incluso tres veces anualmente, lo que incrementa el riesgo de resistencias.
Es un bloqueo que puede desatascarse por dos vías: o bien se aprueban por parte del Gobierno central autorizaciones excepcionales para que estos productos puedan usarse en condiciones más flexibles, o bien se busca una alternativa por la vía de la investigación, desarrollo e innovación. En el primero de los casos, el Ministerio de Agricultura puede aplicar autorizaciones excepcionales contempladas en la normativa europea para usar productos fitosanitarios por un periodo máximo de 120 días -cuatro meses- cuando exista un peligro que no se puede atender por otras vías. En cuanto a lo segundo, la investigación, desde el instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) ya estudian formas de burlar la creación de resistencias a los fungicidas por parte del hongo.
Pero la investigación necesita de estímulos. Los agricultores, como recoge el informe del CVC, lamentan que el del arroz es un cultivo minoritario: solo 400.000 hectáreas de los 50 millones dedicadas al cereal se destinan al arroz. Así que la búsqueda de nuevos productos, también por parte del sector privado, está bastante parada.
“Amenaza de desaparición”
“A largo plazo, podríamos estar hablando de la amenaza de desaparición de una actividad agrícola tan valiosa, un problema importante no solo desde un punto de vista agrario sino también desde una perspectiva cultural y patrimonial”, destaca el informe del Consell Valencià de Cultura. Se trata de un problema que podría derivar en el “abandono completo de zonas del Parc Natural”.
Por todo eso, desde el CVC instan a la Conselleria de Agricultura a continuar negociando con el Ministerio de Agricultura autorizaciones excepcionales para el uso de fungicidas no contemplados en la normativa. Pero también a explorar con ahínco la vía de la investigación y reforzar con “suficientes recursos materiales y humanos” los trabajos del IVIA para encontrar variedades resistentes al hongo. A las organizaciones agrarias les pide que atiendan a las indicaciones en cuanto a la siembra y al abono de los cultivos.
Asimismo, reclaman explorar la posibilidad de convenios de colaboración público-privada con empresas productoras de fungicidas para incentivar la investigación y la producción de nuevos productos dentro de los parámetros marcados por la Unión Europea, así como trasladar a la Comisión Europea una propuesta para lograr una rotulación clara y obligatoria que indique la procedencia real de los productos y promover la DO Arròs de València.
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