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Decisiones técnicas o políticas

Resulta paradójico que no estar en tu puesto de mando como máximo responsable del gobierno autonómico sea lo que te salve de toda responsabilidad penal, en ningún caso de la política y moral.

Resulta paradójico que no estar en tu puesto de mando como máximo responsable del gobierno autonómico sea lo que te salve de toda responsabilidad penal, en ningún caso de la política y moral. / LEVANTE-EMV

Enrique Moltó

En relación con todo lo que ha pasado en los últimos meses con el tema del 29 de octubre de 2024, cada vez tengo más dudas. Mientras más debato en foros y hablo con colegas, en relación a las distintas declaraciones de técnicos y políticos, más interrogantes se abren. Lo único inapelable es que las cosas se hicieron rematadamente mal, tanto en la gestión directa de la emergencia como, y eso suele quedar en segundo plano, en la ordenación del territorio previa.

Dicho esto, el debate se plantea en si son los técnicos o los políticos los que deben tomar las decisiones claves en situaciones de emergencia. De igual manera, ¿han fallado los protocolos o han fallado los que los debían aplicar? Decir que la culpa fue de los técnicos es una forma de exculpar a los responsables políticos que no comparto en absoluto. Resulta evidente que los técnicos deben aconsejar y facilitar las decisiones de los políticos, pero son estos últimos los responsables de la gestión. Seguramente esto ha funcionado bien muchas veces pero, como ahora ha fallado, es humano que nos preguntemos si las decisiones de los especialistas deben quedar por encima de las decisiones de los políticos. El peligro es que, si esto fuera así, ¿para que serviría elegir democráticamente a los que nos dirigen?

Por otro lado, los técnicos tampoco son un estamento unánime y son muchas veces designados directamente por los responsables políticos.

Por otro lado, incluso en el caso de que los protocolos hayan funcionado bien y hayan fallado los gestores políticos de la emergencia, que es en buena medida lo que ha pasado, es lícito modificarlos para evitar que las decisiones últimas dependan demasiado de personas poco preparadas, por muy democráticamente que hayan sido elegidas.

A todo esto, resulta paradójico, por no decir otra cosa, que no estar en tu puesto de mando como máximo responsable del gobierno autonómico sea lo que te salve de toda responsabilidad penal, en ningún caso de la política y moral.

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