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Testimonio

"Un día más entre el triángulo de las Bermudas de la Pista de Silla y el infierno de la V-30"

Cuando no es por un alcance, es por algún problema en la vía, pero adentrarse en la V-31 es sinónimo de incertidumbre. Sabes cuándo vas a entrar, pero nunca cuándo vas a conseguir atravesarla.

Retenciones kilométricas en la V-31 al retrasarse las obras en la Pista de Silla

Minerva Mínguez

Minerva Mínguez

Minerva Mínguez

València

Vivo en Benifaió, en la comarca de la Ribera Alta, uno de esos pueblos que forman parte del área metropolitana de València. Trabajo en Vara de Quart, a 25,7 kilómetros por carretera, unos 23 minutos según Google. Tan cerca, en la teoría, y tan lejos a veces. Sobre todo en las horas punta cuando el tráfico se complica. Lo cierto es que cuando no es por un alcance, es por algún problema en la vía, pero adentrarse en la V-31 es sinónimo de incertidumbre. Sabes cuándo vas a entrar, pero nunca cuándo vas a conseguir atravesarla. Es como el triángulo de las Bermudas. Te absorbe y cuando logras salir piensas que has sido bendecido. A veces he sentido auténticos escalofríos cuando llevaba el depósito en reserva. Mira que si de tanto arrancar, parar y volver a arrancar me quedo sin combustible.

En la boca del lobo

Este miércoles ha sido uno de esos días en los que a pesar de oír por la radio de buena mañana que hay colapso tú te arriesgas a meterte en el coche. Qué remedio, tampoco es que las Cercanías te garanticen nada. Así que esta mañana me he armado de valor y en el pequeño Opel Corsa de mi padre me he metido en la boca del lobo. Y sí, sí que había lío, sí. He estado cerca de 45 minutos dentro del coche y eso que la incidencia estaba ya medio resuelta. Esta vez, el origen de las desesperantes retenciones -hasta 13 kilómetros según las indicaciones de la DGT- por el montaje de un pórtico que cruza las dos calzadas.

Según el Ministerio de Transportes la susodicha estructura metálica estaba colocada sobre las 6:30 horas pero la retirada de la grúa ha sido más lenta de lo previsto por lo que el corte de todos los carriles no se ha levantado hasta pasadas las nueve de la mañana. “Ha sido algo absolutamente excepcional”, insisten fuentes del departamento que dirige el ministro Oscar Puente. Bueno, pues a ver si es verdad.

La V-30, otro punto negro

Una vez abandonada la principal carretera de acceso a València desde el sur, el panorama no es más idílico. Entonces llega la V-30, otro punto negro del mapa valenciano, si no el peor. Ahí confluye casi todo especialmente a primera hora de la mañana pero también a mediodía, tanto en un sentido como en el otro. Cualquier accidente, por pequeño que sea, convierte el enclave en una ratonera. Si quieres llegar al aeropuerto, mejor salir con horas de antelación por lo que pueda ser. Si tienes un compromiso importante en el trabajo, ídem. Otras vías de acceso a la gran ciudad tampoco están exentas de complicaciones diarias. La A3 desde el oeste y la CV-35 desde el noroeste acumulan kilómetros de retenciones cada día.

Últimamente, también se replican en la A7 en dirección a Castelló, por las obras en marcha desde la CV-35, a a la altura de Paterna, y hacia el norte, que ralentizan la circulación e, incluso, la cortan en algunas franjas horarias. Así que mientras alterno las noticias de la SER con la Pasión según San Mateo de Bach en Radio Clásica y mi hija toma fotografías con el móvil que certifiquen su demora en la Universitat de València, intento controlar una incipiente crisis de ansiedad para que no derive en amaxofobia. A un paso estoy cada día cuando me lanzo a la carretera.

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