De granaderas a fadrines: las otras fiestas en las que las mujeres sí ganaron
En varias fiestas como la Semana Santa Marinera o las de Riba-Roja una lucha de años o incluso décadas se saldó con la apertura la tradición a las mujeres

Una imagen de la Semana Santa en Gandía / Levante-EMV

La Cofradía de Sagunto que ha vetado, tras una votación, la participación de mujeres en la Semana Santa, ha encendido un debate que podrá parecer ya superado: el de la exclusión de la mitad de la población en nombre de una supuesta tradición inamovible. Las instituciones y comunidades relacionadas con lo festivo y tradicional pueden parecer rocosas, inamovibles. Pero no lo son tanto. Que las mujeres se abran paso en ellas parece costar un tiempo y un esfuerzo desproporcionados e injustificados pero, en algunos casos, finalmente se da ese paso.
Mientras en Sagunt persiste el veto a la participación femenina, en Llíria, como recordaba Levante-EMV, dos de sus principales cofradías se han convertido en ejemplo de apertura e igualdad, tras décadas o años de evolución interna. Son solo dos ejemplos de caminos muy distintos que solo en algunos casos llevan a la inclusión de la mujer en la fiesta y la tradición.
El paso adelante de las granaderas de la Semana Santa marinera
Aroa Haba es vecina del Cabanyal, presidenta de la Asociación de Vecinos Virgen del Carmen-Beteró, y no solo eso. Desde el año pasado, ahora va a hacer un año, es también la primera granadera de la Semana Santa marinera del Cabanyal. Aroa está vinculada a la Corporación Granaderos de la Virgen del Cabanyal, de la Parroquia de los Ángeles desde que tenía diez años. “En ese momento queríamos salir todas y no nos dejaban”, rememora. Las mujeres solo podían participar como imágenes, pero no como granaderos, ataviados con los trajes que representan a los soldados napoleónicos que hacen guardia a la virgen.
“Hace unos quince años envié una carta a la Cofradía solicitándolo e hicieron caso omiso”, recuerda Haba. Lo dejó pasar, pero el año pasado, no sabe si a iniciativa de la corporación o de la Junta Mayor, el presidente le dijo que se iba a aprobar que ellas también pudieran ser granaderas. “No me lo creía”, admite. El año pasado salió ella sola. Este año ya son dos las mujeres entre los 200 miembros de la corporación. A la otra mujer la conocerá en persona dentro de una semana pero han hablado por teléfono, la ha ayudado a buscar modista y le ha dado consejos. Sobre todo, dice, para adaptar el traje tradicionalmente masculno a las formas femeninas pero sin variar absolutamente nada más. Aroa ha tenido que hacerse el pantalón a medida para poder llevarlo y que, a la vez, quede idéntico al de ellos.
Es la pionera de las granaderas de su comunidad, pero no de la Semana Santa marinera. En el vecino barrio del Grao, en 2022, comenzaron a procesionar granaderas, como se aprobó en enero de 2020. Ese año, la pandemia lo hizo imposible. En 2021 la situación pandémica tampoco permitió el desfile por las calles, así que 2022 fue el primer año de facto. Eso sí, ellas sí adaptan el traje: llevan pantalones pitillo en ocasiones o incluso tacones.

Una de las granaderas de El Grao / Redacción Levante
Capuchinas y manolas en Gandia
Con una votación de 47 apoyos frente a 13 rechazos, la Hermandad del Santísimo Cristo del Silencio de Gandia puso fin en 2024 a la última barrera que limitaba la participación de las mujeres en la Semana Santa local. Hasta ese momento, solo los hombres podían desfilar como capuchinos, cubriendo su rostro con el tradicional capirote en las procesiones de esta cofradía, mientras que las mujeres debían hacerlo exclusivamente como clavariesas o manolas. Pero ahora, tanto hombres como mujeres pueden elegir libremente su indumentaria y participar en igualdad de condiciones. Ellas deciden, pues, si mantienen el traje tradicional o si procesionan como capuchinas, cosa que ya era así en el resto de hermandades de la ciudad.
Eso sí, a Semana Santa de Gandia se sitúa entre las más avanzadas en materia de igualdad dentro de la Comunitat Valenciana. De hecho, contó con una mujer, María José Martí, al frente de la Junta Mayor de Hermandades durante ocho años, y las cofradías funcionan en general bajo criterios de igualdad tanto en la organización como en la participación en el calendario festivo.
Los ‘fadrins’ -y ahora ‘fadrines’ de Riba-roja
En 2022 una joven de Riba-roja del Túria inició una batalla en su pueblo para conseguir que las mujeres pudieran participar en la fiesta “dels Fadrins”, uno de los eventos juveniles más destacados del verano en el municipio y que organizan quienes cumplen 18 años. Eso sí, siempre que sean varones. Las mujeres pueden participar pero quedan fuera de la organización. Este año 2026 será el primero que participen y lo harán gracias a una joven: Alba Felices.

Firma del convenio con la organización de la fiesta en Riba-roja / Redacción Levante
“En mi año quise participar, pero no podía. Era una fiesta de chicos. Lo peor era que me vi sola en la lucha. Mis amigos, mis amigas… me decían que me apoyaban, pero en el cara a cara. Nadie me apoyó de forma pública y me sentí muy sola. Me indigné, peleé, me entrevisté con los festeros, con el alcalde y otras autoridades del ayuntamiento, salí en los medios de comunicación… y al final conseguí que se firmara un convenio para que puedan participar mujeres en la fiesta”, explicaba la joven a Levante-EMV en un reportaje sobre feminismo.
El convenio entraba en vigor en 2026 lo que implica que es este año cuando las mujeres pueden entrar en la organización “dels Fadrins” de Riba-roja del Túria. Fuentes de la Concejalía de Igualdad del consistorio detallan que, gracias a ese convenio, para 2026 ya había una mujer en la organización de la fiesta. Pero son más: para 2027 ya hay cuatro mujeres más. El convenio también incluye la obligación para el colectivo de llevar a cabo una campaña de publicidad para que cualquier mujer pueda apuntarse para formar parte de la Junta Directiva. “No tenemos ningún fadrí que diga que no”, celebran estas mismas fuentes.
Las pescadoras del Palmar y una lucha de 14 años
Ya hace tiempo pero aún quedan cicatrices. En 1994, un grupo de seis mujeres se atrevieron a desafiar el legado de Jaume I. En ese momento, habían pasado 750 años desde que el rey había otorgado el privilegio de heredar el derecho de pesca solo para los hijos varones de los pescadores de El Palmar. Teresa Chardí, Vicenta Dasí, Felicidad Dasí, Elena Marco, Teresa Bru y Carmen Serrano decidieron entonces enfrentarse al manido argumento machista - “es tradición”- para reclamar su derecho a faenar en el lago.

Las mujeres pescadoras de El Palmar / Redacción Levante
Su lucha empezó por lo más sencillo: remitieron una carta a la Comunidad de Pescadores de El Palmar solicitando su ingreso, que nunca fue respondida. Dejaron pasar tres años y empezaron a moverse: primero acudieron al Institut de la Dona y, después, y para evitar el bloqueo, a la vía judicial. Una primera sentencia de 1998 ya reconoció el derecho de las mujeres a faenar en aguas albufereñas. Pero la Junta de la Comunidad cambió los estatutos para dificultar su inclusión. Volvieron a juicio y ganaron finalmente en 2008.
“Muchas de mis compañeras se criaron en hogares de pescadores pero no podíamos ir a pescar porque éramos mujeres, podíamos vender pescado, ayudábamos a coser las redes, preparábamos palangres, sabíamos 'perxar', pero ser pescadora o heredar el derecho para nuestros descendientes no. Era una injusticia. Por eso era tan significativo que eso cambiara”, defendían algunas de las pescadoras pioneras de El Palmar en un reportaje en Levante-EMV.
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