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De spotify a Dios: la nueva espiritualidad que conquista a los jóvenes

Movimientos religiosos como Hakuna, corrientes como la Nueva Era y las prácticas de meditación o yoga actúan como canales para afrontar la incertidumbre vital y construir un sentido propio ante un contexto social complejo

Por J. Hernández

El contexto actual de los jóvenes refleja una realidad compleja, marcada por la incertidumbre sobre su futuro y la sensación de que, pese a los esfuerzos constantes —estudiar mientras trabajan, mantener varios empleos, esforzarse al máximo—, los resultados no siempre llegan. Esta experiencia genera frustración y dudas sobre el propio proyecto de vida, impulsando la búsqueda de sentido en distintos ámbitos. En este escenario surgen formas de espiritualidad que se acercan a los modelos tradicionales y otras más alejadas que adoptan expresiones emocionales y comunitarias, donde la música, la reflexión y la compañía se convierten en herramientas para encontrar equilibrio y significado en un momento en el que la mitad de los jóvenes reconoce haber experimentado problemas emocionales y un 15 % los sufre de manera persistente, con síntomas como cansancio, apatía, ansiedad, insomnio o depresión.

Uno de los ámbitos donde esta búsqueda de sentido resulta más visible es en los movimientos musicales espirituales. Iniciativas como Hakuna, Emaús, Misión Jatari o Shemá han logrado conectar con las nuevas generaciones a través de un lenguaje accesible, en el que la música actúa como eje central. Estos espacios no se limitan a la expresión artística, sino que funcionan como lugares de encuentro donde los jóvenes pueden compartir inquietudes, emociones y preguntas sobre la vida y el sentido de su esfuerzo diario.

Movimientos musicales como Hakuna, Emaús, Misión Jatari o Shemá conectan con jóvenes a través de la música, la comunidad y la reflexión personal

Estos movimientos musicales, corrientes vinculadas a la Nueva Era y las prácticas individuales de meditación, yoga o espiritualidad difusa actúan como canales que permiten afrontar la incertidumbre vital y construir un sentido propio en un mundo cada vez más complejo.

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Segunda conversión

Blanca Cañizares, una joven de 24 años de Alicante vinculada a Hakuna, describe esta experiencia como un punto de inflexión personal que transformó su manera de vivir la fe. Aunque creció en una familia profundamente cristiana y siempre había estado en contacto con ese entorno, explica que su vivencia dio un giro hace unos cinco años, cuando experimentó lo que define como una “segunda conversión”.

Su primer acercamiento al movimiento que busca transmitir alegría y fe a través de la música y la adoración fue casi casual, pero hubo un momento determinante: escuchar la canción Un segundo marcó el inicio de un proceso más profundo, en el que empezó a replantearse no solo su relación con Dios, sino también el sentido de lo que estaba viviendo.

"No es solo la religión, es la gente que te rodea"
Blanca Cañizares Integrante de Hakuna

Con el tiempo, descubrió que Hakuna no era únicamente una forma de espiritualidad, sino también una comunidad. “No es solo la religión, es la gente que te rodea”, afirma, subrayando la importancia del acompañamiento. En su caso, ese entorno ha sido clave. Cada jueves participa en encuentros en su parroquia, donde se combinan charlas formativas sobre distintos aspectos de la fe con momentos de adoración y reflexión personal. “Es un momento de descanso dentro de la semana, de parar y reconectar”, señala.

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Además de estos encuentros, destaca la variedad de actividades que ofrece el movimiento: retiros, cursos como el "Soul College" o talleres sobre temas como la teología del cuerpo. “No te quedas solo en la adoración, hay una formación continua que te ayuda a crecer”, explica. Durante un tiempo también formó parte del coro, participando en su coordinación, lo que le permitió implicarse aún más.

“Ayudar a que otros descubran lo que tú has encontrado es algo que te llena muchísimo”, comenta. Actualmente compagina su trabajo en el ámbito del marketing con esta dimensión espiritual que, según afirma, vive en su día a día. “Estoy muy agradecida de tener a Dios en mi vida. Lo noto, sobre todo en las personas que me acompañan”, añade.

Integrantes del grupo Tonaira de Alicante INFORMACIÓN

Lucía Sanmiguel Mas-Magro, de 16 años, pertenece a la hermandad de la Humildad y Paciencia de Alicante desde que tenía 11, y a la Asociación Cultural y Juvenil Tonaira, que ofrece actividades extraescolares, de tiempo libre y formación en valores. En ambas ha encontrado un espacio de apoyo, comunidad y crecimiento personal.

"Aunque hoy en día nos comunicamos mucho por el móvil, eso no siempre nos llena espiritualmente"
Lucía Sanmiguel Mas-Magro

"Aunque hoy en día nos comunicamos mucho por el móvil, eso no siempre nos llena espiritualmente. En Tonaira y en la hermandad encuentro a jóvenes, compartimos intereses y valores, puedo hablar de cualquier cosa y sentirme apoyada. Las actividades y la música religiosa me ayudan a reflexionar sobre la fe y a mantener la calma frente a los retos diarios". Lucía también cita a Hakuna como un fenómeno del que se está hablando en redes sociales. "Cada vez lleva más gente a sus conciertos; a mí, por ejemplo, me gustan mucho. Y sus canciones también son sobre Dios, eso hace que que nos acerquemos y nos hace pensar mucho sobre la religión".

Así admite que gracias a estos espacios "tenemos una seguridad y una fe que nos apoya, que nos da calma y nos hace sentir que no estamos solos".

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Spotify desde el convento

Desde la vida consagrada, Esther Flor de Lis González, hermana de las Clarisas en Murcia, aporta otra perspectiva sobre esta conexión entre juventud, música y espiritualidad. Tiene 34 años, lleva ocho en el convento formando parte de una comunidad en la que la presencia de jóvenes es significativa. Explica que la media de edad ronda los 40-50 años, pero que aproximadamente la mitad son jóvenes, y que en la etapa de formación inicial son siete hermanas, siendo ella la mayor. Esta realidad facilita una forma de comunicación más cercana con otros jóvenes.

"Al ser jóvenes nosotras tenemos una forma de comunicarnos que hace que otros jóvenes se sientan más cerca"
Esther Flor de Lis González

“No es que queramos atraer a los jóvenes, es que, al ser jóvenes nosotras también, tenemos una forma de comunicarnos que hace que otros jóvenes se sientan más cerca”, afirma. En este proceso, la música desempeña un papel central. “Se están creando festivales y espacios donde los jóvenes cristianos pueden cantar, colaborar y conectarse con Dios de manera natural”, explica la hermana nacida en Alicante, que a los 16 años se fue a vivir a Aspe. Además, su comunidad utiliza redes sociales, Spotify y otros canales para mostrar su vida cotidiana y su espiritualidad.

Esther también reconoce que muchos jóvenes exploran otras formas de espiritualidad fuera del ámbito cristiano, como el yoga, la vida en ecoaldeas o corrientes vinculadas a la Nueva Era, y las interpreta como expresiones de una misma inquietud: “El vacío siempre va a estar. Cada época tiene sus retos, pero la búsqueda de algo más, de trascendencia, es inherente al ser humano”.

Bautizo a los 22

Paula T. Hernández, bautizada a los 22 años hace un mes, ofrece un testimonio que refleja la relación entre la espiritualidad y la búsqueda de estabilidad. “Más que la incertidumbre laboral, lo que me preocupaba era qué iba a ser de mí; veía que, pese a todos mis esfuerzos, los resultados no llegaban”, explica. La fe se convirtió en un recurso emocional que le ayudó a encontrar equilibrio. “Me ayuda a darle sentido a un esfuerzo que muchas veces creía en vano. Cuando me siento a reflexionar por la noche, tengo la confianza de que todo va a obrar para bien y que no siempre las cosas están en nuestra mano”.

"Era buscar respuestas donde no las había encontrado del todo y encontrar calma entre tanto caos"
Paula T. Hernández

Paula recuerda que, aunque siempre había sentido cierta llamada a la fe, fue en medio del caos de la transición a la vida adulta donde decidió bautizarse: “Era buscar respuestas donde no las había encontrado del todo y también encontrar estabilidad y calma entre tanto caos”.

Por su parte, Víctor Fernández, alicantino de 33 años, lleva cuatro años en el seminario y explica que su decisión no surgió de un desencanto con el mundo ni de un impulso brusco. “Era un camino que ya estaba recorriendo y en el que entendí que tenía que dar un paso más”. Desde su infancia, la fe ha estado presente, aunque reconoce altibajos.

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Más participación

Víctor observa que, en muchos casos, la espiritualidad aparece como respuesta a una sensación de vacío. "He conocido a personas para las que ha sido algo más drástico, al darse cuenta de que lo que ofrece el mundo no les llena y que necesitan algo más”. En su opinión, el contexto actual puede influir en la búsqueda espiritual, aunque no determina por completo las decisiones de los jóvenes. “Las preguntas sobre el sentido de la vida están ahí en todos, pero muchas veces la sociedad no invita a plantearlas o no les da espacio”.

Por ello, considera fundamental que existan entornos donde estas inquietudes puedan compartirse y vivirse en comunidad. “Cuando los jóvenes encuentran un lugar donde otros también se hacen esas preguntas, se sienten acompañados. Es como descubrir que no eres el único”. En su experiencia en la parroquia de la Playa de San Juan, en Alicante, percibe cambios. "Hay jóvenes que antes no participaban y ahora sienten la inquietud de dedicar tiempo a la oración o a ayudar a los demás”.

"Hay jóvenes que antes no participaban y ahora sienten la inquietud de dedicar tiempo a la oración o a ayudar a los demás"
Víctor Fernández Seminarista

Junto a estas experiencias más estructuradas, se consolida también un conjunto de prácticas espirituales más abiertas y personalizadas. El yoga, la meditación, el interés por lo paranormal o los estilos de vida alternativos forman parte de un panorama en el que cada joven construye su propio camino.

Estas formas de espiritualidad suelen centrarse en el bienestar emocional inmediato, la gestión del estrés o la búsqueda de equilibrio interior, sin necesidad de integrarse en una comunidad definida.

El sociólogo Juan Antonio Roche, del Grupo de Investigación de Sociología de las Emociones, los Cuerpos y las Sensibilidades de la Universidad de Alicante, ofrece una mirada más amplia que ayuda a situar estas tendencias que aparecen frente a fenómenos especialmente preocupantes, como el aumento de las autolesiones entre chicas jóvenes —que afectan a entre un 15 % y un 25 % en algún momento de su vida, y a un 7 % de forma frecuente—, así como el incremento de la ideación suicida, más común entre los chicos. Subraya además que el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte entre jóvenes de entre 12 y 29 años, con incrementos cercanos al 30% en algunos periodos desde 2019.

Respecto a la dimensión espiritual, Roche indica que alrededor del 61 % de los jóvenes no se identifica con ninguna religión, aunque aproximadamente un 33 % se considera espiritual. Sin embargo, matiza que en muchos casos se trata de una espiritualidad difusa, vinculada a prácticas diversas como el yoga, la meditación o intereses paranormales. “Tengo dudas de que esta espiritualidad sea suficiente para afrontar los problemas emocionales”, afirma. Además, insiste en que estas cuestiones no pueden entenderse únicamente desde lo individual: “Hay causas psicológicas, pero también sociológicas”, señala, apuntando a factores como la incertidumbre sobre el futuro, las desigualdades, las expectativas frustradas o la soledad no deseada.

Para Roche, las tendencias espirituales y musicales reflejan que los jóvenes buscan herramientas para dar sentido a su esfuerzo diario y a la sensación de que no todo está bajo su control.

Espiritualidad 'mainstream' en la cultura contemporánea

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Reportajes de J. Hernández, Mónica Ros, Lluis Pérez y Paloma Aguilar

Coordina Alfons Garcia

Fotografías de Francisco Calabuig y Agencias

Gráficos y diseño de Héctor Gimeno

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