Dossier CV
De la tradición a la búsqueda interior: de las romerías y ofrendas a la nueva espiritualidad
La transición de las formas tradicionales de religiosidad a nuevas creencias que no se identifican de manera exclusiva con las fes clásicas representa una evolución desde una religiosidad popular comunitaria y festiva hacia maneras de búsqueda interior más personalizadas

Lágrimas y sonrisas en la última ofrenda de Fallas en Gandia. / Perales Iborra
Paloma Aguilar
La transición de las romerías y ofrendas tradicionales a una nueva espiritualidad que no se identifica de manera exclusiva con ninguna de las tradiciones religiosas clásicas e institucionalizadas (cristianismo, judaísmo, islam, hinduismo, budismo o taoísmo) representa una evolución desde una religiosidad popular fuertemente comunitaria y festiva hacia formas de búsqueda interior más personalizadas, aunque sin abandonar del todo las raíces tradicionales.
Este tipo de eventos han dejado de ser solo actos de fe colectiva como sucedía en la Edad Media, cuando la ciudadanía peregrinaba a lugares de culto para pedir el fin de las pestes, las guerras o para rogar agua para las cosechas, para convertirse también en fenómenos de identidad local en detrimento de la religiosidad. En la historia más reciente algunos han derivado en espectáculos de masas que unen a toda la población independientemente de su ideología, raza, procedencia o estatus social. “Y a los que se suma la antropología como vivencia grupal y ritual”, según afirma, en este sentido, el filósofo y antropólogo Henri Bouché. Hoy en día, las romerías, ofrendas y procesiones son un elemento de tradición propia en las que, si bien permanece la espiritualidad y elementos de devoción, también operan como factor de cohesión interna como pueblo.
Hoy en día, las romerías, ofrendas y procesiones son un elemento de tradición propia en las que, si bien permanece la espiritualidad y elementos de devoción, también operan como factor de cohesión interna como pueblo
La Comunitat Valenciana no ha sido nunca ajena a estos fenómenos. Hay que destacar las romerías a la ermita de la Magdalena en Castelló que, si bien nació en el siglo XIV, se resignificó en el siglo XVIII para entrar a formar parte del storytelling de la fundación de la ciudad, y la romería de la Santa Faz de Alicante, que conmemora el milagro atribuido al lienzo de la Santa Faz, el cual supuestamente derramó una lágrima en 1489 (siglo XV) durante una rogativa por la sequía.

Romeros en la Santa Faz de Alicante / MATIAS SEGARRA
Las ofrendas a las vírgenes también forman parte de la cultura popular: la de Alicante a la Virgen de los Remedios data de 1941; la de la Virgen de los Desamparados en las Fallas de València se inició en 1945; y la de la Virgen del Lledó, patrona de Castelló, se celebra desde 1947.
El catedrático emérito de Sociología de la Universitat de València Antonio Ariño explica que estas manifestaciones religiosas "existían entre las comunidades judías de la época de los profetas e incluso antes; en Grecia y otras sociedades y culturas, y consistían en visitas individuales o colectivas a lugares sagrados donde se hacían ofrendas, se pedían favores a las fuerzas sagradas y otros tipos de prácticas”. La tendencia ha llegado a nuestra sociedad de una manera renovada después de una crisis vinculada al vaciamiento del mundo rural y de las civilizaciones campesinas así como a la secularización de las sociedades modernas.

Antonio Ariño. / Fernando Bustamante
En el mismo sentido se pronuncia Carles Rabassa, profesor titular de Historia Medieval de la Univesitat Jaume I (UJI), que recuerda que desde 1348 y hasta mediados del siglo XVIII las sucesivas oleadas de peste en el Occidente cristiano generan un clima de pánico y un gran impacto en las formas de religiosidad. “Es en ese momento cuando surgen las procesiones de flagelantes, desfiles en los que llueven papeles con mensajes de Dios o los grandes predicadores de masas”, destaca.
El historiador y sociólogo Gil-Manuel Hernández precisa que en la concepción de la persona en la Edad Media, la separación entre el mundo terrenal y el sobrenatural no existe, todo está impregnado de espiritualidad. Así, “esa división que hace el Occidente moderno entre la vida ordinaria y la religión o creencias espirituales, en la Edad Media no era así y hoy en día esas rogativas sacralizadas, esa subjetividad y creencia, no es igual y ha sido sustituida por la puesta en valor tanto turística como patrimonial y también experiencial”.
Ariño y Hernández coinciden en que, en la actualidad, estas romerías suelen tener una asistencia más numerosa que en el pasado, pero en ellas los actos religiosos centrales vinculados con el catolicismo no son los que mayor afluencia concitan. “Ello se debe a que vivimos en una sociedad poscristiana, donde lo más importante es el sentido de identidad colectiva, la participación comunitaria y la experiencia personal de participación”.
Por tanto, “hoy -señala Hernández Martí- tenemos esas manifestaciones que están bajo la égida de esa nueva religión civil que es el patrimonio cultural y se prestan a múltiples lecturas”.
"Todo cambia con la globalización y empieza a aparecer otro tipo de espiritualidad, más transversal, no ligada necesariamente a una creencia o un dogma", afirma Hernández Martí
A partir de los años 60 y 70 del siglo pasado, que es cuando se produce la eclosión de las espiritualidades de conexión entre lo oriental y lo occidental, se produce una mezcla moderna. “Todo cambia con la globalización y empieza a aparecer otro tipo de espiritualidad, más transversal, no ligada necesariamente a una creencia o un dogma y esto hace un efecto rebote en estas romerías tradicionales porque puede haber mucha gente que va a ellas desde una perspectiva (muchas transcurren por espacios naturales, bosques) de neoespiritualismo, de culto a la naturaleza”, continúa el historiador y sociólogo.
Por su parte, Ariño destaca que se ha puesto de moda en determinados ámbitos hablar de espiritualidad, “que no es más que una nueva forma de marketing, para vender nuevas experiencias".

Romeria a la ermita de la Magdalena de Castelló / KMY ROS
En las Fallas, Hogueras y en las fiestas de la Magdalena, no hay una única manera consensuada de vivir la fiesta, ni siquiera los actos más relacionados con la religión católica. Las sociedades modernas son plurales y sus formas de religiosidad son el resultado de mezclas e hibridaciones mediante elementos a veces escasamente consistentes desde una perspectiva católica.
Merlo: "Esta nueva espiritualidad comparte la importancia de la autonomía espiritual y tiende a prescindir de intermediarios entre uno mismo y lo sagrado"
Vicente Merlo es filósofo e indólogo especializado en hinduismo, budismo y yoga y defiende que la nueva espiritualidad parte de una crítica al dogmatismo y a las jerarquías de poder y, en ocasiones, también a rituales seguidos de manera ciega y sin comprensión. “Esta nueva espiritualidad comparte la importancia de la autonomía espiritual y tiende a prescindir de intermediarios entre uno mismo y lo sagrado, lo divino. Concede más importancia a la experiencia personal interior que a las creencias dogmáticas y suele considerar la meditación, en sus múltiples variantes, como una práctica destacada e importante, junto, en ocasiones, a la oración, la plegaria”. Merlo detalla que, en el mejor de los casos, pretende ser una espiritualidad integral, no de ‘huida-del-mundo'.

Ejercicio de yoga. / Levante-EMV
Por este motivo, las formas de expresión pueden ser muchas –asegura Merlo— al destacar, por una parte, las prácticas de interiorización, de recogimiento y autoconocimiento y, por otra, el diálogo espiritual, la danza, la música, que pueden enfocarse como prácticas sagradas, como ha sucedido siempre en las tradiciones religiosas.
Para este filósofo e indólogo, el objetivo es "saciar el anhelo de trascendencia y el descubrimiento de una dimensión inmortal en nosotros".
La práctica de esta nueva espiritualidad convive en la actualidad con el resto de religiones. “No creo que pueda hacer sombra a la religión porque esta es una opción y como tal la eligen los que se sienten atraídos por sus dogmas, sus tradiciones, su moralidad…", afirma el sacerdote Héctor Gozalbo. "No creo que una nueva espiritualidad pueda eclipsar a la religión porque son dos cuestiones, dos ideologías diferentes”, agrega. “La nueva espiritualidad es que tú vas bebiendo aquello que te interesa y no es una religión, es una espiritualidad que haces a tu medida. Son dos tipos de vivir la espiritualidad diferente”, sentencia.

Encuentro de religiones en València en 2016. / Efe / Manuel Bruque
De esta forma, la Iglesia es consciente de que hay muchas religiones, muchas espiritualidades y al igual que crecen carismas y movimientos dentro de la Iglesia que tienen que ver con la misma Iglesia, también van naciendo nuevos tipos de espiritualidades que se van apartando de la Iglesia. Al igual que se ha convivido durante muchos siglos con otras religiones, también se puede convivir con otras espiritualidades. “La Iglesia es ecuménica, comparte, está abierta al diálogo con otras religiones. ¿Por qué no puede estar también abierta al diálogo con nuevas espiritualidades, respetando unos a otros o favoreciendo aquello que nos une y que podemos poner en común?”, concluye Gozalbo.
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