Infraestructuras
Con nuevos muros para evitar barrancadas y mejor pendiente: así será el “nuevo” barranco del Poyo
Las obras de la Confederación Hidrográfica del Júcar, con un coste de 20 millones, están en su recta final y terminarán en junio

Obras en el barranco del Poyo / Francisco Calabuig

Ya hay fecha para la finalización de las obras de emergencia en el barranco del Poyo, la arteria por la que la barrancada del pasado 29 de octubre de 2024 arrasó los municipios de la zona cero de la dana. Los trabajos que lleva a cabo la Confederación Hidrográfica del Júcar terminarán, si todo va según lo previsto, en el mes de junio. Con el fin de las obras quedará inaugurado el “nuevo” barranco del Poyo: con más pendiente en su lecho para garantizar el flujo de agua y, sobre todo, con los márgenes reforzados, incluso con muros de escollera, para evitar que posibles nuevas riadas desemboquen en una catástrofe análoga a la de la dana.
En concreto, las obras se están haciendo en el tramo comprendido entre Picanya y la pista de Silla. Es un territorio de unos siete kilómetros de longitud, que abarca los municipios de Picanya, Paiporta, Massanassa y Catarroja. Las obras han costado a la demarcación casi 20 millones de euros.
Reforzar los márgenes contra nuevas avenidas
El mayor foco de las obras han sido los taludes, es decir, las pendientes que desembocan en las orillas del barranco. La idea era repararlos, reconstruir los que fueron arrasados y reforzar los más afectados por el episodio del 29-O. Pero, más allá de la reconstrucción, el objetivo de las obras es preparar el barranco frente a futuros episodios extremos quepuedan golpear el territorio con una fuerza similar a la de la dana.

Obras en el barranco del Poyo / Francisco Calabuig
Para evitar futuras nuevas catástrofes, en las márgenes del Poyo se han construido muros de escollera y geoceldas. Los primeros son estructuras hechas con piedras grandes o bloques de roca colocadas unas sobre otras que tienen como objetivo actuar como barrera para evitar el impacto del agua. Las segundas son unas estructuras en forma de panel de celdas, que se colocan sobre el terreno para sujetar la tierra y evitar que se deslice: unas rejillas rígidas fijadas al suelo con anclajes que mantienen el material en su sitio y evitan que el agua arrastre la tierra y los sedimentos, como ocurrió de forma masiva en la dana de 2024.
“El objetivo es reducir la rugosidad de los taludes, evitar que se puedan descarnar en futuras avenidas y, de esta manera, frenar el transporte de sedimentos en futuros episodios”, explican desde la CHJ.
Los nuevos muros de escollera permiten proteger mejor los núcleos urbanos de los cuatro municipios afectados por las obras. Con esa barrera, el agua circula de forma más ordenada lo que, a su vez, reduce la capacidad de erosión del entorno, así como de arrastre y transporte de sedimentos.
Además, las obras han permitido ampliar ligeramente el cauce en algunos puntos concretos. El agua tiene, de esta manera, más espacio para circular, y en episodios de lluvias intensas es más difícil que llegue a desbordarse.

Obras en el barranco del Poyo / Francisco Calabuig
Últimos pasos: aguas residuales, más pendiente y gestión de residuos
Pero las obras todavía no han terminado. La actuación sobre el barranco del Poyo continúa avanzando y todavía quedan varios tajos abiertos antes de darla por concluida. Cuando acabe la obra en los márgenes, será el momento de dar los últimos pasos antes de dar por acabada la actuación de emergencia.
Uno de esos últimos pasos tiene que ver con las aguas residuales. En este tema, la CHJ trabaja con la Entidad Pública de Saneamiento de Aguas Residuales de la Comunitat Valenciana (EPSAR) en las actuaciones sobre las acometidas de aguas residuales.
Cuando ese trabajo haya terminado, empezará la retirada de residuos, muchos de ellos generados por las propias obras. Los residuos han aplanado durante meses el cauce del barranco, así que el final de las obras pasará por el nivelado del lecho para mejorar su pendiente y tratar de que la cota de Picanya esté más elevada que la de Catarroja, de forma que se favorezca el desagüe del agua.
Para quitar del cauce esos residuos, la Confederación ha habilitado varias campas en el entorno del barranco para almacenar el material. Allí se llevará a cabo un proceso de cribado para separar los materiales aprovechables, como rocas y tierras, de los que deben ser gestionados como residuos, como plásticos o escombros. Los que puedan ser reutilizados, se incluirán en la propia obra, tanto en el relleno de los muros de escollera como en las mallas de geocelda de los taludes.
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