Educación
De la zona cero a la huelga de profesores: "Estamos en barracones y aún hay niños que lloran cuando llueve"
Dos maestras del CEIP Lluís Vives en Massanassa, arrasado por la dana, reivindican unas infraestructuras dignas: "Nos dijeron que el centro nuevo tardaría cinco años, pero aún no sabemos nada ni hay proyecto"

Manifestación de la huelga de profesores en València / Fernando Bustamante

El 24 de noviembre de 2024, un grupo de operarios trabajaban en el CEIP Lluis Vives de Massanassa para apuntalar la estructura que la dana del 29 de octubre había arrasado cuando parte de la estructura colapsó. El derrumbe de parte de un porche que conectaba los dos edificios de este centro de educación infantil y primaria culminó con un trabajador muerto y otro herido. El entonces conseller de Educación, José Antonio Rovira, aseguraba que la escuela no presentaba "riesgo de colapso" aunque estaba catalogado como nivel rojo, el más alto en la escala de daños de la barrancada.
El arrase del agua y el fango, el accidente mortal y la respuesta de la Conselleria -Rovira defendió que Carlos Mazón no acudiera al centro al conocer el suceso y añadió: "no hacíamos nada allí"- han convertido al Lluis Vives en un símbolo de resistencia. Y este martes, unos profesores, alumnos y familias tocados por la catástrofe pero con ganas de una normalidad que no llega se han unido a la marea docente que ha recorrido València como parte de la huelga de profesorado.
En aulas prefabricadas
Entre ellas, están Esperanza y Esperança, dos maestras que, cada una a un lado de la pancarta con el nombre del centro, han venido a decir que su día a día es de todo menos normal. "Estamos en aulas prefabricadas", comienzan. El centro se trasladó a barracones ubicados en el polideportivo de la localidad.
En agosto, diez largos meses desde que el centro fuera declarado en ruina tras los graves desperfectos ocasionados por el tsunami que provocó la dana del 29 de octubre, las excavadoras entraron en el CEIP para comenzar el derribo. Costó que el momento llegara: a partir del accidente, se perimetró la zona y se prohibió la entrada, lo que provocó una acumulación de barro, maleza y trastos, acompañado por las altas temperaturas, provocó problemas de insalubridad denunciadas por los vecinos y también por el propio consistorio, que reivindicó los trabajos de derribo en varias reuniones con Conselleria de Educación.
"Hay niños que me piden que cierre con llave cuando llueve"
"Hicimos el traslado en agosto para poder estar en las aulas prefabricadas en septiembre", explica Esperança. Su compañera recuerda que el curso, en esta escuela, empezó tres días más tarde de lo habitual por el retraso en el fin de las obras. "Acabaron rápido y mal", afirma Esperanza. En su aula, por ejemplo, este curso ha tenido que acometerse la segunda reparación del suelo, que no resiste el uso normal de una clase. Las manivelas de las puertas también "se rompen continuamente". Eso sí, visto lo ocurrido en otros aularios de la zona, agradece que al menos la climatización funciona. "No tenemos ni frío ni calor", añade.
Pero no es el mayor de los problemas a los que se enfrentan las maestras en las aulas. Cuando se le pregunta por lo que recuerda del accidente mortal de un trabajador en el centro en ruina, Esperança prefiere no acordarse. "Demasiado", zanja. Esperanza, por su parte, asegura que las cicatrices de la noche del 29 de octubre y el estado en que quedó el pueblo ni mucho menos se han cerrado. "Hay niños que cuando llueve me dicen: 'Espe, cierra con llave'". Otros, asegura, todavía lloran cuando llueve al escuchar un sonido que les recuerda a aquel episodio.
Sin noticias de la nueva escuela
A ambas maestras les preocupa, sobre todo, el futuro a corto plazo. Las prefabricadas se plantearon desde el principio como una solución temporal, pero temen que se consolide. "No sabemos hasta cuándo estaremos ahí, porque de la escuela nueva no sabemos nada, ni hay planos ni nada", afirma Esperança. Su compañera comparte su temor. "No ha llegado el proyecto; nos han dicho que tendríamos que esperar cinco años al nuevo centro, pero el curso se acaba y no tenemos ni el proyecto", lamenta.
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