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Olcina: "Las catástrofes climáticas hay que afrontarlas desde las aulas"

Un estudio urge a preparar a la comunidad escolar para enfrentarse a eventos extremos cada vez más frecuentes, como la trágica dana de Valencia

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Axel Álvarez

José A. Rico

Alicante

Afrontar las catástrofes climáticas desde las aulas. Un estudio en el que ha participado el climatólogo alicantino de la UA Jorge Olcina subraya la urgencia de preparar a la comunidad escolar para afrontar eventos como la trágica dana de Valencia. Unos episodios extremos que son cada vez más frecuentes y violentos como consecuencia del calentamiento global.

La baja presión aislada que azotó el 29 de octubre de 2024 Valencia «puso de manifiesto la imperiosa necesidad de promover la sensibilización y reforzar la educación sobre riesgos naturales, especialmente entre el alumnado en edad escolar», según recoge el informe.

Y, «en este contexto, la revisión del currículo escolar se vuelve esencial para garantizar que las futuras generaciones estén preparadas para afrontar los retos que plantea el cambio climático».

El documento ha contado con una visión multidisciplinar, siendo realizado por Álvaro-Francisco Morote, investigador del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales de la Facultad de Formación del Profesorado de la Universitat de València; Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional y director del Laboratorio de Climatología de la UA; y Alberto Alfonso-Torreño, del Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales, Lengua y Literatura de la Universidad de Extremadura.

Olcina ha destacado a ‘Información’ que «es necesario potenciar la educación en la ESO y el Bachillerato en riesgos climáticos», recordando que casos como «la dana de Valencia y otros peligros naturales que se desarrollan últimamente deben enseñarse en la escuela para formar a la ciudadanía».

Así, considera que «hay que afrontar las catástrofes climáticas desde las aulas para comprenderlas, anticiparlas y gestionarlas».

Por su parte, Morote ha explicado que, «aunque es cierto que el nuevo currículo escolar ha reforzado las cuestiones vinculadas con los riesgos naturales, cabe destacar que su tratamiento desde la Geografía no es nada nuevo. Incluso se tratan de saberes básicos que incorporan otras materias, pero se observa escasa integración entre ellas. Para su tratamiento en clase, todo dependerá de la formación del profesorado, los recursos y metodologías empleados, así como su originalidad para enseñarlo».

Por ello, los investigadores apuntan a que el currículo debe integrar de forma explícita y transversal contenidos sobre peligros naturales, cambio climático y resiliencia, revisando competencias y metodologías en todas las etapas educativas.

Estos expertos, en el estudio publicado hace unas semanas, han examinado cómo se incorpora el conocimiento relacionado con los riesgos naturales en los currículos oficiales de Educación Secundaria (de 12 a 16 años) y Bachillerato (de 16 a 19 años).

Y Morote ha apuntado que los resultados revelan una «presencia a menudo fragmentada de dichos contenidos, con predominio de enfoques descriptivos y escaso énfasis en la prevención o la reflexión crítica, concluyendo que la educación sobre riesgos debe ser transversal, contextualizada y transformadora».

Coexistencia

Los investigadores recuerdan que «el actual proceso de cambio climático, que intensifica los fenómenos atmosféricos extremos, ha puesto de manifiesto la complejidad de la coexistencia de las sociedades con los peligros naturales. Esta situación subraya la necesidad de educar a la población para que comprenda el nivel de riesgo en las zonas que habita y sepa cómo actuar en situaciones de emergencia».

Ambos expertos apuntan a que «las deficiencias curriculares actuales, así como las superposiciones existentes, representan una oportunidad para reforzar la alfabetización territorial y mejorar la resiliencia de los estudiantes».

El estudio señala que los riesgos naturales están incorporados de manera estable y continua en el currículo desde hace años, aunque con diferente intensidad según la etapa y la asignatura. Y advierte de que la educación en riesgos no depende solo de crear nuevas materias, sino precisamente de reforzar la aplicación real de estos contenidos ya existentes.

Por ello, reclama un enfoque interdisciplinar, y que «esta falta de transversalidad genuina y la limitada continuidad entre etapas persisten como debilidades estructurales». Los investigadores «revisan de forma sistemática cómo se tratan los riesgos naturales, como inundaciones, terremotos, incendios, sequías... en el currículo español de ESO y Bachillerato, examinando asignaturas como Geografía, Biología y Geología, Física y Química, Valores Éticos o Cultura Científica». De esta forma se evalúa la presencia de contenidos relacionados con comprensión de los fenómenos naturales, prevención y autoprotección, impacto social y territorial de los riesgos, cambio climático y sostenibilidad.

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