Dossier CV
España 2026: virreyes, reyes y césares
¿Es más tiempo de virreyes (barones autonómicos) que de reyes? La mayor visibilidad de los territorios y sus líderes en este peculiar ciclo electoral en comunidades poco pobladas es un hecho novedoso, pero se antoja producto de estrategias políticas marcadas desde Madrid. Esta dinámica contrasta además con una creciente concentración de poder, influencia y riqueza en el centro de España

Pedro Sánchez y Felipe VI, en la última conferencia de presidentes. / Efe

El punto de partida de este Dossier CV es el carrusel electoral de los últimos meses, que ha puesto la atención política (y mediática) sobre lo que podríamos denominar la tercera (o cuarta) España: territorios poco poblados como Extremadura, Castilla y León y Aragón se han hecho con una parte importante de la agenda pública. ¿Es la sorpresa del proceso autonómico iniciado con el ‘café para todos’ hace casi cincuenta años? ¿Es la evidencia de un avance federalista imparable? ¿Se trata de la pujanza de los barones? ¿Es este más tiempo de virreyes (poder territorial) que de reyes?
La última pregunta viene motivada también por un hecho reciente: la crítica sin subterfugios a la monarquía por parte de las derechas. Se ha visto con las declaraciones de Felipe VI sobre “los abusos” de la conquista en México.
Estos dos vértices pueden marcar una reflexión sobre el modelo de Estado, pero la mirada a la hora de valorar ese hipotético avance autonómico sería incompleta sin tener en cuenta dos fenómenos actuales que no son exclusivamente españoles: un fuerte presidencialismo (¿cesarismo?) y la superconcentración de riqueza en la capital del Estado, Madrid.
Sobre esos cuatro ejes proponemos una reflexión sobre el modelo de España y su realidad.
Virreyes
No hay dos Españas, la conservadora y la progresista. Existe una tercera, definida por un hecho identitario más o menos arraigado. La reflexión de arranque es del catedrático de Geografía Humana y miembro del comité editorial de Levante-EMV Joan Romero. En esta otra España hay diferencias. Hay territorios con una identidad ‘nacional’ indiscutible (Cataluña y Euskadi), otros con una identidad regional fuerte (Galicia, Canarias, Andalucía y la Comunitat Valenciana) y un tercer estadio con aquellos con una identidad débil, identificada sobre el mapa creado de forma pareja a la instauración de la democracia. La mirada del profesor ofrece un motor de inicio.

Joan Romero. / JM LOPEZ
Lo llamativo de los últimos meses es que esta España de identidad territorial débil es la que ha tomado el protagonismo político. ¿Anecdótico? ¿Casual? ¿Avance federal? “No me atrevo a una diagnosis definitiva”, afirma el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante y exconseller Manuel Alcaraz. Es un tiempo “más de dudas que de certezas” en un contexto de demolición de consensos. “¿Hacia dónde vamos?”, se pregunta. Tiene claro que el modelo de partida plasmado en 1978 es un estado cuasifederal en la práctica y en el que no se ha avanzado, lo que genera también “indefinición e incertezas”. El protagonismo de los barones, añade, no es nuevo: ya se ha dado, depende de los personajes en muchos casos.
“El asentamiento del estado autonómico es incuestionable, por mucho que Vox no quiera”
Ese brillo público “va más con las personas que con la comunidad”, añade el catedrático de Derecho Constitucional de la Universitat de València y expresidente del Consell Jurídic Vicente Garrido. Este “federalista en el armario”, como lo definió un discípulo, considera “incuestionable” el asentamiento del estado autonómico, “por mucho que Vox no quiera”. No ve falta tampoco de mecanismos de coordinación. Lo que no hay, matiza, es “voluntad política para el buen funcionamiento” de la conferencia de presidentes autonómicos y los distintos organismos sectoriales.
“Existe una dinámica general de afirmación jurídica estatal. Ante cada problema, el poder recentraliza”
Andrés Boix ofrece una mirada diferente. En su opinión, es tiempo de una “recentralización salvaje”. Pone el foco en lo jurídico, con un sesgo en los componentes del Tribunal Constitucional desde la época de Aznar que ha ido favoreciendo “una dinámica general de afirmación jurídica estatal”. “Ante cada problema, el poder recentraliza”. El ejemplo que utiliza es el de la vivienda, una competencia autonómica pero sobre la que el Constitucional autoriza una ley estatal, elaborada a su vez por un Gobierno de izquierdas, lo que daría muestra de la asimilación de este proceso, en su opinión.

Alba Nogueira / Levante-EMV
Alba Nogueira incide y coincide en este marco recentralizador. La catedrática de la Universidad de Santiago de Compostela cita vivienda también y añade cómo se centralizaron competencias con la covid y cómo ahora con el estatuto médico se está presionando al ministerio para que actúe sobre las condiciones y los salarios de los médicos cuando la sanidad es una facultad autonómica.
Boix sitúa en una lógica de poder este avance recentralizador: “Si la UE va captando competencias al estado, este rasca a las de abajo”. Simple mecanismo de defensa.
El profesor valenciano sí que considera una novedad el protagonismo en los últimos meses de comunidades habituadas a las sombras gracias a la activación de procesos electorales individuales, independizadas del régimen común que agrupaba las convocatorias autonómicas de las regiones no históricas. Era una posibilidad latente pero que no se había utilizado, comenta, por un pacto tácito entre PP y PSOE. Ahora ha sido el PP el que ha utilizado “un instrumento normal que estaba bloqueado” y que abre horizontes nuevos.
Nogueira precisa que se trata más de una cuestión estratégica que de un firme y meditado desarrollo territorial. Estas comunidades “son arietes para la visibilidad de un PP que no tiene el poder del Estado”. La contradicción, agrega, es que ese proceso se da al mismo tiempo que las mismas comunidades, incluidas muchas históricas, renuncian a ejercer competencias autonómicas y a exigir al Estado que no entre en ámbitos de su actuación.
A lo que se llega así sería a un espejismo de refuerzo autonómico (o federalista) en esa tensión constante con las instituciones del Estado.
Césares
Joan Romero plantea al hilo de este momento (ilusorio o no) de mayor visibilidad de los barones territoriales (virreyes) si realmente funcionan como peones o alfiles: más autónomos o más dependientes de una mano poderosa que impone sus leyes en el tablero.
Lo que sugiere es la imbricación de los barones en unas estructuras políticas que son hoy más presidencialistas. Al menos en el caso del PSOE, donde tras el trauma de 2016 y las primarias siguientes, las estructuras intermedias entre el secretario general y la militancia se han diluido en favor del poder del líder. En el PP no ha habido cambios.
“En momentos de crisis [encadenamos varias], el poder central avanza. ¿Es el periodo histórico o es el carácter de Pedro Sánchez?” Alcaraz deja la pregunta en el aire, así como si puede ser ejercicio táctico “sacrificar” comunidades a costa de sostener un PSOE fuerte y el poder estatal. En todo caso, pide no “autoengañarse”: ante la perspectiva (hipotética) de un Santiago Abascal ministro de la guerra, es difícil no ser hoy “pedrosanchista”.
La consecuencia de este contexto, en opinión de Garrido, es “un Estado de derecho debilitado, maltrecho”, por la “colonización de las instituciones públicas independientes” en busca de su control. Del Poder Judicial a los entes estatutarios valencianos, se refiere. “No funciona bien la separación de poderes. Hace falta una regeneración democrática”, señala.
En momentos de crisis, el poder central avanza. ¿Es el periodo histórico o es el carácter de Pedro Sánchez?
Andrés Boix sitúa el debate en “la crisis de la democracia”, con una tendencia “cesarista” y de hiperliderazgos que recorre Europa y el mundo. Y que conduce, sentencia, a una centralización de la discusión política. En el PP, Génova tiene la facultad de decidir las candidaturas autonómicas y locales. En el PSOE no era así, pero ha ido caminando hacia ese formato. “¿Es posible hoy un liderazgo autonómico en el socialismo que salga de las bases, no de Ferraz?”, se pregunta, porque ese modelo lleva a “batallitas en las provincias” dirigidas desde el centro.
Peones o alfiles, volviendo al principio. El rey (de la política) es cada vez más poderoso en la España de 2026.
Reyes
Por su parte, el monarca de verdad, el que está por encima, el jefe de Estado, atraviesa un tiempo delicado, herencia de las convulsiones en los años de la gran crisis, que coincidieron con las revelaciones sobre la acumulación de riqueza en torno a Juan Carlos I tras opacas operaciones económicas, sus escándalos de faldas y la cacería de elefantes en Botswana con una España arruinada y con los hombres de negro de Bruselas encima. En fin, todo lo que condujo a la abdicación en 2014.
Más de diez años después, con un monarca que ha impuesto todas las distancias con su antecesor (y padre), acabamos de comprobar cómo las derechas criticaban abiertamente a Felipe VI por referirse a “abusos” durante la conquista de América.

Felipe VI con el president de la Generalitat, Juan Francisco Pérez Llorca. / CASA DE S.M. EL REY
¿Tiempo de menos reyes? Boix no lo ve así: “El compromiso monárquico de Vox es incuestionable”. Las críticas serían casos puntuales. “Quizá ahora se dan con la voz más alta”, pero no son nuevas.
El profesor rechaza además meter a Vox en el saco de los antisistema. Más allá de la apariencia, como las ultraderechas europeas, “Vox es el partido más del sistema, más de las élites de toda la vida: los jueces, las fuerzas de seguridad y la monarquía, claro”, afirma.
Garrido considera que la corona goza de “una buena salud popular”. No la ve “débil” y observa a Felipe VI “bien considerado, distinto y escarmentado”. “La monarquía no es un problema hoy”, concluye y destaca que “esta, la actual, incluso es bien aceptada por referentes de la izquierda social”.
Los debates sobre monarquía y república, usuales tras la transición, se han ido apagando
La realidad es que los debates sobre monarquía y república, usuales en las primeras décadas tras la transición, se han ido apagando. Perdiendo foco.
Al margen de fricciones concretas, y del problema que suponen las periódicas apariciones del rey emérito, la lectura de Manuel Alcaraz es que la corona española, como las de otros países de Europa, “está en busca de su lugar” en este tiempo.
Conclusión: la corona en España permanece bastante bien, gracias, a pesar de tropiezos y apariencias.
Fenómeno Madrid
Volviendo al esquema territorial inicial que planteaba Joan Romero, la duda es dónde situar a Madrid entre las identidades nacionales y regionales. Va por otro carril, responde el catedrático. Estaría en eso que se ha etiquetado como distrito federal (DF), región global o megalópolis. Es un proceso que se da en otras capitales europeas y que da protagonismo a su vez a quien encarna el poder político en esos territorios.
La especificidad española, como señalaba en estas páginas el exconseller y catedrático de Economía Vicent Soler, es la consolidación de gobiernos de derechas en Madrid, algo que sucede en signo contrario en otras megalópolis, como París, Nueva York o Londres.
De esta manera, el crecimiento económico, que ha hecho que pase de estar por detrás de Barcelona en PIB a mitad del siglo XX a superarla en muchas décimas hoy, se ha ligado a un “liberalismo rampante”, en palabras de Manuel Alcaraz.
Y también a una concentración de poder. Económico, pero también administrativo, judicial y cultural. Es el efecto capitalidad, que el IVIE analizó en un extenso estudio y que fue uno de los pilares políticos de la presidencia de Ximo Puig en la Generalitat. “Los servicios de la Administración Central siguen concentrados en Madrid, contribuyendo a la aglomeración de actividad, buenos empleos y riqueza”, explica el director del IVIE, Francisco Pérez. Esa situación “acentúa las desigualdades territoriales”.

Francisco Pérez (IVIE) / ALEX DOMINGUEZ
Los servicios de la Administración Central siguen concentrados en Madrid, contribuyendo a la aglomeración de riqueza
¿Ejemplos? Que estén en la capital la mayoría de centros públicos de investigación y que el 80 % de los contratos de la Administración Central se decidan en Madrid y el 66 % se adjudique a empresas cuyos servicios centrales están allí. Son “decenas de miles de millones de euros que podrían aportar a una nivelación”, indica.
Pérez es realista. La concentración creciente de renta y riqueza en las últimas décadas responde a una dinámica que lideran el sector privado y los servicios avanzados, “pero el sector público central no frena esa tendencia desconcentrándose para impulsar otros polos de actividad”. ¿Podría? Sí, “si estuviera verdaderamente comprometido”.
Conclusión
A la pregunta inicial de si es más tiempo de virreyes que de reyes en el modelo de Estado actual, habría que apostillar que la mayor visibilidad de las autonomías y sus barones puede ser un espejismo producto de estrategias políticas mientras las dinámicas reales caminan hacia la concentración de poder, político y económico, en el centro de España. Y sin un cuestionamiento auténtico de una realeza que intenta encontrar una función por la vía de la dignificación.
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