Dossier CV
La corona bajo la lupa: una institución en el centro de la polarización
El debate sobre la neutralidad del rey vuelve al tablero político y mediático, y reabre la discusión sobre el modelo constitucional español

El rey Felipe VI, justo hace un año, con el pueblo tras asistir a la inhumación de los restos de Rafael Altamira en El Campello / Alex Domínguez
En un contexto de creciente polarización política y relectura constante de los símbolos del Estado, la monarquía vuelve a situarse en el centro del debate público. Las recientes intervenciones del rey Felipe VI en cuestiones de carácter histórico y geopolítico han reactivado una discusión de fondo sobre la naturaleza de la corona y su encaje en la democracia parlamentaria surgida de la Constitución de 1978. El debate adquiere nuevas formas en un escenario político fragmentado donde cualquier gesto puede ser interpretado en clave ideológica. Distintas voces ofrecen su lectura entre la defensa estricta del modelo constitucional, la crítica de su naturaleza histórica y la reflexión sobre su legitimidad social en el presente.
La alicantina Asunción Valdés, directora de comunicación de la Casa de Su Majestad el Rey entre 1993 y 2003, realiza una clara defensa del papel de Felipe VI y de la institución monárquica dentro del sistema constitucional. “Está desarrollando una monarquía impecable. Su comportamiento es ejemplar, está al servicio de la Constitución, de España y de los españoles”, afirma, subrayando el carácter institucional de la Corona por encima de cualquier lectura política.

Asunción Valdés fue directora de Comunicación de la Casa Real / Pilar Cortés
Todos los actos del rey están sometidos al refrendo del Ejecutivo, tal y como establece la Constitución
Para Valdés, que acompañó al actual monarca siendo Príncipe de Asturias en diversos viajes, entre ellos el primero oficial en España, precisamente a la Comunitat Valenciana, la clave del sistema está en la arquitectura constitucional que define las funciones del monarca dentro del marco del refrendo gubernamental. “El rey siempre se manifiesta y actúa refrendado por el Gobierno. Todos los actos del rey están sometidos al refrendo del Ejecutivo, tal y como establece la Constitución”, recuerda.
Desde esa perspectiva, descarta que las controversias recientes como las críticas de la ultraderecha a sus palabras sobre la conquista de América puedan interpretarse como un debilitamiento de la institución. Por el contrario, defiende su papel integrador en la España actual. “La monarquía del siglo XXI reside en la soberanía del pueblo a través del Parlamento. Es una institución que garantiza neutralidad y estabilidad”.
La reina Letizia y la princesa Leonor son consideradas símbolos de una mayor modernidad de la institución
Transparencia
Incluso en el plano de la transparencia, defiende la evolución del modelo hacia estándares democráticos avanzados. “Sabemos cuál es el patrimonio del rey. No hay opacidad”, sostiene, destacando la publicación de información en la web de la Casa Real y la integración del patrimonio inmueble en Patrimonio Nacional.
Valdés concluye que la monarquía actúa como un elemento de cohesión que trasciende la coyuntura política. “El rey representa la unidad de España y la continuidad del Estado”, y considera que la reina Letizia ha ayudado a su modernización. "Su papel en causas humanitarias, sociales y su acompañamiento constante al rey es fundamental y admirable”, destacando la proximidad de ambos al pueblo en momentos críticos como la pandemia, la dana o el accidente ferroviario de Adamuz.
Sobre la princesa Leonor apunta que "no hay más que ver el comportamiento ejemplar, valiente, abnegado, de la princesa en sus tres años de formación militar". Su presencia progresiva en actos oficiales responde a una lógica de continuidad del Estado que, a su juicio, refuerza la idea de “certidumbre a largo plazo” en un contexto político cambiante. Cree que representa "de maravilla" a los españoles a nivel internacional, siguiendo la vocación europeísta de su padre y abuelo.
Carácter no político
José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores (2011-2016) en el gobierno de Mariano Rajoy (PP), refuerza esta visión desde una lectura estrictamente constitucional del papel del jefe del Estado, insistiendo en su carácter no político. “El rey es un rey constitucional, tanto Juan Carlos I como Felipe VI”, señala, situando la institución dentro de la lógica parlamentaria española.
En su interpretación, el monarca no actúa con autonomía política, sino dentro de un marco definido por el Gobierno. “Las opiniones políticas que emite son posiciones siempre avaladas o impulsadas por el Ejecutivo. El rey no emite posiciones políticas propias”. Considera que su papel es estrictamente institucional y compara su función con otras monarquías europeas, como la británica, donde el discurso de apertura del Parlamento refleja la posición del Ejecutivo. García-Margallo descarta una mayor exposición política del monarca. “No tiene nada que ver con que esté menos protegido por los políticos. Cada Gobierno tiene sus posiciones y el rey actúa dentro de ese marco”.
Las opiniones políticas que emite el rey son posiciones siempre avaladas o impulsadas por el Ejecutivo. El rey no emite posiciones políticas propias

El exministro del PP José Manuel García-Margallo / Rafa Arjones
Sobre el uso del pasado histórico en el debate político como la polémica con México y la colonización, introduce una reflexión. “No se puede juzgar lo ocurrido en el siglo XV con categorías del siglo XXI”, apunta. Y argumenta que la colonización española estableció “un marco legal con las leyes de Burgos y de Valladolid que reconocían la dignidad de los indígenas”.
El exministro refuerza la dimensión estructural de la Corona dentro del Estado. “Es esencial para garantizar la unidad y la permanencia de la nación”, en un país descrito como “muy centrífugo y muy polarizado”, donde coincide con Valdés en que el rey actúa como elemento de cohesión y estabilidad del Estado, además de tener relevancia en las acciones de política exterior, “un activo que cualquier gobierno inteligente debería utilizar”.
Sobre la reina Letizia cree que "está haciendo muy bien su papel" pero recuerda el que jugó la reina Sofía, "fundamental en la estabilidad de la Corona” en momentos tan complicados como los que siguieron al golpe de estado del 23F.
Tensiones internas
Desde una perspectiva crítica, el conseller de Transparencia entre 2015 y 2019 con el Botànic Manuel Alcaraz (Compromís) introduce una lectura más problemática del modelo monárquico, centrada en sus tensiones internas y su evolución histórica dentro del sistema democrático. Alcaraz parte de su propia posición ideológica para contextualizar su análisis. “Soy republicano, aunque la monarquía no ha sido uno de los principales problemas de la arquitectura constitucional española”.
Uno de los ejes de su reflexión es la tensión entre ejemplaridad y legitimidad institucional. “El problema ha sido la interpretación de la Constitución como una forma de inmunidad excesiva del monarca en determinados momentos históricos. No puede haber ninguna persona en un estado democrático con inmunidad absoluta”, apunta el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante.

El exconseller Manuel Alcaraz, profesor de Derecho Constitucional en la UA / Alex Domínguez
El comportamiento del rey Juan Carlos estuvo a punto de destruir la institución por la distancia entre el mensaje de ejemplaridad pública y la realidad
También analiza el impacto del reinado anterior en la percepción actual de la corona. “El comportamiento del rey Juan Carlos estuvo a punto de erosionar gravemente, si no destruir, la institución por la distancia entre el mensaje de ejemplaridad pública dado durante años y su comportamiento real una vez se supo, sobre todo en materia fiscal; fue un choque demasiado enorme”. Le considera el "gran enemigo" de la institución.
En relación con Felipe VI, Alcaraz piensa que ha contribuido a estabilizar la institución en determinados momentos, no exentos de conflictos políticos de alta tensión. "Sus inicios fueron dudosos, especialmente en el conflicto catalán”, aunque “ha enderezado su papel con el tiempo” y cree que ha actuado de forma más equilibrada con los distintos gobiernos.
Sobre la reina Letizia, destaca una contribución positiva a la modernización de la Corona, aportando una “sensibilidad renovada” a la institución, más conectada con la sociedad actual.
En este sentido, sostiene que la Familia Real ha pasado por un proceso de reajuste y reposicionamiento en el sistema político, y que en la actualidad actúa más como “factor de equilibrio” que como elemento de tensión o contradicción. No obstante, recuerda que la popularidad de la Corona no se puede medir con datos objetivos pues el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) eliminó las encuestas sobre "una institución básica de la Constitución, que debería someterse, igual que el resto, a ese tipo de control de opinión".
Brecha generacional
Liberto Carratalá, profesor del departamento de Sociología I de la Universidad de Alicante y miembro de la Asociación Valenciana de Sociología, aporta una lectura centrada en la legitimidad social de la corona, entendida como un fenómeno dinámico que depende de la percepción ciudadana y de los cambios generacionales. Carratalá cree que los sondeos disponibles apuntan a una “estabilidad relativa del apoyo a la monarquía”, aunque con diferencias marcadas por edad, ideología y nivel de politización, con un respaldo más sólido entre los sectores de mayor edad, y una mayor distancia emocional entre los jóvenes.
La legitimidad de la monarquía depende en gran medida de su percepción de neutralidad, y cualquier gesto puede alterar esa imagen

El sociólogo Liberto Carratalá / INFORMACIÓN
Así, interpreta las intervenciones públicas del monarca en temas de actualidad en clave de adaptación institucional. “Podrían entenderse como un intento de reforzar la conexión de la corona con sectores sociales más jóvenes”, plantea. No obstante, advierte de los riesgos asociados a ese tipo de movimientos. “La legitimidad de la monarquía depende en gran medida de su percepción de neutralidad, y cualquier gesto puede alterar esa imagen”.
El sociólogo interpreta el incremento de la visibilidad pública de la Casa Real como una adaptación al ecosistema mediático actual, donde la legitimidad institucional se construye de forma más continua, expuesta y sujeta a interpretación pública. “Las nuevas generaciones no rechazan las instituciones, pero sí las someten a mayor exigencia de transparencia, explicación y rendición de cuentas”.
Transición
Virgilio Candela, profesor de Relaciones Institucionales en el Instituto Mediterráneo de Estudios de Protocolo (IMEP), adscrito a la Universidad Miguel Hernández, sitúa el debate en el origen histórico del modelo constitucional y en la naturaleza de consenso de la transición.
Para Candela, el papel del monarca está claramente delimitado por su carácter representativo. “Vivimos en una monarquía constitucional donde el rey es jefe del Estado, pero es una figura honorífica que no debe interceder en la vida política. Representa al pueblo español en actos oficiales y diplomáticos, y no debe intervenir en el debate cotidiano”, centrando su función en la representación exterior del Estado y en los actos institucionales.
Algunas intervenciones pueden responder a estrategias de visibilidad institucional de la Casa Real para reforzar su cercanía con la ciudadanía

Virgilio Candela / Antonio Amorós
Sobre las recientes controversias, su lectura es que pueden responder a estrategias de visibilidad institucional de la Casa Real para reforzar su cercanía con la ciudadanía. Sin embargo, advierte de los límites de esa exposición pública. “La legitimidad de la monarquía depende de su neutralidad institucional pero la polarización hace que cualquier declaración institucional sea utilizada en clave electoral por distintos actores políticos”.
El conjunto de estas voces dibuja un escenario complejo sobre la monarquía. Para unos, es un elemento esencial de cohesión del Estado; para otros, una institución cuya plena adaptación al siglo XXI sigue siendo objeto de debate.
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