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Dos miradas, un directo y todo un territorio: ‘Està Passant Comunitat Valenciana’, el debut en vivo con sello propio de María Domínguez y Rosa Porta

El nuevo magacín de À Punt se estrena entre nervios, complicidad y una promesa clara desde un decorado sin precedentes: contar lo que pasa, tanto aquí como fuera, sin perder el rigor ni la cercanía

‘Està Passant Comunitat Valenciana’ llega a À Punt este lunes 13 de abril

Redacción Levante-EMV

Stella López

Stella López

València

À Punt está de estreno. Este lunes 13 de abril llega un nuevo magacín para las tardes de la televisión autonómica: ‘Està Passant Comunitat Valenciana’, una apuesta diaria que, de lunes a viernes y de 17 a 19 horas, aspira a convertirse en esa ventana desde la que poder ver todo lo que ocurre dentro y fuera del territorio. Pero más allá de su innovador formato, de los directos y del impresionante despliegue técnico, hay dos nombres propios que sostienen el pulso del programa: María Domínguez y Rosa Porta. Dos profesionales que, a tan solo unos días del estreno, lo que transmiten es más que ilusión; es vértigo, responsabilidad y una conexión difícil de fingir.

Domínguez resume la clave casi sin filtros, justo como habla y es ella: naturalidad. «Estoy superilusionada, nerviosa y con muchas ganas de ponerme al frente de un espacio que, en esencia, lo que busca es dar voz a lo que está pasando». Porta completa la idea con otra capa, la del espectador que llega a casa por la tarde y quiere entender el mundo sin renunciar a desconectar un poco. «La gente necesita saber qué está pasando en nuestro territorio, pero también pasar una tarde agradable», concreta. Ya no se trata solo de actualidad pura y dura, sino de encontrar un equilibrio entre información, contexto y un tono más cercano, incluso con cabida para el humor.

Ese equilibrio es, precisamente, uno de los grandes retos del programa. Porque ‘Està Passant Comunitat Valenciana’ no quiere encasillarse en lo local, sino conectar lo que ocurre aquí con el resto del país y del mundo. Domínguez lo explica con claridad: «Vivimos en un mundo globalizado y lo que sucede al otro lado del planeta acaba teniendo impacto aquí». Asimismo, Porta insiste en esa idea desde el análisis: «No se trata de contar la actualidad nacional o internacional como algo aislado, sino de aterrizarla, de explicar cómo afecta, por ejemplo, a Castellón o a cualquier rincón cercano». «Todo está relacionado», recalca, y el programa quiere demostrarlo de forma accesible, directa y comprensible para todos los públicos.

Naturalidad y cercanía

Pero si algo tienen claro ambas es el tono. Nada de artificios innecesarios. «Se trata de contar las cosas de la manera más natural posible, alejándose de fórmulas enrevesadas», defiende Domínguez. En definitiva, «hablar como en casa de lo que pasa en nuestra finca, nuestro pueblo o el de al lado». Porta recoge esa máxima y la envuelve en una imagen potente: «Contamos, además, con un plató realmente espectacular, nunca antes visto en À Punt, pero muy alineado con esa proximidad. Las dos lo describen como una experiencia repleta de luces, amplitud, modernidad y un espacio que impresiona, pero cuya intención no es eclipsar lo importante: lo que se cuenta.

Y lo que se cuenta, en este caso, tendrá mucho de directo. El programa nace justo con esa vocación, la de estar donde pasan las cosas. Conexiones constantes, reporteros desplegados por las tres provincias valencianas y una red de colaboradores que permitirá cubrir también lo que ocurra fuera. «Si pasa algo en Córdoba que nos afecta, habrá un profesional contándolo en primera persona», destaca Domínguez. Por su parte, Porta añade que será un formato «muy vivo, pendiente de la última hora y capaz de cambiar el guion si la actualidad así lo exige». Porque aquí, si algo ocurre mientras el programa está en marcha, no hay margen para esperar: se tiene que contar en ese mismo instante.

Esta mezcla de inmediatez y servicio público conlleva su propio peso. Y se nota especialmente cuando hablan de responsabilidad. «Vamos a entrar en la casa de los espectadores cada tarde», expone Porta, consciente del reto que supone informar con rigor pero, al mismo tiempo, resultar ameno; mientras que Domínguez rompe un falso dilema: «El ritmo no está reñido con la seriedad. Se puede ser ágil, cercano y hasta entretenido sin perder la precisión ni el respeto por la información».

Todo ello, además, se desarrollará sobre el decorado sin precedentes. Tal como explican, son 200 metros cuadrados con un gran ciclorama envolvente de 34 metros de longitud, lo que genera una sensación de profundidad excepcional. Además, hay más de 200 puntos de luz led distribuidos por todo el espacio que son capaces de transformar los espacios en cuestión de segundos. Las pantallas panorámicas y las grandes estructuras de metacrilato aportan el volumen y la estética contemporánea que se buscaba con este nuevo magacín, pensado para hacer un directo versátil, dinámico y preparado para acompañar cada tarde a los espectadores.

Emociones a flor de piel

Si el formato tiene alma, no cabe duda de que gran parte reside en la relación que mantienen entre ellas. Domínguez y Porta se conocen desde hace una década y eso se percibe en cada respuesta que comparten. «En cuatro o cinco días ya nos habíamos captado la una a la otra. Y, ahora, tenemos gestos, miradas y silencios que mutuamente entendemos sin hablar», recuerda Domínguez. Porta lo define de forma sencilla con un «conectas sin saber por qué» y, a partir de ahí, todo lo demás fluye.

Ambas reconocen ser trabajadoras hasta la médula. Domínguez admira la meticulosidad de Porta, su necesidad de tener cada paso claro antes de dar el siguiente. Porta, en cambio, destaca la franqueza y la entrega de su compañera, esa forma de ir siempre hacia delante aunque ello suponga dejarse la piel. Son parecidas en lo esencial -el compromiso, la exigencia- y distintas en lo personal, algo que, lejos de restar, tienen claro que suma. «El empaste profesional es genial», sintetizan.

Además, esa complicidad también se convierte en una red de seguridad. Porque el directo no perdona. Fallos técnicos, imprevistos o días menos brillantes. Todo puede pasar. Y ahí entra lo que ellas llaman, casi con humor, «la maniobra de rescate». Ese saber que la otra está ahí, que si algo se tuerce, se sostendrán sin dudarlo. «Vamos de la mano y hacia delante», alega Domínguez.

En el momento de poner la mirada en la fecha del estreno, la emoción aflora. Porta habla de una oportunidad que le llega en un momento clave: su primer magacín diario como copresentadora, rodeada de un equipo al que quiere y del que ha aprendido mucho durante estos años. De hecho, le cuesta no emocionarse al pensar en la confianza depositada en ellas como imagen de la televisión pública valenciana, y en la fortuna que simboliza.

«Que el programa sea de la gente»

Domínguez lo vive desde otro lugar, casi vocacional, pues contar lo que pasa ha sido lo suyo desde la cuna, ya sea una noticia ligera o una más dura. «Es una oportunidad impagable», admite, imaginando ese segundo íntimo en el que, por el pinganillo, recibirá la primera orden de dirección en pleno directo. Porque detrás, insisten, hay un equipo enorme. Redacción, guion, realización, cámaras. Un elenco de profesionales que, según revelan, «se están dejando la piel» para que este lunes todo arranque como merece.

Y cuando se les pregunta por el futuro, por cómo les gustaría que se hablara del programa dentro de unos meses, no hablan de audiencias ni de cifras. Hablan de costumbres, de vínculos. Porta sueña con que la gente encienda la tele por la tarde casi sin pensarlo, como quien siente que un programa forma parte de su rutina y que verlo es regresar a casa. Domínguez va un paso más allá: le gustaría sentir que, al terminar cada emisión, la tranquilidad de haber hecho su trabajo con rigor y honestidad la abraza. En cuanto a las posibles críticas, ambas estarán abiertas a las que ayuden a mejorar, no a las que se limiten a actuar como ruido.

Quizá la imagen más clara de lo que buscan la da Porta: «Una vecina que, un día cualquiera, te pare en el supermercado para darte las gracias». Domínguez lo traduce en una idea sencilla, pero ambiciosa: «Que el programa sea de la gente. Que lo sientan suyo. Que lo elijan». Porque es ahí, entre la montaña de nervios e ilusión, entre el directo y la proximidad, donde todo está pasando: donde todo empieza.

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