Patrimonio
Las últimas barracas de l'Horta de València
El ingeniero de caminos e investigador valenciano Gonzalo Gómez Mataix publica un exhaustivo inventario de estas viviendas tradicionales
En menos de un siglo se han perdido casi 2.000 barracas de l'Horta. Solo queda medio centenar, habitadas unas y en ruina muchas otras

J.M. López
El ingeniero de caminos e investigador Gonzalo Gómez Mataix es el autor del que quizas sea el primer y más exhaustivo inventario de las barracas de l'Horta, donde documenta un total 250 de estas construcciones típicas de la huerta valenciana de las que apenas quedan en pie medio centenar. Pese a contar con protección genérica y ser un patrimonio histórico único, las barracas parecen hoy condenadas a desaparecer, muchas están en ruina y las menos aún habitadas.
Gómez Mataix ha dedicado ocho años a un trabajo detectivesco, buceando en archivos públicos, como el de la Biblioteca Valenciana, en colecciones particulares, librerías de viejo y tiendas de antigüedades, hasta inventariar esas 250 barracas, viviendas tradicionales con tejado a dos aguas construidas con técnicas y materiales sostenibles que hoy se estudian en las escuelas de arquitectura. Las barracas, aisladas o en grupos, simples, dobles e incluso triples que se conectaban con pasadizos, con techos vegetales, vigas de madera y muros maestros de barro, paja y cal, sombreadas por emparrados y porches, jalonaban los antiguos caminos que conectaban los pueblos de l’Horta desde Torrent a Catarroja, de Moncada a Picassent. A los lados del camí Real, del Grau y del Pouet, de Algirós, el camí Vell de Picassent, la carrera de Malilla o el camí del Salinar se sucedían grupos de barracas de muros encalados que hoy son solo un recuerdo.
Cartografía clave
El plano del Término Municipal de València (1929-1944), a escala 1:500, que el ayuntamiento encarga a la Dirección General del Instituto Geográfico y Catastral, ha sido clave como soporte topográfico de la investigación de Gómez Mataix. Se trata de una cartografía con gran nivel de detalle donde se señalan no solo las barracas, también los pozos, las norias, caminos, acequias e incluso el arbolado. El plano con 128 hojas excede el término municipal de València. Este plano catastral contabilizaba en toda la comarca de l’Horta más de 2.000 barracas. En un siglo se han perdido casi todas. Apenas quedan en pie 58, según el trabajo de campo realizado por Gómez Mataix.
Esta valiosa fuente cartográfica junto con los fondos fotográficos y postales que existen de las barracas, que durante una época fueron, por su atractivo visual, una de las temáticas predilectas de viajeros y fotógrafos como Laurent, Soulier o Lèvy, han permitido al investigador valenciano identificarlas, algunas en su exacta ubicación y otras aproximada.
«Cada barraca era distinta»
Pese a tener elementos comunes, las viviendas presentaban rasgos distintivos. «Cada barraca era diferente a las demás», afirma el investigador.
Gómez Mataix ha recopilado en estos ocho años de investigación gran cantidad de fotografías y postales antiguas, en blanco y negro y en color, que dejan ver la evolución constructiva de estas viviendas desde unas barracas arcaicas, más toscas y de menor altura hasta la barraca moderna. Las imágenes recopiladas reflejan la vida cotidiana, las fiestas y hasta eventos políticos como una convención de republicanos celebrada en una barraca de El Palmar, uno de los pueblos del sur donde aún se conservan algunas de estas construcciones, más o menos transformadas. El paisaje de barracas era importante en los años 30 en los pueblos del sur hasta el punto de contar con calles formadas enteramente por estas construcciones. En El Palmar las barracas tenían un rasgo diferenciador: una fachada trasera (culata)redondeada, que serviría para atenuar el viento de poniente. Gómez Mataix destaca la belleza y armonía de los conjuntos que formaban estas construcciones de adobe y techos de paja que hoy se ha perdido por completo.
En los años 60 y 70 del siglo pasado se conservaba todavía un importante número de barracas, que fueron desapareciendo a ritmo acelerado con la construcción del plan sur (Nuevo Cauce), inaugurado en 1969, con la expansión, más tarde, de las universidades en la huerta de Vera, donde se llevó a cabo una demolición generalizada sin considerar siquiera la posibilidad de conservar una parte representativa del conjunto, y con el crecimiento desordenado, en suma, de las ciudades. Entre los años 70 y 80 se inició el camino de no retorno de destrucción de las barracas. Alboraia es uno de los últimos reductos en l’Horta Nord. También allí, Gómez Mataix ha constado que se conservan algunas de estas construcciones. En Carpesa, Gómez Mataix encontró una de las pocas barracas habitadas. Su dueño, ya octogenario, recordaba que en la época de esplendor de la barraca, hasta bien entrado el siglo XX, había un oficio, ya perdido, que era el de poner y renovar los tejados de la barraca, que se construían con cañizo y se cubrían con garbas de «borró» o juncos, una planta que crece en zonas húmedas. El oficio se perdió cuando las techumbres empezaron a cambiarse por otros materiales industriales más fáciles de mantener, como la uralita (ahora denostada por ser muy contaminante). En países como Inglaterra, en cambio, sigue existiendo este oficio al conservarse en muchas regiones rurales la arquitectura tradicional y la técnica de los techos vegetales.
Reclamo turístico en otros países
Uno de los detalles que llama la atención en las imágenes recopiladas por Gómez Mataix es el paisaje de la huerta que describen, bastante distinto del actual. Es llamativa la gran cantidad de arbolado de ribera, de gran porte, que envolvía y sombreaba las barracas propiciado por los cauces de las numerosas acequias que surcaban, al descubierto, la huerta y a cuyos márgenes crecían las moreras y otras especies arbóreas, curiosamente, pocas palmeras y pinos.
Gómez Mataix , que ha costeado de su propio bolsillo la edición del libro de las barracas, asegura que ha tocado a la puerta de distintas administraciones desde la Diputación de València al consistorio del Cap i Casal, para financiar la publicación. Sin éxito. «No hay interés por la memoria», concluye. «El desprecio por lo propio perdura», lamenta.
La memoria del trabajo de investigación de Gómez Mataix, ilustrada con una amplia selección de fotografías, fue publicada en 2016 en la Revista Valenciana de Etnología, editada por el Museu Valencià de Etnología. La intención del autor es poner a la venta una tirada corta su «Atlas de la Barraca» de l’Horta de València en Paris Valencia y Patagonia.
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