Regularización extraordinaria
Un mensaje al futuro desde la regularización postdana: "A los que empiecen ahora el proceso les diría que no tengan miedo"
Gabriela, Paola y Carlos, que proceden de Bolivia y Ecuador, se acogieron al proceso después de la riada: "Nos ha cambiado la vida"

Celeste Martínez

Gabriela anuncia sus cursos y firma sus libros con su nombre completo, nombre y dos apellidos, y lo hace con orgullo. La regularización extraordinaria que le dio papeles tras la dana también ha reforzado su identidad. “Te das cuenta que tu vida cambia porque ya empiezas a poner tu nombre propio, empiezas a usar tu nombre propio para poder sumar y te das cuenta de que eres una persona que aporta al país que la acoge”, asegura. Esta boliviana afincada en Torrent, autora y coach, con una madre que resistió la avenida de agua del 29 de octubre de 2024 en la muy castigada Chiva, dice que ha encontrado su sitio.
Hay varias cosas que Gabriela Herrera tiene claras. La primera, que migrar “no siempre es una decisión”. En su caso, por ejemplo, no lo fue: vino a España para un evento y, estando aquí, secuestraron al gobernador de su ciudad y esta entró en un “paro total”. “No había aviones ni forma de viajar y, en esas, la visa caducó”, explica. Así que tuvo que quedarse siendo una migrante sin papeles.
Pero también tiene claras otras cosas. Como que quienes se acojan ahora a la regularización extraordinaria de la situación administrativa -regularización verán cómo les cambia la vida. Como le ocurrió a ella, que había iniciado ya los trámites para conseguir la residencia cuando el proceso postdana le dio una nueva vida y le quitó el miedo.
“No tener papeles no es un delito, es un periodo que se acaba”
“A todos mis compañeros migrantes les digo que dejen de tener miedo, que no tener documentación no es un delito, es un periodo que se acaba cuando empiezas a tramitarla”, dice. Ha visto personas que llegan “con muy poca información, con mucho miedo, con baja autoestima”. Así que lo que les diría a quienes vayan a iniciar ahora los trámites es “que simplemente busquen las instituciones, que busquen las personas adecuadas, que no se queden callados ni se queden metidos con miedo, que es un proceso que se acaba, no es una realidad constante”.
Para ella, ese proceso ha acabado y, con su fin, ha empezado una nueva vida, la tercera de las vidas de Gabriela. Primero vino el covid que se llevó a su marido, luego una nueva vida forzosa en la Comunitat Valenciana y, ahora, una nueva era con papeles.

Gabriela Herrera en Torrent / Francisco Calabuig
Ahora, Gabriela puede hacer algo que le hacía ilusión: pagar la cuota de autónomos. “Al final cuando pagas un impuesto, es el mejor momento de tu vida. ¿Por qué? Porque no solamente sientes que eres tú, sino también que estás aportando y que estás en un camino de progreso”, dice. La situación irregular anterior le impedía cobrar por su trabajo: aunque llevaba 14 años de carrera como coach y en el terreno de la “gestión emocional”, solo podía dar cursos gratuitos -como voluntaria- en Cáritas. Ahora, muestra con orgullo su página web, donde oferta talleres y vende sus libros. Son cinco: dos libros de cuentos infantiles y tres novelas en las que, entre otras cosas, habla de su propia historia de “resiliencia”. “Yo creo que ser legal en un país es a lo que todos debemos llegar”, resume.
“Casi nos quedamos en la calle”
Para Paola y Carlos, ecuatorianos, su casa de Castellar-L'Oliveral empieza ahora, un año y medio después, a parecerse a lo que fue antes del 29 de octubre del 2024, pero todavía no del todo. Ha tenido que pasar un año y medio para que se hayan podido permitir recuperar algunas de las cosas que perdieron: muebles, equipamientos, ropa de cama. “En ese momento llevábamos sólo un año y algo en Castellar-L’Oliveral, habíamos comprado nuestras cositas y casi nos quedamos en la calle”, rememora Paola.
La dana arrasó con todo, también con su vida como la conocían hasta ese momento, pero también les dio un balón de oxígeno en forma de regularización extraordinaria. “Fue una tragedia que todos los valencianos pasamos, pero los migrantes no teníamos ayuda ni los recursos en ese momento”, afirma. Después de la dana, salieron adelante gracias a la ayuda desinteresada de vecinos: “estoy muy agradecida a todas esas personas que me ayudaron en su momento con ropita con cobijas, y a la asociación, que nos llegó porque somos conocidos del padrecito”. Una recomendación del cura de esta pedanía de València fue la que le cambió la vida.

En el centro, Paola y Carlos con sus hijos en una celebración familiar / Redacción Levante
También a Carlos, que antes de tener la documentación trabajaba de mantenimiento y cogía encargos por medio de una aplicación, por la que cobraba también en negro. “Tenía trabajitos, sí, pero me alegraba cuando llegaban 400 euros al mes”, recuerda. Era eso o irse de albañil. “Pero mi cuerpo no lo aguanta”, dice. Ahora trabaja en un centro de rehabilitación social. “El sueldo no es alto pero gracias a la regularización tengo mi contrato, con mis días libres, mi horario de lunes a viernes”, dice.
Su casa fue afectada por la dana pero no pueden cambiar de vivienda porque, en su búsqueda, se han topado con “mucha gente que se aprovecha del dolor ajeno” y les ha pedido alquileres imposibles. “Cuando nos podamos recuperar, buscaremos una vivienda más alta, porque en la dana nos tuvimos que subir al tejado y seguimos viviendo con miedo a que vuelva a pasar”, asegura Paola.
Preocupación por el requisito del empleo
La intranquilidad se respira entre la población inmigrante de Castellón en situación irregular a la hora de cumplir y poder acreditar con documentación los requisitos necesarios para acceder a su regularización, ahora que ya se conocen al detalle. Entidades sociales como Cáritas, que se están preparando con su equipo jurídico para ayudar, detectan «angustia» entre los potenciales beneficairios. Asimismo, letrados de Castellón coinciden en la preocupación que genera, sobre todo, el factor del empleo. La presidenta de la asociación latinoamericana Aslamec en Castellón y jurista, Aura Apráez, reflexiona que «si se pide que el solicitante tenga trabajo o haya trabajado, ¿cómo se entiende? Porque si tú no tienes permiso laboral normalmente no puedes, quizás solo casos en que has tenido la residencia y por lo que sea la ha perdido. O que tengan precontrato o una oferta. Pero es difícil de partida, por eso hay quien lleva cuatro o cinco años y no obtiene permisos». Y añade: «Y luego, sobre el informe de vulnerabilidad, se entiende que cualquiera en situación irregular sin empleo es vulnerable". En lo que respecta a emitir ese informe solo entidades colaboradoras y ayuntamientos, a través de Servicios Sociales, pueden validarlo.
Otro eje es el de los certificados para probar la convivencia con hijos menores o ya mayores dependientes con discapacidad. Y por último, el necesario informe de vulnerabilidad. «Preocupa que pueda demorarse la aprobación y por otro lado que aún no se conoce el contenido del formulario, que el Ministerio anuncia que colgará próximamente en su web -y que luego debe rellenarse y presentar para su tramitación-», indica el portavoz de Extranjería del Colegio de Abogados, David Barrachina.
Asimismo, hoy se podrán presentar las primeras solicitudes por la vía telemática, que arranca hoy, y temen que se bloquee la app en previsión de avalancha, como ya ocurre por ejemplo, con webs de consulados -como el de Colombia, con amplia población residente en la provincia-. A estos organismos se solicitan los certificados de penales que, por cierto, recuerda Albert Fernández, del sindicato CCOO, deben conseguirse «del país de origen pero también de otro en el que se haya residido en el tiempo requerido». Y añade que muchos migrantes están tratando de recopilar todo tipo de documentos para probar su residencia.
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