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Tejer redes ante la soledad: así es el apoyo de Xaloc Russafa capaz de transformar vulnerabilidad en fuerza compartida

Con ayuda de la Fundación «la Caixa», la asociación desarrolla un programa de intervención social que impulsa la alfabetización, la autonomía personal y el acceso a derechos básicos

Algunas de las participantes del programa durante una de las salidas pensadas para crear comunidad y tejer lazos.

Algunas de las participantes del programa durante una de las salidas pensadas para crear comunidad y tejer lazos. / Asociación Xaloc Russafa

Stella López

Stella López

València

Existen lugares que, aunque pueden pasar desapercibidos en la inmediatez que empaña el día a día, son capaces de sostener vidas enteras. Nacida en un barrio inmerso en la transformación, la Asociación Xaloc Russafa, cuya labor de acompañamiento se extiende por zonas próximas a Monteolivete y Quatre Carreres, es uno de ellos.

Su programa «Garantía de derechos y acción social: Intervención con familias en situación de vulnerabilidad», impulsado por la Fundación «la Caixa», actúa como una red invisible que, desde múltiples frentes, sostiene a familias enteras en momentos de fragilidad. Un espacio donde aprender a leer, a escribir, a enviar un correo electrónico o a pedir una cita médica no son gestos pequeños, sino pasos decisivos hacia la autonomía.

María Hospitaler, trabajadora social del proyecto, explica que trabajan con núcleos en situaciones de dificultad -ya sea por problemas económicos, culturales o sociales- que no dominan el idioma, no conocen sus derechos y no se sienten capaces de gestionar trámites que hoy pasan, casi siempre, por una pantalla.

En este contexto, revela que la mayoría de las mujeres que llegan lo hacen desde la soledad. Son madres -muchas veces migrantes- que han sostenido la vida familiar sin herramientas suficientes para participar plenamente en la sociedad que las rodea. Por ello, la intervención no es la única acción, sino un tejido de apoyos que se van entrelazando.

La alfabetización es uno de los pilares fundamentales del proyecto. Aprender a leer, escribir o expresarse en el idioma del entorno no es solo una herramienta básica, sino una puerta de entrada a la vida cotidiana. Un aprendizaje al que se suma la enseñanza digital, cada vez más imprescindible y necesaria para abrirse camino, y la intervención familiar.

Sentirse escuchadas

«Hacemos un diagnóstico y vemos cómo podemos acompañarlas en sus procesos», relata la trabajadora social. En la práctica, esto se traduce en visitas a domicilio, seguimiento cercano y una norma no escrita que define todo el programa: la confianza. «Nos gusta decir que Xaloc es casa. Nuestras puertas están abiertas y atendemos a cualquier persona que venga», confiesa Hospitaler.

Las sesiones grupales también juegan un papel clave. Allí se abordan temas como prestaciones, ayudas públicas, becas o derechos sociales que muchas familias desconocen y que pueden cambiar radicalmente su manera de afrontar la situación. Pero más allá de lo individual, el proyecto también busca reconstruir lo colectivo mediante actividades de ocio, salidas culturales y espacios de encuentro. «Lo que intentamos es que creen redes, que no estén solas». Y ese tejido de relaciones que no solo acompañan, sino que sostienen, para Hospitaler es uno de los cambios más profundos.

En esta línea, poder contar con el apoyo de la Fundación «la Caixa», además de conseguir que el programa año tras año tenga continuidad, les permite hacer prevención y adaptarse a lo que ven para dar respuestas concretas a necesidades reales antes de que la vulnerabilidad sea irreversible. «Si todo está cubierto, la comunidad funciona», resume la trabajadora social. Una frase que condensa una idea que atraviesa todo el proyecto: la importancia de lo básico para poder construir algo más grande.

«Lo más importante es que se sientan escuchadas. Que alguien quiera entender lo que les pasa», concluye María. Porque, en ocasiones, los cambios no llegan con grandes gestos. Llegan cuando una mujer que no se atrevía a hablar en una administración lo hace por primera vez. O cuando una madre consigue ir sola a una tutoría escolar. O cuando una familia deja de sentir que está al margen para volver a confiar, dejando de sobrevivir y empezando a vivir.

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