Dossier CV
Alicante, lejos de Xàtiva: el territorio que no mantuvo una posición unánime en la Guerra de Sucesión
No hubo un posicionamiento común en la actual provincia en el conflicto dinástico de principios del siglo XVIII, ni siquiera en el interior de las localidades, y la batalla no dejó el poso identitario tan visible que se hace notar aún en otros lugares del antiguo Reino de Valenciana

Plano de Tindal-Rapin que describe el trazado urbano de Alicante y la ubicación de sus sistemas defensivos durante el asedio en la Guerra de Sucesión / INFORMACIÓN
Manuel Lillo
“Alacant queda molt lluny!”, exclamó en su momento el ensayista Joan Fuster para subrayar el distanciamiento mental de la capital provincial hacia el Cap i Casal. Esta idea, en la que insistió mucho el escritor a lo largo de su trayectoria, se hace visible en la memoria histórica generada tras la Guerra de Sucesión, tan presente en València y en localidades cercanas, como Xàtiva; y bastante menos recordada en Alicante y en sus alrededores, pese a que también tuvo consecuencias. Aunque diferentes.
Si Xàtiva fue incendiada y castigada como advertencia por parte del nuevo monarca, Felipe V, ante las localidades que no le guardaran fidelidad incondicional, en la actual provincia de Alicante la represión existió, pero sin adquirir un simbolismo equiparable. Los fusilamientos “masivos” de Alcoi, que tomó partido por los Austria, podrían ser el ejemplo más drástico, pero no comparable al caso de la capital de la Costera, según el estudioso Josep Lluís Santonja.
El caso es que en este conflicto, en el que se enfrentaron dos monarquías con dos modelos políticos diferentes, no hubo un posicionamiento común en la provincia. De hecho, la geografía es contradictoria en este aspecto. Si Alcoi y Cocentaina fueron austracistas y castigadas, la colindante Foia de Castalla fue borbónica por “cuestiones políticas” debido a la posición de su señor.
La complejidad de la toma de posiciones se explica a través de distintos casos. Dénia, por ejemplo, pasó a la historia por la irrupción del general Joan Baptista Basset, quien convenció al archiduque Carlos de Austria para desembarcar en la Marina Alta y reclutar un ejército de civiles que acabó forzando la huida del gobernador, Pascual de Perellós, identificado con los borbones. Dénia, tal como recuerda la archivera Rosa Seser, fue la penúltima ciudad valenciana en rendirse a los vencedores.

El archiduque Carlos de Austria. / JOSE ALEIXANDRE
La que más resistió fue Alicante, después de que los ingleses, partidarios del archiduque en este conflicto de dimensión internacional –cabe recordar que los borbones procedían de Francia y que el resto de países de la época ofrecían apoyos a un bando o a otro para contrarrestar el poder de las naciones adversarias–, protegieran el castillo de Santa Bárbara, que cayó en 1709, después de la toma de la propia ciudad. Alicante, a su vez, recelaba de los franceses debido al bombardeo de 1691, entonces reciente y provocado para mermar su capacidad comercial portuaria a través de una exhibición de fuerza militar.
Sin embargo, la posición de Alicante no supuso un castigo equiparable al sufrido en otros lugares, apunta Carmen Irles, profesora titular de Historia Moderna en la Universidad de Alicante. Posteriormente, además, “Alicante prosperó mucho bajo el reinado de Felipe V: la economía y la población se dinamizaron tras el fin de la segunda década”. Un devenir que contribuyó a compensar la herida histórica de la pérdida foral.
La misma académica sitúa otro caso como ejemplo de la complejidad del conflicto en el sur de la actual Comunitat Valenciana. “La apuesta de Orihuela por Carlos de Austria tiene parte de su origen en su rivalidad con Murcia, ciudad castellana y borbónica”, recuerda, mientras que también cita capítulos como el de la recompensa de Xixona, “que pasó de ser villa a ciudad siendo un pueblo muy pequeño y acabó siendo sede de corregimiento” tras su apoyo a los borbones.
Más casos
Si se observan los acontecimientos históricos con lupa las contradicciones aparentes se siguen ampliando. En la Marina Baixa, recuerda Agustí Galiana, presidente de la Asociación de Estudios de la comarca, “Polop y Benidorm tenían una señora castellana y fueron partidarios de los borbones, mientras que en otros lugares, sobre todo en Altea y La Vila Joiosa, apostaron por los austrias”. Esto estaba ligado, entre otras razones, a que “holandeses e ingleses, partidarios del archiduque, gozaban de un dominio marítimo que les permitía reclutar a vecinos”.
En Elx también "es difícil calificar a la ciudad de partidaria de uno u otro bando", dice el investigador Joaquim Serrano, quien constata que incluso había "familias divididas". El apoyo dependía de factores a menudo también cruzados, como el respeto al régimen foral tradicional —con un municipio muy protector de las actividades económicas— o el impulso a la agricultura de exportación por Alicante, enclave portuario que rivalizaba con los intereses mercantiles de Francia, detalla esta voz.

Retrato boca abajo de Felipe V, tal como se exhibe en Xàtiva. / LEVANTE-EMV
Otra división constatada es la de Elda. El historiador Israel Castillo explica que “la población era borbónica y la oligarquía austracista, cuando lo normal era lo contrario”, y que el posicionamiento de las clases dominantes se debió a “una cuestión de previsiones al calcular que el archiduque podía salir vencedor del conflicto”.
Más singular es el caso de Villena y Sax, que pertenecían al Reino de Murcia, integrado en la corona castellana, y que no se incorporaron a la provincia de Alicante hasta 1836, tres años después de la división territorial establecida por Javier de Burgos, que desde entonces se mantiene prácticamente intacta en toda España. Laura Hernández, directora del Museo de Villena, vincula el apoyo a los borbones en su ciudad por su “tradición castellana”. El cronista de Sax, Vicente Vázquez, subraya las luchas militares en la zona, “sobre todo contra ingleses y portugueses, que eran el grueso de las que participaron en la Batalla de Almansa”, que finalizó el 25 de abril de 1707 y cuyo desenlace desembocó en la victoria borbónica, consolidada años después con la toma de Alicante y con la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 y que tendría como desenlace la derogación foral y la asimilación de estos territorios a las instituciones castellanas.
Un capítulo lejano
Estos posicionamientos tan distintos y entrecruzados, sumados al desarrollo económico posterior de algunos de los territorios vencidos y a una represión existente, pero no tan simbólica como la desplegada en Xàtiva, donde incluso fue cambiado el nombre de la población por el de Colonia de San Felipe en honor al monarca vencedor, han impedido que la memoria sobre el episodio de hace más de 300 años sea tan firme como en otros lugares del antiguo Reino. Alcoi representa una excepción, dado que cada mes de enero recuerda la caída tras ejercer la resistencia.
Según los historiadores consultados, el distanciamiento histórico hacia València por parte de algunos territorios como Alicante u Orihuela no tiene tanto su origen en la Guerra de Sucesión o en otros episodios históricos como en una cuestión estrictamente identitaria canalizada, habitualmente, a través de factores como la lengua. De hecho, si las razones fueran históricas, la lengua sería un motivo de cercanía, dada su presencia en los archivos de ciudades como Elda, Aspe u Orihuela, donde se constata la presencia del valenciano hasta aquella época; o en Alicante, donde el idioma permanece en símbolos tan relevantes como los dos himnos principales: el de la ciudad y el de las Hogueras de San Juan, además de seguir siendo cooficial.
Que Felipe V desaparezca de la provincia de Alicante
La Associació de Juristes Valencians, que entre otros objetivos trabaja por la recuperación del Derecho Civil derogado tras la Batalla de Almansa, lleva promoviendo desde hace meses una iniciativa en tres localidades de la provincia de Alicante. Consiste en la retirada del nombre de Felipe V de las calles de Banyeres, Crevillent y Petrer.
En el primer caso la propuesta ha funcionado. El ayuntamiento, con la alcaldía en manos de Compromís, aprobó el cambio para denominar la calle con el nombre de País Valencià, hecho que generó cierta contestación entre los vecinos. Desde Crevillent, donde gobierna el PP, el consistorio "no ha mostrado interés" en el planteamiento, detalla José Ramón Chirivella, presidente de la entidad. En Petrer, la asociación está a la espera de respuesta del gobierno municipal.
Según Chirivella, la propuesta responde a una cuestión simbólica. "En un año en el que conmemoramos el aniversario de Jaume I", de quien se cumplen 750 años de su fallecimiento, "no se puede mantener el legado histórico del rey que acabó con las leyes propias del antiguo Reino de Valencia", argumenta.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Conselleria de Educación deja fuera de la propuesta a los sindicatos el aumento salarial y los convoca de nuevo el lunes
- Más de 1.200 miembros de direcciones de centros se plantean dimitir en bloque en apoyo a la huelga
- Sigue la última hora de huelga indefinida de los profesores en la Comunitat Valenciana: piquetes informativos y manifestaciones
- Cientos de profesores se plantean poner un 10 general en 2º de Bachillerato frente a las críticas del Consell
- La manifestación de docentes desborda València y los sindicatos cifran el seguimiento alrededor del 90%
- El PPCV rebaja el tono frente a la huelga educativa tras el éxito de las movilizaciones y la inquietud de sus alcaldes
- Fuertes lluvias en València: en qué pueblos ha llovido más
- La consellera de Educación dice que llevará a la mesa el lunes una propuesta salarial 'en función de las posibilidades que hay