Fernando González (Bioparc): “Conservar también es aprender a mirar”
La Fundación BIOPARC impulsa más de 30 proyectos de conservación en todo el mundo, combinando ciencia, educación y cultura para “romper con la indiferencia” hacia la naturaleza

Fernando González Sitges, director ejecutivo de la Fundación Bioparc. / ED

La Fundación BIOPARC habla de “romper con la indiferencia”. ¿Cuál es su misión y cómo ha evolucionado?
La misión de Fundación BIOPARC parte de una idea muy clara: el mayor enemigo de la conservación es la indiferencia. No basta con conocer los problemas ambientales; es necesario sentirlos. Por eso entendemos la conservación también como un ejercicio cultural y humanista, en el que el arte actúa como vehículo para generar emoción y conectar con las personas.
Trabajamos sobre un concepto que nos define: la naturaleza como un lienzo infinito y mutante. Un espacio vivo que no solo se estudia, sino que se contempla. En esa contemplación, cuando nos detenemos a observar la belleza de los animales y su comportamiento, surge una experiencia estética que nos interpela como sociedad. Es ahí donde se activa el cambio: cuando dejamos de ser meros espectadores y empezamos a sentirnos parte de ese equilibrio.
En este sentido, el bienestar animal es fundamental, porque solo desde el respeto y la calidad de vida de las especies puede generarse una relación auténtica y transformadora con el público. Esa experiencia, lejos de lo superficial o lo puramente informativo, busca provocar una conexión más profunda, casi íntima, con la naturaleza.
En los últimos años hemos evolucionado precisamente hacia ese modelo. Hemos pasado de una etapa inicial, más ligada a la implicación de los equipos de los BIOPARC de Fuengirola, Valencia y el Acuario de Gijón, a una estructura más estratégica y profesionalizada. Hemos definido una misión global, consolidado proyectos y diseñado una hoja de ruta que integra conservación, educación, cultura y comunicación.
Hoy trabajamos con una visión más amplia: no solo proteger la biodiversidad, sino también transformar la mirada de la sociedad hacia ella. Porque solo cuando dejamos de observar la naturaleza como algo ajeno, y superamos esa actitud pasiva, podemos empezar a comprometernos realmente con su conservación.
Participan en proyectos en todo el mundo. ¿Cómo deciden en cuáles implicarse?
La selección de proyectos responde a varios criterios clave. En primer lugar, que tengan un impacto real en la conservación de especies amenazadas y sus hábitats. Pero también es fundamental que integren a las comunidades locales, porque sin ellas la conservación no es sostenible.
Buscamos proyectos que combinen protección de la biodiversidad con desarrollo social. Es decir, iniciativas que no solo protejan especies, sino que mejoren la calidad de vida de las personas que conviven con ellas.
Además, apostamos por proyectos a medio plazo, con compromisos estables que permitan generar resultados duraderos. Y siempre intentamos equilibrar tres dimensiones: acción directa, investigación científica y educación.
¿En cuántos proyectos trabajan actualmente y cuáles destacaría?
Actualmente participamos en más de 30 proyectos de conservación, combinando iniciativas propias con colaboraciones internacionales. Esta diversidad refleja nuestra apuesta por actuar tanto a nivel local como global.
A nivel local, con la referencia de los BIOPARC de Fuengirola, Valencia y el Acuario de Gijón, desarrollamos programas centrados en la conservación de especies autóctonas, como el gallipato, con un modelo participativo en aulas, los murciélagos, la lechuza común, el salmón atlántico o el galápago europeo. También trabajamos en la conservación de la tortuga boba en la costa andaluza, con incubación controlada y seguimiento científico, o en proyectos de investigación como el del camaleón, vinculado al cambio climático.
A esto se suman iniciativas como el CRAMA, un centro de rescate de fauna marina en nuestro BIOPARC de Asturias, donde hasta la fecha se ha atendido a más de una decena de tortugas y dos focas, que han podido ser reintroducidas en su medio natural tras su recuperación. También destaca el Wild Oceans FilmFest, un festival internacional que conecta cultura y conservación para sensibilizar sobre la importancia de proteger los océanos y sus ecosistemas.
En el ámbito internacional, colaboramos en proyectos de gran relevancia, como la conservación de orangutanes en Borneo, tigres en Sumatra, mangabeys en Ghana, chimpancés en Sierra Leona o lémures en Madagascar. También participamos en iniciativas como la protección del dragón de Komodo en la isla de Flores, la reintroducción de la gacela Mohor en Marruecos y del faisán de Edwards en Vietnam, así como en la conservación del ecosistema africano de Amboseli, entre otros.
Esta diversidad de proyectos nos permite actuar de forma coherente tanto a nivel local como global, abordando la conservación desde múltiples escalas y realidades.
¿Cómo se traduce en la práctica ese objetivo de “romper con la indiferencia”?
Se traduce en generar experiencias que conecten y movilicen. No basta con informar; hay que implicar. Por eso apostamos por ir más allá de la divulgación tradicional y crear propuestas que despierten una conexión real con la naturaleza.
Nuestros BIOPARC, concebidos como espacios inmersivos, permiten vivir el ocio desde una perspectiva diferente: un “ocio con causa”, donde la observación de los animales en condiciones que priorizan su bienestar genera una relación más respetuosa y consciente.
Este enfoque se concreta en distintas líneas de acción: programas educativos participativos, experiencias en los parques que combinan aprendizaje y disfrute, proyectos culturales, audiovisuales y actividades divulgativas accesibles para todos los públicos.
La clave está en transformar la sensibilización en compromiso. Que quien vive la experiencia no solo comprenda el problema, sino que se sienta parte activa de la solución.
Los proyectos con escolares son especialmente llamativos. ¿Qué impacto tienen?
El impacto es muy significativo, probablemente de los más transformadores. Cuando un escolar cuida una especie en el aula durante meses, con el seguimiento del personal de los BIOPARC y participa en su posterior reintroducción en su hábitat, se produce un cambio profundo en su forma de entender la naturaleza.
Hablamos de aprendizaje real, no teórico. Los estudiantes participan directamente en procesos de conservación, lo que les permite comprender mejor el funcionamiento de los ecosistemas, el ciclo de vida de las especies y su fragilidad. Pero, sobre todo, desarrollan un vínculo personal y emocional con la naturaleza que difícilmente se olvida y que puede marcar su actitud en el futuro.
Además, este tipo de iniciativas trasciende el ámbito escolar e implica también a familias y comunidades educativas, ampliando su alcance, generando conciencia ambiental desde edades tempranas y contribuyendo a formar personas más comprometidas con el entorno.
¿Debería la educación ambiental tener más peso en el sistema educativo?
Sin duda. La educación ambiental debería ser un eje transversal, no una materia puntual. Es clave para formar personas conscientes y responsables en un contexto en el que los retos ambientales son cada vez mayores.
Pero, además, esta educación debe ser más práctica, vivencial y conectada con la realidad. No basta con transmitir conocimientos: es fundamental que las nuevas generaciones comprendan cómo funcionan los ecosistemas y cuál es su papel dentro de ellos.
Entender la interdependencia entre especies, ecosistemas y actividad humana es esencial para afrontar los desafíos actuales y avanzar hacia un modelo verdaderamente sostenible.
¿Cómo despertar el interés por la naturaleza en un mundo cada vez más digital?
La tecnología no es un enemigo, es una oportunidad. Puede ser una puerta de entrada muy potente para despertar el interés, especialmente entre los más jóvenes.
En este sentido, con los BIOPARC de Fuengirola, Valencia y el Acuario de Gijón, combinamos herramientas digitales como la realidad virtual, el seguimiento satelital de animales, las narrativas audiovisuales, documentales, festivales…para captar la atención y acercar la naturaleza de una forma atractiva.
Pero el objetivo final siempre es el mismo: llevar a la experiencia real. Apostamos por complementar lo digital con la participación activa en proyectos de conservación y el contacto directo con la naturaleza, que sigue siendo insustituible.
La clave está en combinar ambos mundos de forma inteligente: utilizar lo digital como primer vínculo, pero consolidar ese interés a través de experiencias reales que generen una conexión duradera.
¿Cuáles son los objetivos de la Fundación a medio y largo plazo?
El objetivo de la Fundación BIOPARC a medio y largo plazo es consolidar un modelo de conservación que vaya más allá de la protección de especies y sea capaz de transformar la relación de la sociedad con la naturaleza.
La conservación es, y seguirá siendo, la base de todo lo que hacemos. Queremos ampliar nuestra cartera de proyectos, incrementar la inversión, especialmente en especies amenazadas y sus hábitats, y reforzar nuestra presencia internacional. Pero ese crecimiento tiene un sentido más profundo: generar un cambio en la forma en la que las personas perciben y se relacionan con el mundo natural.
En este camino, también es fundamental poner en valor el papel de nuestros BIOPARC, de Fuengirola, Valencia y el Acuario de Gijón como espacios de conservación, investigación, bienestar animal y transformación. Lugares donde la naturaleza se presenta como un escenario vivo, donde la contemplación de los animales, sus comportamientos y sus hábitats genera una experiencia estética que conecta con la belleza y despierta una sensibilidad distinta.
Porque en esa contemplación, cuando nos detenemos a observar sin prisa, ocurre algo esencial: dejamos de ser espectadores para sentirnos parte. Ahí es donde el arte aparece, no como algo añadido, sino como una forma de mirar. Una forma de entender la naturaleza desde la emoción.
En paralelo, seguimos reforzando la labor de nuestros equipos, que desarrollan investigación aplicada, programas de recuperación de especies y generación de conocimiento. Pero sabemos que el conocimiento, por sí solo, no transforma.
Los seres humanos comprendemos el mundo desde dos dimensiones: la intelectual y la intuitiva. Y si queremos avanzar, necesitamos activar también esa comprensión intuitiva, la que nace de la emoción, de la belleza, de la experiencia.
Por eso nuestro objetivo último es integrar conservación, ciencia, educación y cultura en un mismo modelo. Un modelo que no solo informe, sino que conmueva. Que invite a mirar, a detenerse, a comprender… y, sobre todo, a implicarse.
Porque, en el fondo, la naturaleza no depende solo de expertos o instituciones. Depende de todos. Y nuestro reto es conseguir que la sociedad no solo lo entienda, sino que lo sienta.
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