Dossier CV
Hiperconexión en la era de la soledad: aislados en el enjambre digital
La promesa de la conexión sin fin acabó en distopía: las quedadas sin móvil se convierten en experiencia disruptiva, mientras los gobiernos buscan fórmulas para combatir la soledad digital y el uso tóxico de las redes que amenaza la democracia

Fernando Bustamante
Decenas de jóvenes y no tanto, muchos de ellos extranjeros, se reúnen en un local de uno de los barrios de moda de la ciudad. Leen, juegan a cartas, pintan, charlan, toman notas. No hay móviles sobre las mesas ni nadie está abducido por su pantalla. Los terminales, de hecho, permanecen bajo llave, en una caja de caudales en la entrada del salón.
Es un offline hangout, una quedada sin tecnología. Un tipo de evento que organiza The Offline Club, el movimiento con sedes en ciudades de todo el mundo que busca promocionar los espacios de ocio o conversación ‘analógicos’. “No es un movimiento en contra de la tecnología, sino para promover una mejor relación con la tecnología”, resume Mario Sánchez Kist, promotor del club en València.
La próxima convocatoria conmemorará el primer aniversario del ‘apagón’ del 29 de abril de 2025, aquel día que tantas ansiedades despertó mientras los usuarios miraban cómo descendía la batería de móviles y portátiles. Un año de aquel 29A: será una hora de ocio offline en el Jardín del Túria. Para hablar, escuchar, escribir, leer, pintar o jugar, pero donde no se puede usar la tecnología que cada día se come horas y horas de vida.
Algo similar ocurrió este pasado jueves en otro hotel de València: una reading party, es decir, un encuentro en grupo para hacer eso que requiere pausa y silencio: leer. Cada vez proliferan más estas acciones, organizadas por empresas o librerías que buscan promocionar la lectura. València, año 2026. Situaciones perfectamente cotidianas tienen hoy el aura de una “experiencia” orquestada, casi una llamada a la revolución.

Uno de los eventos de ocio sin móviles del 'Offline Club' / Redacción Levante / Offline Club
La paradoja neoliberal: del individualismo a la soledad
Por muy excéntrico que pueda parecer para cualquiera nacido o educado en las décadas previas al año 2000, estas dinámicas dibujan una de las paradojas de nuestro tiempo. En el momento de mayor interconexión humana de la Historia gracias a la digitalización, el aislamiento fomentado por la tecnología ha emergido como una de las fallas que atraviesan las sociedades modernas. Y, con ella, la necesidad de reconstruir lazos comunitarios tras décadas de paradigma neoliberal donde, en lo social, ha triunfado una idea de libertad adosada al individualismo.
La soledad ya no es un problema que afecta solo a las personas por motivos de edad, por enfermedad mental, por problemas económicos o por el invierno demográfico de la Europa rural. Son muchos quienes, especialmente jóvenes, pueden sentirse solos en su habitación, en viviendas familiares enclavadas en áreas densamente pobladas.
El reciente Marco Estratégico Estatal de Soledades (2026-2030), lanzado por el Gobierno de España para combatir los diferentes tipos de soledad no deseada, sitúa a los jóvenes entre quienes más sufren la sensación de aislamiento. De 18 a 24 años, un 34,6 % señala sentirse solo. Hasta los 34 años, un 27,1 %. Las dos franjas más jóvenes retratan el mayor sentimiento de soledad. Son también las más conectadas.
Ministerio de la Soledad
Es en este momento marcado por las nuevas ansiedades, y quizá acelerado por la pandemia, cuando ha aflorado el debate público, pero lo cierto es que no es nuevo. Desde los años 90, artículos académicos y periodísticos han llamado la atención sobre fenómenos como el de los hikikimori, como se denomina en Japón a los cientos de miles de jóvenes con un aislamiento severo en sus habitaciones, y que parece que se está agravando con la conectividad digital. Ermitaños del siglo XXI en una sociedad de estrictas normas laborales o sociales, un síndrome también contagiado a Corea del Sur o Hong Kong. El problema ha alcanzado tal calibre en aquellas sociedades que en 2021 se creó el Ministerio de la Soledad y el Aislamiento, enfocado tanto a mayores como a jóvenes incapaces de adaptarse a la presión de la sociedad moderna.
¿La digitalización es una herramienta para hacer frente a esta lacra o un factor que puede aumentar su riesgo?
La cuestión es si la digitalización es una herramienta para hacer frente a esta lacra o precisamente un factor que puede aumentar su riesgo. Hay debate académico, reconoce la Estrategia del Gobierno. Las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades que facilitan cierta conexión. Es una herramienta central en formas de asistencia a distancia a mayores, pero la brecha en el acceso por motivos geográficos, por desconocimiento o por problemas económicos puede suponer además una barrera que aumenta el aislamiento.
Del Messenger a los 'influencers'
El libro Loneliness in Europe señala que el uso intensivo de las redes sociales pasivas está conectado con el aumento de la soledad especialmente entre los jóvenes. Se trata de las plataformas donde no se interactúa sino que se consumen contenidos sin participar en la creación. Es la diferencia entre el MSN Messenger del año 2000, uno de los primeros chats de mensajería instantánea, y la actual era de los influencers que venden ideas, valores o productos a un público masivo con el que no dialogan. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, lo resumía en una entrevista de hace un tiempo que cada poco se viraliza: “Hemos pasado de conectarnos para hablar con nuestros amigos a escuchar a desconocidos”.

Una de las reading parties del hotel Only You / JM LOPEZ
Espejismo de contacto
La psicóloga Consuelo Tomás, fundadora y directora del Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones no Tóxicas, pone rostro a este problema: “Muchas veces el contacto que se mantiene en el medio digital es de muy baja calidad, sobre todo cuando se sustituye una charla profunda, cara a cara, de una forma presencial, por un like o por un mensaje más rápido”.
Las redes, en resumen, conectan y aíslan. Explica Consuelo Tomás que la tecnología es útil para conectar a distancia, o cuando las circunstancias hacen imposible la relación con contacto humano, como durante la pandemia de la covid. Pero también puede crear burbujas de soledad, no solo porque, por WhatsApp, por ejemplo, no existe lenguaje no verbal, sino por el diseño de las apps y redes: scroll infinito, orientación al consumo y no a la relación, algoritmos que retroalimentan los gustos del usuario.

Uno de los eventos de ocio sin móviles del 'Offline Club' / Redacción Levante / Offline Club
La IA, tu nuevo mejor amigo
La experta no circunscribe los riesgos a Instagram o TikTok. Mientras que detrás de los perfiles hay personas humanas, Tomás detecta la creciente competencia de la IA, también como ente con el que relacionarse. “Puede crear una falsa sensación de intimidad: los modelos de lenguaje simulan empatía, pero no tienen conciencia ni emociones, lo que puede aumentar la desconexión con la realidad”, dice la especialista. Aun así, percibe que muchas personas jóvenes la usan cada vez más como espacio de conversación. “Puede resultar atractiva porque evita el rechazo social, especialmente en perfiles inseguros”, dice. Pero también es la puerta de entrada a una nueva adicción: a un interlocutor complaciente que no cuestiona.
Para la profesional, es especialmente alarmante que la utilicen frecuentemente personas con problemas de salud mental, sobre todo estrés, ansiedad o complejos para autodiagnosticarse. “Jamás puede sustituir a un profesional porque simplifica la información”, resume. Un diagnóstico falso puede ser peligroso. Eso no quita que sí puede servir como apoyo para la organización de la consulta de los psicólogos, e incluso como apoyo terapéutico.
Esta última es una vía que exploró un proyecto de la Universitat de València. PSY-METRIK-#AP: Primary Care Digital Mental Health Ecosystem (Medical Device) es una iniciativa científica para integrar la IA con un enfoque personalizado en los centros de atención primaria pero para la atención a personas con problemas de salud mental. En concreto, es un enfoque que busca una ayuda tecnológica para el tratamiento de la ansiedad y la depresión por medio de la interacción con esos modelos de lenguaje. Una herramienta más para hacer frente a un problema social que cada vez afecta a más personas y que tiene consecuencias a todos los niveles.
Amenaza democrática
La dimensión de salud pública de este problema no deja de ofrecer nuevos desafíos, pero los gobiernos occidentales han comenzado a prestar atención también al impacto sobre la convivencia democrática del mal uso de las redes sociales. El filósofo alemán Byung Chul Han, uno de los pensadores más influyentes del momento, lo explicaba con estas palabras al recibir el premio Princesa de Asturias hace un año: “No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía”.
El concepto “enjambre digital” se refiere a una nueva comunidad en la que no hay un espíritu de masa, una “concentración pero sin congregación”
Chul Han ha acuñado el concepto “enjambre digital” para referirse a una nueva comunidad en la que no hay un espíritu de masa, no se desarrolla “ningún nosotros”: una “concentración pero sin congregación”.
Esa concentración, no obstante, sí parece asumir directrices. Europa lleva tiempo tratando de poner coto a los contenidos de odio en las plataformas tecnológicas, en una batalla que no es solo regulatoria, sino también política, dado el uso que movimientos y gobiernos autoritarios hacen de las redes para amplificar discursos divisivos. La pasada semana, Macron lideró una reunión de los principales líderes europeos, de Von der Leyen a Pedro Sánchez pasando por Meloni, para armar un frente común para frenar el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales.
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