Dossier CV
Soledad no deseada: la gran crisis del siglo XXI
Una de cada tres personas experimentan esta lacra que cada año va a más y que está obligando a las administraciones a tomar cartas en el asunto para combatirla. Una proyecció ndel INE estima que la Comunitat Valenciana pasará de las actuales 628.000 viviendas unipersonales a 808.000 en el año 2039

La soledad no deseada es un problema que está creciendo de manera exponencial. / Rafa Arjones
Una de las grandes crisis del siglo XXI. De esta forma se refieren los expertos a la soledad no deseada, una lacra que está creciendo de forma exponencial, hasta el punto de que casi una de cada tres personas la ha llegado a experimentar de forma severa o muy severa. Todo en un contexto en el que las viviendas en las que vive un solo inquilino también van a más, hasta el punto de que una proyección realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) vaticina que en la Comunitat Valenciana se pasará de las actuales 628.000 a las 808.000 en el año 2039. Factores como las relaciones sociales online, la insatisfacción con las relaciones familiares, el desempleo o la falta de recursos económicos se esconden detrás de este fenómeno, que cada vez afecta más a los jóvenes. Tal es la envergadura del problema, que las diferentes administraciones están tomando cartas en el asunto con planes estratégicos y medidas para tratar de combatirlo. También las ONG están aplicando programas para evitar que la soledad acabe devorando a sus víctimas.
El último barómetro de la soledad no deseada en España, promovido por la Fundación ONCE y la Fundación AXA, revela que un 20 % de la población española sufre soledad no deseada, un porcentaje que, en el caso de un estudio realizado por la Universidad de Alicante (UA), se eleva hasta el 39 %. En el observatorio también se destaca que la soledad no deseada es algo más frecuente en las mujeres y que está especialmente extendida entre la juventud, al abarcar al 34,6 % de la población entre los 18 y los 24 años.

Una persona mayor camina por el pasillo de su casa, donde vive a solas. / Rafa Arjones
Entre los factores que tienen una relación clave con este problema destacan el grado de satisfacción con la cantidad y calidad de las relaciones familiares y de amistad; las relaciones sociales online, que son más frecuentes entre las personas que sufren soledad; el desempleo, que propicia que quienes lo sufren tengan una tasa más del doble que los ocupados, aumentando al triple entre los de 30 y los 55 años; o las dificultades para llegar a fin de mes. También figuran como causas las enfermedades, la discapacidad, el haber nacido en el extranjero o pertenecer al colectivo LGTBIQ+.
De hecho, el observatorio también ha elaborado informes individualizados sobre dos sectores en los que la soledad no deseada está más presente. En el caso de los jóvenes de entre 16 y 29 años, se destaca que afecta especialmente a los que están en situación de desempleo o de pobreza, o a aquellos que han sufrido acoso social o laboral. También a los que tienen mala salud física o mental, los que viven en municipios de tamaño medio a los que residen en pisos compartidos o su propia vivienda.
Entre los jóvenes de entre 16 y 29 años, la soledad afecta especialmente a los que están en situación de desempleo o de pobreza
En el caso de las personas con discapacidad, con factores muy similares, se advierte, no obstante, que la soledad no solo es más frecuente, sino también más persistente, hasta el punto de que la soledad de larga duración afecta al 40,4 % de la población con discapacidad, frente al 10,8 % de la población que no la padece.
Y todo ello se produce en un contexto en el que el número de viviendas unipersonales va creciendo de manera exponencial, hasta el punto de que nada menos que en la actualidad son 628.611 personas las que viven solas en sus casas, una cantidad enorme que todavía crecerá mucho más, hasta las 808.000 en solo 13 años, según una proyección realizada por el INE.

Usuarios del programa de Hogares Compartidos. / Jose Luis Bort Izquierdo
Con todo ello, el doctor del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Alicante (UA) José Antonio Rabadán, investigador principal del Observatorio de la Soledad de la propia institución universitaria, destaca que "la soledad no deseada ha pasado de ser un problema invisible asociado a personas mayores o a la salud mental, a convertirse en una de las grandes crisis del siglo XXI, con una fuerte tendencia al alza en los últimos años".
La soledad no deseada ha pasado de ser un problema invisible a convertirse en una de las grandes crisis del siglo XXI
Estructuras
Y subraya que este fenómeno no se está produciendo porque la gente sea más débil, sino "porque las estructuras familiares, del barrio y de la comunidad, así como el trabajo estable, se van diluyendo sin que sean sustituidas por otras estructuras válidas".
El experto, de igual forma, advierte de que se trata tanto de un problema social como de salud pública, que lleva asociada la depresión y enfermedades cardiovasculares. Y todo ello, añade, tiene consecuencias económicas, "porque hay un mayor uso de los servicios sociales y sanitarios".

La soledad no deseada afecta cada vez a más personas. / Rafa Arjones
Con relación a la incidencia creciente entre la juventud, indica que "la calidad de los vínculos se ha deteriorado a través de las redes digitales, que generan adicción y unas perspectivas irreales. Tienen miles de amigos que perciben como reales, pero que en realidad no lo son, porque no hay un contacto que les haga sentirse acompañados y las amistades son escasas".
"El teletrabajo condena a una persona a estar toda la semana conectada a un ordenador"
Rabadán también apunta a un factor reciente, como es el teletrabajo. "En pandemia -recuerda- se aceleró, porque parecía la gran solución para tener también una mayor conciliación familiar". Pero la realidad, lamenta, es que ha dado origen a otro problema. "Hay unos ritmos que se imponen. Te obligan a estar con sistemas de detección para comprobar que estás trabajando. Te tienes que encerrar para que nadie te moleste y los contactos cotidianos con los compañeros desaparecen. Al final, se condena a una persona a estar toda la semana conectada a un ordenador, convirtiéndose en un gran generador de soledad. En cuestión de cinco a diez años se empezarán a visualizar problemas reales y tangibles", subraya.
¿Y cuáles son las consecuencias en materia de salud? David López, psicólogo especializado, señala que la soledad no deseada puede llegar a propiciar un vacío emocional enorme que desemboca en tristeza y, finalmente, en depresión. Según sus palabras, "es como perder el rumbo y también los objetivos, hasta el punto de generarse ansiedad".

Voluntarios de Cruz Roja ayudando a una persona a bajar a la calle. / Sergio Formoso
Y diferencia la soledad en los jóvenes y en las personas mayores. "La juventud puede caer en este problema por las dificultades al relacionarse o el sentirse incomprendido, mientras que los mayores sufren una desconexión real cuando se van quedando solos porque van perdiendo a la familia y las amistades, y el tanatorio se convierte en el club social", subraya.
Sea como fuere, lo cierto es que la magnitud del problema está propiciando que las administraciones se estén moviendo para intentar poner remedio. El Gobierno de España ha aprobado el primer marco estratégico estatal para detectar y combatir los distintos tipos de soledad. Entre otras cuestiones, se pretende integrar de forma transversal la perspectiva de la soledad en el conjunto de las políticas públicas a nivel nacional, autonómico y local, con el desarrollo de estructuras estables de participación ciudadana o la puesta en marcha de un sistema estatal de indicadores y seguimiento de las soledades. El Ejecutivo también impulsará criterios comunes para la detección temprana desde los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales, y reforzará los servicios y apoyos de proximidad.
"La soledad deja un vacío emocional que deriva en tristeza y después en depresión"
Ya más sobre el terreno, la Conselleria de Servicios Sociales dispone de la Estrategia Valenciana de Envejecimiento Activo y Lucha contra la Soledad no Deseada, cuyos principales objetivos pasan por reducir el riesgo de aislamiento social, favorecer el bienestar emocional e impulsar la solidaridad intergeneracional. En 2025 se destinaron 4,6 millones de euros en ayudas de asociacionismo, envejecimiento activo, programas rurales y actuaciones en enfermedades neurodegenerativas, mientras que para 2026 se han convocado subvenciones por valor de 750.000 euros destinadas a entidades del tercer sector. También se dispone del programa de termalismo valenciano, para facilitar el acceso a balnearios de la Comunidad Valenciana.

La soledad no deseada está creciendo entre los jóvenes. / Photographee.eu
Por su parte, la Diputación de Alicante, en colaboración con la UA y el tejido asociativo, está preparando un plan estratégico contra la soledad que permita articular programas de intervención, el cual debería estar terminado durante este mismo año.
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Con todo, y mientras todo esto ve la luz, hay organizaciones que ya llevan tiempo trabajando en esta materia y allí donde no llega la Administración. Una de las iniciativas más interesantes es la que lleva a cabo Hogares Compartidos, una asociación sin ánimo de lucro que facilita viviendas a personas mayores de 60 años que no tienen pisos en propiedad y cuentan con necesidad de alojamiento. En la actualidad dispone de 16 viviendas en València, Montesa y Tavernes Blanques, donde se alojan 64 personas.
"El año pasado nos llamaron 600 personas y solo pudieron tener vivienda 12"
Según explica Amparo Azcutia, quien puso en marcha la asociación junto a Pilar Pardo, son viviendas de particulares que alquilan a un precio justo, y luego los inquilinos contribuyen pagando de manera equitativa, aportando en la mayoría de los casos un 35 % de la pensión. La iniciativa se complementa con un programa de acompañamiento social y con diversas actividades.
Azcutia, con todo, destaca que cuentan con una enorme demanda. "El año pasado nos llamaron 600 personas y solo pudieron entrar 12", lamenta, por lo que considera que "esto debería estar haciéndolo la Administración". También hacen un llamamiento a propietarios que puedan ofrecerles viviendas a un precio justo.

Una persona mayor en el balcón de su vivienda. / AXEL ALVAREZ
Cruz Roja, por su parte, cuenta con diversos programas orientados a combatir la soledad no deseada. Uno de ellos es Voces en Red, impulsado en colaboración con la Fundación Amancio Ortega, dirigido a personas mayores de 65 años y que introduce tecnología a través de dispositivos asistentes de voz como punto de contacto con otras personas. También realizan acompañamiento en domicilio por parte de voluntariado, y actividades grupales como talleres de memoria, manualidades o salidas de ocio.
Otra iniciativa que ha tenido mucho éxito es el apoyo para salir del domicilio con sillas oruga, ya que, sobre todo, a raíz de la dana, hay viviendas donde no funciona el ascensor, o simplemente hay personas que no pueden salir de casa sin ayuda.

"Nos sentíamos solas, porque no sabíamos a quien recurrir"
María Luisa Moya es una mujer de 92 años que vive en Valencia y que llevaba tres años sin poder bajar a la calle al perder la movilidad y carecer la vivienda en la que reside de ascensor. Su hija, Marisa Fabra, recuerda que "dejó de andar de andar en 2020, y aunque al principio yo la bajaba, al final se hizo imposible, porque cada vez perdía más movilidad".
La situación, sin embargo, ha cambiado de forma radical gracias al programa Respondiendo a la soledad no deseada que realiza Cruz Roja en Valencia con el apoyo de la Fundación Bancaixa y Caixabank, por medio del cual María Luisa baja a la calle con la ayuda de una silla oruga.
Según explica su hija, "yo siempre he estado acompañando a mi madre durante este tiempo, pero la verdad es que nos sentíamos solas y abandonadas, porque no sabíamos a quien recurrir. Hemos pasado por momentos muy malos". Y da las gracias a Cruz Roja y a los voluntarios que acuden, Jesús y Germán, junto a Verónica, la asistenta social.
Asimismo, señala que ella misma, gracias a que acuden voluntarios periódicamente a acompañar en casa a su madre, ha mejorado mucho su calidad de vida. "Llevaba cinco años sin poder ir a darme un chapuzón en la playa, y ahora lo puedo hacer. Me dan mucho amor y cariño también a mí", concluye.
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