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XX aniversario del accidente del metro de 2006 (III Entrega)

La tragedia mortal que se cebó con Torrent

Veintiuna de las 43 personas que perdieron la vida en el accidente del metro del 3 de julio de 2006 vivían en Torrent. En un abrir y cerrar de ojos, el ayuntamiento de esta ciudad de l'Horta Sud tuvo que reaccionar para atender una tragedia difícil de asimilar desde lo humano pero también desde una administración local. Una sala de 'fitness' de la Ciutat de l'Esport tuvo que convertirse en capilla ardiente.

Torrent, la ciudad que se saldó con 21 fallecidos en el accidente de metro de 2006

Esteban San Canuto / Paula Fernández

Isabel Olmos

Isabel Olmos

Torrent

Eran poco más de las 13.30 horas del 3 de julio de 2006 cuando el entonces alcalde de Torrent, el socialista Josep Bresó, dio media vuelta en el coche oficial en el que iba hacia Madrid y regresó urgentemente a la ciudad. El motivo no era baladí: un convoy de metro de la Línea 1, la línea de l'Horta Sud y la Ribera, había descarrilado y se preveía una gran cantidad de víctimas. Aquel 3 de julio era lunes y lo que viviría la ciudad a partir de entonces sería imposible de olvidar para muchos de sus vecinos. El goteo de identificaciones, el 'jo el conec', el 'no pot ser', la Ciutat de l'Esport convertida en un tanatorio multitudinario, la conmoción, la falta de información, la opacidad y, también, una misa urgente con la mirada puesta en la visita inminente del papa a una tierra rota por la peor tragedia vivida desde la pantanà de Tous. De las 43 personas fallecidas, 21 serían de Torrent. Más de una quincena, además, resultaron heridas, algunas de mucha gravedad.

Levante-EMV fue testigo de primera mano de todo lo que sucedió aquel día y los posteriores. En 2006, la delegación comarcal de l'Horta tenía su oficina muy cerca de la Font de les Granotes, en la entonces Avinguda del País Valencià, ahora denominada al Vedat. La dirigía el periodista Paco Piera y un equipo joven muy vinculado a la comarca y al periodismo local. Lo que vivimos como personas y experimentamos como periodistas fue, para muchos de nosotros, lo más duro y difícil a lo que nos habíamos enfrentado hasta entonces, sobre todo porque la proximidad que proporciona este oficio hacía que conociéramos muy de cerca a algunas de las víctimas y a sus familias.

"Yo iba a Madrid a una reunión cuando me llamó mi equipo para decirme que había ocurrido un accidente de metro en València y que todo parecía indicar que el convoy iba en dirección Torrent, por lo que seguro que habría gente afectada del municipio. Mientras volvíamos, íbamos escuchando en la radio todo lo se iba sabiendo, y ya vimos que era grave, aunque entonces no sabíamos hasta qué punto", explica el exalcalde Bresó a Levante-EMV esta misma semana junto al monolito que la ciudad dedicó a las víctimas en 2016. Ediles del gobierno como Severino Yago o Valentín Fernández, el jefe de Gabinete, Joan Tamarit, y demás concejales y concejalas se concentraron en el ayuntamiento a la espera de recibir noticias. También los portavoces de la oposición en ese momento, con quien se mantuvo reuniones a lo largo de ese día y los siguientes.

Noticia de Levante-EMV del 4 de julio de 2006.

Noticia de Levante-EMV del 4 de julio de 2006. / A. Comes

A partir de esa tarde del 3 de julio, identificar a las víctimas y ponerse en contacto con las familias fue lo primordial. Pero no fue nada fácil. "Nos ayudó muchísimo el comisario de la Policía Nacional, Domingo Corchado", explica el entonces concejal Severino Yago, a quien la tragedia tocó de cerca. "No se me olvidará nunca cuando nos llamó el director de entonces de La Fe y nos dijo que tenía allí a una niña ingresada que era de Torrent y si sabíamos quienes eran sus familiares. Yo la conocía muchísimo así que contacte con su padre y este me dijo que sabía que su hija estaba en el hospital, pero que de quien no sabía nada era de la madre. El accidente fue un lunes y yo el domingo había estado comiendo paella con ellos, así que el golpe fue muy fuerte", explica Yago.

A partir de ahí, tocaba montar el dispositivo para dar cabida en la ciudad a los féretros de los vecinos y vecinas que perecieron el accidente. En ese momento, la capital de l'Horta Sud solo disponía de un único tanatorio, así que el ayuntamiento habilitó la recién construida Ciutat de l'Esport en Parc Central como capilla ardiente para que las familias pudieran realizar allí el duelo de sus seres queridos. Las familias de Torrent, pero también aquellas de otros municipios de l'Horta i la Ribera afectados por la tragedia. De hecho, Picanya, Alaquàs, Paiporta, Alcàntera del Xúquer, Real de Montroi, Alfafar y Catarroja también tuvieron, junto a Torrent y València, vecinos y vecinas que pedieron la vida aquel aciago 3 de julio.

La capilla ardiente se quedó pequeña en Parc Central.

La capilla ardiente se quedó pequeña en Parc Central. / L-EMV

"Habilitamos una sala de fitness muy ancha que había en Parc Central para las familias que quisieran acompañar a los fallecidos porque no había suficientes tanatorios para dar cobertura. Estuvo muy bien porque vinieron alrededor de unas 14 familias", explica Yago.

El ágora del mismo recinto deportivo acogería después la misa funeral en homenaje a los fallecidos de la localidad. Con las gradas de la pista de atletismo a rebosar y más de mil sillas en la explanada central, se vivió uno de los primeros momentos de polémica. "Había venido Rita Barberá a estar presente en la misa de Torrent. Estábamos hablando los dos cuando, de repente, vimos como Canal 9 empezaba a desmontar todo el set que había instalado para dar cobertura del homenaje y se estaban yendo todos. Me pareció grotesco. Llamé al presidente de la Generalitat, Paco Camps, para trasmitirle mi indignación absoluta. Él dijo que no sabía nada y que lo iba a resolver inmediatamente. Nunca lo resolvió porque nunca volvieron y la misa de difuntos de Torrent no se retransmitió", explica el exalcalde Bresó.

Miles de personas llenaron las gradas de la pista de atletismo nueva de Torrent.

Miles de personas llenaron las gradas de la pista de atletismo nueva de Torrent. / Abelard Comes

Otro de los momentos de conflicto fue por algunas de las circunstancias que rodeaban la visita del papa Benedicto XVI a València. El entonces jefe de gabinete de Bresó, Joan Tamarit, recuerda que la ciudad, sumida en la consternación más profunda, "tenía que acoger alrededor de 10.000 peregrinos procedentes de la diócesis de Madrid, lo que suponía 200 autobuses, y nosotros no parábamos de preguntar que cuándo vendrían" . El día en que llegó el pontífice, un conocido párroco de la localidad llamó al ayuntamiento para preguntar si el alcalde y las familias no iban a recibir al papa. "Nadie nos había invitado, pero él dijo que hasta que no llegara el alcalde y las familias no saldrían los autobuses de Torrent. Y así fue. Hasta que no llegaron, no salieron. Pero nadie nos había dicho nada al ayuntamiento", explica Tamarit.

Con la marcha del pontífice y el paso de los días, llegarían las fiestas patronales y las vacaciones de verano para la mayoría de la población. Para las familias de las víctimas, no obstante, solo les quedaba el inmenso dolor de la pérdida y los heridos, su lenta recuperación. "Desde el primer momento, la instrucción que recibimos fue que nos centráramos en las familias. Llegaba agosto y las vacaciones, pero teníamos claro que había que seguir atendiéndolas, que no podía desaparecer todo. Así que dos personas del Gabinete Psicopedagógico se quedaron todo el mes para que ellas supieran que si las necesitaban, estarían", explica Tamarit. Un funcionario, letrado de profesión, fue designado también alto comisariado para la atención a las víctimas con el objetivo de centralizar toda la burocracia que, con muchas prisas, se les pedía a las familias. Unas familias que a partir de ahí vivirían una larga etapa, demasiado larga, para encontrar justicia.

La otra gran tragedia de Torrent: el accidente de 'Feycu'

El 3 de julio de 2006, los ciudadanos de l’Horta Sud se enfrentaban – quizás sin ser demasiado conscientes todavía en ese momento- a una de las peores tardes que se recuerda en la historia de la comarca. Pocos minutos después de las 13 horas un convoy del metro de la Línea 1 descarrilaba entre las estaciones de Plaza España y Jesús provocando la escalofriante cifra de 43 muertos y 47 heridos. Durante los días que siguieron a esta tragedia, los cortejos funébres recorrieron las calles de la capital de l’Horta Sud y en la memoria colectiva aparecieron imágenes de otra gran tragedia ocurrida 26 años antes, un accidente que segó vida, sueños y felicidad a 27 personas.

Era un 24 de septiembre cuando un autobús que hacía el recorrido entre València y Torrent fue arrollado en Xirivella por un tren procedente de Madrid. Las barreras estaban levantadas y el autobus cruzó. Eran las 18.30 horas. El autobús de la empresa Vasa transportaba a más de 70 personas a su paso por Xirivella, puesto que había coincidido con la salida del trabajo del personal de la empresa Feycu, que utilizaba este transporte para volver a Alaquàs, Torrent o Aldaia. Decenas de pasajeros viajaban incluso de pie. En la intersección de la carretera con las vías del tren, el autocar encontró las barreras del paso a nivel levantadas y cruzó. Un tren procedente de Madrid arrolló el autobús que quedó convertido en un auténtico amasijo de hierro. El fatídico paso a nivel era uno de los pocos que todavía se accionaba de manera manual.

Xirivella, Alaquàs y Aldaia lloraron la pérdida atroz de vecinos, aunque fue en Torrent donde se contabilizó el mayor número de fallecidos. Precisamente por ello, el funeral se celebró allí, en la plaza Obispo Benlloch. El arzobispo de Valencia, José María Roca Cabanellas ofició la eucaristía junto a 24 sacerdotes y frente a los féretros, arropados por unas 50.000 personas.

La indignación por el accidente fue tal que, una semana después, grupos de personas se congregaron en el punto de la tragedia en una manifestación no autorizada y arrojaron piedras al tren. Acabó con una carga de los "grises". El 15 de octubre, unas 8.000 personas, incluidos casi todos los alcaldes de la comarca, se manifestaron de nuevo de manera pacífica y pidieron la supresión de los pasos a nivel. Iniciaron la marcha en las diferentes localidades golpeadas por la fatalidad y se reunieron en las vías del tren para recordar a las víctimas. El paso a nivel, años después, se acabó quitando.

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