Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Mujeres sindicalistas del país caribeño cuentan en València los peligros de defender los derechos de las trabajadoras

Mujeres sindicalistas del país Caribeño participan en un proyecto de formación en igualdad, acción sindical y contra la violencia de género con la fundación Iscod-UGT y el impulso de la Federación de Serveis Públics

En este Primero de Mayo, cuentan los peligros y amenazas de ser trabajadoras y sindicalistas en un país con el 60% de empleos sin contrato y en el que una de cada cinco mujeres sufre acoso sexual en el trabajo

"Ser sindicalista en Dominicana es una actividad de riesgo"

Celeste Martínez

Francesc Arabí

Francesc Arabí

València

Te embarcas en la T4 de Barajas, casi nueve horas después pisas suelo dominicano en el Aeropuerto Internacional de las Américas (Santo Domingo) o en Punta Cana, te llevan a un 'resort', te anillan como a una pato collverd de l'Albufera para atiborrarte a comer y a beber con el 'todo incluido', estás quince días a pensión completa frente al mar en Bávaro, Punta Cana o Puerto Plata, te trasladan dos días de excursión a Isla Saona, desde Bayahibe, o al Parque Nacional de los Haitises o a Samaná, si es temporada para fisgonear el apareamiento de las ballenas jorobadas.... Y tras esa estancia en el paraíso de Playa Bonita, Dominicus o Playa Juanillo, uno se vuelve a España sin saber siquiera dónde ha estado. Pues de aquí para allá en el Caribe. Básicamente.

El turista siempre margina al viajero y, por descontado, al ciudadano. Pero la República Dominicana, va más allá de su potente industria turística y de la cara cargada de maquillaje que ofrece al visitante. Dominicana, el primer territorio de la conquista española (con la universidad decana del continente y la Catedral Primada de América, la primera del mal llamado Nuevo Mundo) tiene color, pero, desde el punto de vista de los derechos civiles y laborales, es un país construido a brochazos de negros y grises. Más allá del paraíso de arena blanca, está la realidad socioeconómica. Este viernes es 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo. Una fecha en rojo en el calendario de cualquier generador de plusvalía, que diría un tal Carlos Marx. Un día para celebrar y, sobre todo, para reivindicar. Arianny García, Jacqueline Ureña, Charleny Magallanes y Emmanuel Amador son sindicalistas dominicanos. "Una actividad de riesgo", proclama Arianny, en un país en el que si te descubren "intentando afiliar gente para montar una sección sindical, te despiden de la empresa".

Un 60 % de "empleo informal"

Las testigos y protagonistas de la precariedad en la que se encuentran los derechos laborales y la igualdad en el país caribeño forman parte del comité Intersindical de la Mujer Trabajadora (Cimtra), que agrupa a las tres grandes centrales sindicales dominicanas: CNUS, CASC y CNTD. Llevan una semana en València, donde, de la mano de la fundación Sindicalistas sin Fronteras Iscod-UGT, participan en el proyecto "Promoviendo un ambiente laboral igualitario y libre de discriminación y violencia de género en la República Dominicana", financiado por la Generalitat, que busca reforzar la introducción de "cláusulas de género en la negociación colectiva y crear entornos laborales seguros, sin violencia ni discriminación". Un programa impulsado también por UGT Serveis Públics, que aporta su experiencia en prácticas de igualdad y acción sindical feminista, tanto en la formación como en el diseño de campañas e intercambio de buenas prácticas entre España y República Dominicana". En este contexto se han desarrollado "cursos de formación, investigaciones sobre violencia y barreras de acceso al sindicalismo, así como de capacitación de la Inspección de Trabajo. Además de ofrecer formación en comunicación con perspectiva de género", informan desde el sindicato.

La realidad dominicana pide a gritos acciones y leyes que defiendan al trabajador. De entrada, el 60% del empleo es "informal", que traducido a España significa economía sumergida, 'sueldos' que no cotizan ni generan derechos. El salario mínimo depende del sector, pero de media se sitúa en 30.000 pesos, que equivale a 429 euros. ¿Es mucho o poco? El precio de la cesta de la compra, el combustible, la vivienda y los gastos domésticos, en las ciudades, no difieren tanto de España.

VALENCIA. VLC. Sindicalistas dominicanos visitan Valencia y participan en el 1 de mayo.

Charleny Magallanes, Jacqueline Ureña, Emmanuel Amador y Arianny García. / Fernando Bustamante

Sindicalismo de "infiltración" y "esclavos modernos"

La acción sindical acarrea peligros. Los ha experimentado Arianny, trabajadora de la Zona Franca de Santo Domingo, un territorio comanche, donde operan fábricas al margen de la ley. Para implantar la sección de su sindicato tuvo que infiltrarse "como un topo, hablar a los compañeros y proponer afiliarse en conversaciones casi clandestinas como quien vende droga", explica de forma elocuente. Porque el sindicalista tiene, además, muy mala prensa. "Es automáticamente rechazado y percibido como alguien que tira piedras, y eso viene de la tradición de las huelgas violentas", relata. Además, explica que la corrupción, uno de los pecados capitales del país, ha salpicado también a los sindicatos y dañado su imagen.

Su compañero Emmanuel, que trabaja en una fábrica de plásticos, coincide en que implantar un sindicato es una buena inversión para que te despidan. "Sí, te inscriben en la lista negra", apostilla Arianny. Lo del blindaje que en países como España se adquiere por formar parte del comité de empresa, allá suena a ciencia ficción. Sobre todo en el sector privado, aunque la inestabilidad en el empleo alcanza también a la función pública. Es más, cuando cesa el Gobierno, pierde el empleo un gran número de funcionarios. No solo los cargos de confianza como sucede en España.

¿Y el despido comporta una indemnización o es libre? El 40% de los empleados dominicanos que trabajan en A tienen derecho a una indemnización, allí llamada cesantía, aunque, apuntan, hubo un serio intento de suprimirla para instaurar el despido libre. "Los empresarios dominicanos entienden el trabajo como una esclavitud moderna", sentencia Arianny.

"Pueden despedirte por tener la regla"

A la condición de sindicalistas, suman el segundo estigma, el de ser mujer, en especial en un país tan "machista", subrayan. ¿La brecha salarial de género es muy pronunciada? De nuevo, apunta Arianny, hay que diferenciar entre el "sector público y el privado", aunque agrega que cada vez más las empresas temen arriesgarse a inspecciones laborales.

Incluso en los propios sindicatos, las mujeres "lo tenemos más complicado". "Ser mujer es limitante, de cara a permisos o licencias", señala. Jacqueline, que trabaja en hostelería en el barrio de Piantini, uno de los más elitistas de la capital, señala que en una sociedad tan "machista", las mujeres han de asumir todas las "cargas del hogar, de los niños.." y "te pueden despedir porque tienes la regla o por la maternidad". En ese punto, interviene su compañera Charleny, que trabaja en el hospital público infantil José Manuel Rodríguez Jiménez, de Santo Domingo para contar una fatal experiencia. Era candidata a un trabajo en una clínica privada y le solicitaron una muestra de orina para un análisis. "Entré en el cuarto de baño y me acompañaron por si lo cambiaba ya que estaban convencidos de que estaba embarazada", relata.

Esta vez vivirán el 1 de mayo en València. El año pasado acudieron a la manifestación de Santo Domingo, a la que también asistió el presidente Luis Abinader, que accedió al cargo en 2020 y lo revalidó en 2024. Es el líder del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que se autoubica en el centro-izquierda, en el espacio socialdemócrata. La percepción desde el exterior de ser un mandatario casi homologable a parámetros europeos y no excesivamente populista, comparado con predecesores, no es compartida por las sindicalistas, cuyo silencio, a la hora de valorar su labor, es significativo.

Violencia machista y acoso sexual laboral

Las mujeres sufren, incluso en mayor medida que en España, la lacra de la violencia machista. Esa lucha, que exige medios institucionales y, sobre todo, conciencia social, está muy verde aun. La técnico del proyecto en Cimtra, Mele Bernabel, indica que hay "campañas oficiales contra la violencia de género, pero insuficiente dotación económica". Un estudio elaborado por Cimtra resulta demoledor sobre el problema de la violencia sexual: Una de cada cinco mujeres sufre acoso sexual en el trabajo. Una de las miles de víctimas denunció su caso en 2021. Al poco, apareció muerta en los lavabos de la empresa. Se llamaba Paula Santana y despertó conciencias en el país. Pese a la magnitud del problema, sigue sin haber una legislación específica sobre violencia sexual laboral, no hay una trasposición del artículo 190 de la OIT.

Ese es el cuadro que dibuja la realidad laboral de Dominicana. En la que, pese a todo, los nacionales en las peores circunstancias están algún peldaño por encima de los trabajadores migrantes haitianos, que copan los peores trabajos y sueldos. En B por supuesto. Son los parias llegados del otro lado del Río Masacre. Nunca una frontera tuvo un nombre tan revelador.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents