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Clima y política

El embalse de Forata, en la cuenca del Júcar, está lleno en casi tres cuartas partes. Estamos en un momento ideal, con reservas suficientes, que  permite plantear un nuevo esquema que garantice la seguridad hídrica atendiendo a los propios efectos del cambio climático en las precipitaciones.

El embalse de Forata, en la cuenca del Júcar, está lleno en casi tres cuartas partes. Estamos en un momento ideal, con reservas suficientes, que permite plantear un nuevo esquema que garantice la seguridad hídrica atendiendo a los propios efectos del cambio climático en las precipitaciones. / Eduardo Manzana/ Europa Press

Jorge Olcina

La política es una acción noble necesaria en toda sociedad democrática. El problema es cuando las ideologías impregnan la labor política hasta eliminar la máxima del bien común como finalidad principal de su tarea.

Nuestro país vive un momento de premeditada crispación política en el momento en que hacen falta decisiones compartidas en grandes temas, también ambientales. Mal asunto.

Hay dos cuestiones de prioritaria acción política para nuestro país, la acción climática y la planificación futura de los recursos hídricos. Las dos se han ideologizado hasta conducir el debate a un punto sin retorno que no permite consensuar medidas necesarias para desarrollar en los próximos años.

En materia climática tenemos que seguir luchando contra el negacionismo sin base científica, en un calendario diabólico que tiene un claro ganador: el proceso actual de calentamiento que sigue imparable y así va a continuar en los próximos años.

Respecto a la planificación hídrica, estamos en un momento ideal, con reservas suficientes, para plantear un nuevo esquema que permita garantizar la seguridad hídrica atendiendo a los propios efectos del cambio climático en las precipitaciones. Pero no. Ni una cosa ni otra. Las ideologías dominantes, de un color y otro, salpicadas cada vez más de radicalismo, se limitan a perpetuar unas creencias no fundadas en la ciencia que impiden avanzar en lo esencial.

Clima y agua están por encima de las ideologías y necesitan de la política bien entendida, la que persigue el bien común, para diseñar medidas que permitan aspirar a un mundo mejor a medio y largo plazo. Un mundo sin intervención humana en el sistema climático, con soluciones hídricas adaptadas a cada territorio y basadas en la buena gestión y el uso de fuentes múltiples. Un mundo más sensato, más sostenible, más solidario. Menos egoísta, en suma. Pero para eso hace falta la buena política.

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