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Huelga educativa

“No hay docentes buenos y malos, todos miramos por el alumnado y por ellos estamos de huelga”

Decenas de centros educativos organizan jornadas reivindicativas con profesores, familias y alumnos, cenas, asambleas y talleres

Encierros en centros educativos: los IES Enric Valor y Campanar se preparan para la huelga

Germán Caballero

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Marta Rojo

Marta Rojo

València

Xelo se acuerda especialmente de un lunes. Esta profesora de Historia da clase a varios grupos de Segundo de Bachiller en el IES Campanar y, tantas horas y tanta presión han podido con su voz. Pide perdón por el tono ronco cuando coge el micrófono en la asamblea abierta celebrada este jueves por la tarde en la plaza de Campanar de València. Lo que quiere contar a los padres, madres, vecinos, alumnos y compañeros de profesión es que se acuerda -mucho- del lunes en que se dio cuenta de que no tenía ganas de ir a clase.

Soy vocacional pero hubo un lunes en que dije: no tengo ganas de ir, no tengo ganas de entrar en el aula, no me he preparado las clases y tengo que llegar y ponerme delante del ordenador”, rememora. Xelo es una de las profesoras que ha tomado la palabra este jueves por la tarde en la jornada reivindicativa que han organizado las asambleas de docentes del IES Campanar y el CEIP del mismo barrio. Es solo uno de los actos reivindicativos que se repiten esta misma tarde en centros educativos y plazas de decenas de localidades de las tres provincias de la Comunitat Valenciana.

Las asambleas, talleres de pancartas, cenas de ‘germanor’, conciertos y conferencias llegan este jueves a los colegios e institutos después de que encallara la negociación abierta esta mañana entre los cinco sindicatos -todos los de la mesa de negociación- que convocan la huelga de docentes de la educación pública valenciana. Será una huelga indefinida y comenzará, salvo milagro negociador, este lunes 11 de mayo. Y muchos profesores se han puesto sus chalecos reflectantes con lemas como “docent treballant en precari” para volver a las aulas pero no para dar clase sino para explicar, movilizar o resolver dudas ante el paro.

“Quiero que nos apoyéis y que el lunes vayamos a la huelga”. Es el deseo de Xelo, que reconoce que lo que más le pesa en su día a día son las “horas de papel”, de burocracia. “Son horas que no puedes dedicar a tu familia”, dice. Ella misma tiene una hija de seis años. “Y no quiero esto para ella”, añade. Por eso hará huelga.

Coincide Eva, profesora en el vecino CEIP Campanar. Ella es maestra de Infantil y se define, o se definía, como vocacional. “Pero todas estas cosas van mermando día a día tu motivación. Porque ves que no hay apoyo por detrás”, lamenta.

“Haré huelga sin remordimientos, porque la culpa no es mía”

Cuando Cristóbal coge el micrófono, decide hablar del elefante en la habitación. “A veces estamos así, que si lo decimos, que si no lo decimos”, reconoce. Los salarios: “a veces parece que reivindicar cobrar más es como si diera vergüenza”. 

Pero no puede evitar que le dé rabia que el debate político, sobre todo por parte de Conselleria, se haya centrado en la reivindicación salarial como único punto de la protesta. “No es la reivindicación primera, aunque es una de ellas, pero nos presentan como si fuéramos unos peseteros que solo quisiéramos dinero”, lamenta. Y afea que la propuesta de la Conselleria se limite a 75 euros brutos al mes al cabo de tres años para los docentes, mientras que “se ha subido un 8% los salarios de los profesionales de Inspección”.

“Tengo dos grupos de Segundo de Bachiller y haré huelga sin remordimientos. No tengo remordimientos de no dar clase a los de Segundo, porque no es culpa mía; los culpables están allá”, dice, sin necesidad de señalar a la sede del departamento de Ortí en la avenida de Campanar. “Llevábamos muchos años así, sabíamos que llegaríamos a una huelga indefinida”, critica. Y aprovecha para insistir en algo que cree que es especialmente importante: “No hay profesorado bueno que mira por el alumnado y profesorado malo que no lo hace, sino que todos miramos por el alumnado, por ellos estamos de huelga”.

Un centro dana que se pone en pie

El claustro del IES Enric Valor de Picanya tiene muy presentes todavía el barro, el agua y la destrucción. Este centro situado a pocos metros del barranco de Poyo fue “muy dañado”. En sus paredes todavía se ven carteles que hacen referencia a la barrancada. Y en la memoria de muchos profesores, alumnos y familias, el peligro está muy presente.

Por eso, una de las reivindicaciones de Xiroy Pastor, vicedirector del instituto, es la recuperación de las infraestructuras. “Necesitamos que las infraestructuras estén como toca, porque somos un centro dañado y la recuperación es muy irregular en cuanto a los tiempos, los materiales y cómo están las aulas”, resume.

“Pero en general, el problema viene de muchos años atrás y no solo pedimos una recuperación salarial, aunque también”, dice. “Nosotros llevamos desde 2010 con el sueldo congelado, y pensemos en cómo ha subido la vida”, resume.

Aun así, cree que lo más importante es la calidad educativa. “Pedimos unas ratios bajas porque no podemos atender al alumnado con la calidad que merece teniendo 30 o 35 personas por aula. Es físicamente imposible”, dice Pastor. Sobre todo, cuando las necesidades educativas especiales se multiplican. “Necesitamos medios, necesitamos horas de especialistas, de terapeutas, de audición y lenguaje, de orientadoras”, reclama.

Y más reivindicaciones: la defensa de unas condiciones climáticas en las que se pueda vivir y dar clase. “Estamos en el cambio climático, cada vez hace más calor y los centros no están adaptados: en septiembre, octubre, abril, mayo y junio estamos por encima de lo que dice el Invassat, por encima de los 27 grados, y en invierno estamos por debajo de los 17”, lamenta. A ello suma la defensa del valenciano. “Hay un ataque continuo, gota a gota, contra el tema de la lengua, si bien nosotros consideramos el valenciano como una oportunidad y lo consideramos nuestro”.

"No llegas a todo"

Dentro del centro, en el salón de actos que va a acoger la asamblea, Sargona suspira hondo. “Estoy muy agobiada”, reconoce. Está estudiando Primero de Bachiller y está sentada al lado de su amiga Natalia y la madre de esta, Ana. Está preocupada por el final de curso: “Llevo todo el año instituto-biblioteca-instituto-biblioteca”. De cara a un Segundo especialmente exigente, le preocupa el tema de las ratios. “Al final nos van a obligar a cambiar de centro porque con más de 15 por clase la cosa se pone imposible”, reconoce. Pero también admite que no se ha enterado demasiado bien de los motivos de la huelga.

Su amiga Natalia sí está al día, quizá porque su madre, Ana, es maestra de Infantil. “Lo vivo más de primera mano porque sé que hay dificultades que tenemos dentro del aula, y mi intención es estudiar Magisterio, así que son cosas que me van a repercutir a mí”, dice.

“Por suerte, ellas están en Primero de Bachiller, si hubiera sido Segundo habría sido mucho más complicado”, reconoce Ana, madre de Natalia y maestra. El tema de la evaluación de Segundo le resulta un equilibrio complicado. “Me pongo en el lugar del profesorado de Segundo de Bachiller y es cierto que están privándoles de ejercer el derecho que tenemos de hacer huelga, y también me pongo en lugar de las familias de alumnos de ese curso”, dice.

Pero hará huelga. “En clase tengo tres TEAS y una niña de Servicios Sociales, es una clase compleja y desde Conselleria te dicen que hagas codocencia pero no facilitan los recursos”, asegura. “Nosotros tenemos una especialista en Audición y Lenguaje y una de Pedagogía Terapéutica para todo el centro y así es imposible llegar a todo”, dice. Por eso, concluye, se parará indefinidamente a partir del día 11. Para intentar tener mejores condiciones para esa misión imposible de “llegar a todo”.

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