Opinión
Marcos J. Lacruz
Un debate prematuro
El debate real debe centrarse en si el calendario de cierre nuclear pactado entre el Gobierno y los propietarios de las centrales en 2019 debe modificarse o no a raíz de los cambios geopolíticos y energéticos de los últimos años

Central de Almaraz, la primera en el calendario de cierres. / Carlos Criado
Lo primero que hay que aclarar es que ser antinuclear o antirrenovables es absurdo. El debate energético no debería abordarse desde posiciones sectarias, sino desde el análisis técnico, económico y estratégico de qué tecnologías son más adecuadas en cada momento y para cada país. Y en ese sentido, conviene recordar que España se encuentra en una de las regiones con mayor recurso solar del mundo, con una combinación excepcional de radiación, temperatura y superficie disponible.
Hoy sabemos que la combinación de renovables y almacenamiento es la forma más barata, rápida y flexible de generación eléctrica. Además, los avances en electrónica de potencia, control digital y sistemas híbridos han permitido que las renovables modernas puedan aportar servicios de red, control dinámico de tensión, reactiva e incluso inercia sintética con tiempos de respuesta extremadamente rápidos. Todo ello se está comprobando ya en la evolución reciente de nuestro sistema eléctrico tras el apagón. Hoy sabemos que si las renovables hubieran tenido permiso para hacer control de tensión, el apagón probablemente no hubiera sucedido.
El debate real debe centrarse en si el calendario de cierre nuclear pactado entre el Gobierno y los propietarios de las centrales en 2019 debe modificarse o no a raíz de los cambios geopolíticos y energéticos de los últimos años. Nadie está planteando cerrar todas las nucleares mañana, ni ignorar el papel que han desempeñado durante décadas en el desarrollo y estabilidad del sistema eléctrico español.
Sin embargo, también es cierto que el contexto energético de 2019 y el actual son muy distintos. Hoy España dispone ya de más de 100 GW renovables instalados, decenas de GWh de almacenamiento en desarrollo y más de 80 GW renovables entre permisos y tramitación. Existen además numerosos estudios que concluyen que el sistema puede absorber el cierre previsto de Almaraz en 2027 sin comprometer la seguridad de suministro ni incrementar estructuralmente la dependencia del gas.
De hecho, puede que mantener activa más energía nuclear de la prevista comprometa nuestra ventaja competitiva. En determinadas horas ya estamos registrando vertidos y restricciones técnicas de generación renovable por falta de almacenamiento y flexibilidad suficiente para aprovechar toda la energía limpia disponible. Es decir, estamos desaprovechando parte de la energía renovable que tanto esfuerzo e inversión ha costado desarrollar.
En términos energéticos globales, Almaraz podría haber estado parado todo 2025 y el sistema no se habría enterado
También es cierto que, en cada vez más ocasiones, los propietarios de las plantas nucleares deciden dejar de producir porque las condiciones de mercado les llevan a pérdidas. En términos energéticos globales, Almaraz podría haber estado parado todo 2025 y el sistema no se habría enterado.
Defender hoy un sistema basado principalmente en generación nuclear frente a renovables híbridas con almacenamiento empieza a parecerse a defender el gramófono frente al streaming. Ambas tecnologías pueden cumplir la misma función básica, pero pertenecen a eras tecnológicas completamente distintas. La energía nuclear responde a un modelo de generación centralizado y rígido, que además genera residuos peligrosos que hay que custodiar durante milenios. Las renovables híbridas, en cambio, forman parte de una nueva arquitectura energética basada en flexibilidad, almacenamiento, digitalización, electrónica de potencia y adaptación en tiempo real a la demanda. Ese es precisamente el tipo de sistema que necesita una economía moderna.
Otros países, que también han realizado importantes esfuerzos para avanzar en renovables, se han planteado ralentizar su calendario de cierre nuclear. Es un debate legítimo y razonable que cada país debe resolver en función de sus recursos, su mix energético y su situación industrial. Pero trasladar automáticamente ese debate a un país como España, con uno de los mayores recursos renovables de Europa, no siempre resulta aplicable. Muchos países desearían disponer de nuestra ventaja estratégica en recurso solar y renovable.
En definitiva, el debate actual sobre el modelo energético es legítimo y oportuno, pero los datos disponibles indican que continuar con el calendario pactado no debería tener un impacto negativo sobre el sistema eléctrico español. Al contrario, revertirlo podría lanzar una señal equivocada en un momento en el que España está atrayendo inversión industrial precisamente gracias a la competitividad de su energía renovable y a la posibilidad de convertirse en uno de los sistemas eléctricos más económicos, robustos y distribuidos de Europa.
Por supuesto, debemos seguir monitorizando constantemente la evolución de la demanda, la electrificación y las necesidades del sistema para corregir el rumbo si las condiciones cambian en el futuro.
En la Comunitat Valenciana, el cierre pactado de Cofrentes está previsto en 2030. Hay que estar atentos por si llegado el momento cabe revisar ese calendario, pero adelantar ese debate a 3 años vista, con la velocidad de los acontecimientos y la evolución de la tecnología es prematuro.
Marcos J. Lacruz es presidente de la Asociación Valenciana de Energías Renovables (Avaesen)
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