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Virus

Una experta en salud pública, sobre el brote de hantavirus: "La epidemia está contenida; debemos estar alerta pero sin miedo"

La doctora Patricia Guillem Saiz advierte que la cepa de los Andes puede contagiarse entre personas y presenta una alta mortalidad aunque el contagio requiere condiciones muy específicas que, fuera del barco, son más complicadas.

La doctora Patricia Guillem Saiz, experta en Salud Pública

La doctora Patricia Guillem Saiz, experta en Salud Pública / Levante-EMV

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Pablo Plaza

Pablo Plaza

València

Hay que estar alerta pero sin miedo. Es el mensaje que lanza la doctora Patricia Guillem Saiz, experta en Salud Pública del Departamento de Medicina Preventiva de la Universitat de València (UV), ante el brote de hantavirus que ha saltado a las portadas. Según explica, el hantavirus no es comparable al covid en términos de transmisibilidad, pero la cepa de los Andes, la que ha afectado al crucero MV Hondius, tiene una particularidad que la hace más peligrosa: puede contagiarse de persona a persona y tiene gran mortalidad. La experta llama a la calma pero exige coordinación entre administraciones y señala que la preparación del sistema sanitario español es positiva después de la pandemia de hace más de un lustro: "Hemos pasado de la improvisación a una alta especialización".

¿Por qué la cepa que está afectando al crucero MV Hondius es especialmente relevante?

Se trata de un hantavirus, una familia de virus que principalmente afecta a roedores, pero que también puede provocar zoonosis, un salto de especie hacia los humanos. En concreto, la cepa que está ocasionando la alerta es la cepa de los Andes. Mientras que los hantavirus en general tienen dificultad de propagación porque se necesita un contacto estrecho y prolongado, esta cepa también permite el contagio interpersonal. Esto lo convierte en un poco más peligroso, pero en cualquier caso se necesita ese contacto estrecho bajo condiciones de poca ventilación, como se ha producido en el barco o en los últimos casos de los aviones de traslado de pasajeros posiblemente infectados.

Tendemos a compararlo con el coronavirus. ¿Qué diferencia hay, sobre todo, a nivel de contagio?

La escala de transmisibilidad es diferente. El covid u otros patógenos respiratorios, como la tuberculosis, tienen un poder de transmisibilidad mucho mayor que los hantavirus. Yo creo que aquí el problema que ha habido es que la situación del crucero en sí ha sido el detonante, como si se tratase de una olla a presión. Tenemos un espacio físico en el cual tripulantes y pasajeros están confinados, comparten aire continuamente y circuitos de recirculación de aire que hacen que los aerosoles estén en el ambiente sin que caigan al suelo, y una convivencia muy estrecha de veinticuatro horas, siete días a la semana. Esto fuerza una transmisión mucho más estrecha que, de haberse producido en tierra firme, no se hubiese producido o hubiese sido muy difícil.

Se investigan posibles contagios. ¿Los síntomas del hantavirus son compatibles con otros virus? ¿Qué hace pensar que una persona pueda tenerlo?

Sí. Como ocurre con cualquier enfermedad infecciosa de transmisión respiratoria, los síntomas son perfectamente confundibles con todo tipo de patologías; por ejemplo, con una gripe, un neumococo o incluso una tuberculosis. Los síntomas más inespecíficos serían la fiebre, el dolor muscular, el dolor de cabeza y de articulaciones. Pueden aparecer también síntomas digestivos como náuseas y diarreas, pero aquí sobre todo lo que nos tiene que preocupar es que la respiración se complique. Esta cepa conlleva un síndrome pulmonar y de ahí el compromiso de la capacidad respiratoria de los afectados. En el momento en que a una persona los síntomas gripales se le empiezan a complicar con una dificultad respiratoria moderada —que tenga disnea o ruidos como sibilancias— es muy importante que busque atención sanitaria. Con esto no estoy haciendo un llamamiento a que toda la población declare sus síntomas respiratorios; solamente aquellas personas que, por antecedentes epidemiológicos, crean que se hayan podido ver involucradas en esa cadena de transmisión.

El problema es que el periodo de incubación puede llegar a los 45 días, ¿no?

Sí, el periodo de incubación es variable y puede alcanzar incluso las ocho semanas. Eso dificulta encontrar esa cadena de contagio. Como cada persona nueva contagiada es potencialmente una persona que puede contagiar a nuevas personas, lo importante es identificar ese "caso cero", reconstruir todas las cadenas de contacto social que hayan podido tener los pasajeros del crucero y, sobre todo, estar en vigilancia activa de los síntomas de esas personas que, en principio, son asintomáticas.

¿Qué protocolos deben seguir las administraciones ante los casos que se están detectando?

Ante un caso sospechoso compatible con hantavirus, lo más importante es someterlo a las correspondientes pruebas, tanto médicas como de análisis PCR y de secuenciación del virus. Ese caso sospechoso se llevaría a aislamiento inmediato en aquellos hospitales y centros que tengan unidades de aislamiento de alto nivel. Tiene que haber siempre un traslado medicalizado utilizando burbujas de aislamiento con presión negativa y, por lo tanto, se activaría toda una respuesta hospitalaria específica.

¿Y qué mensaje lanza tanto a las administraciones como a la ciudadanía?

Mi mensaje personal a la población es que debemos estar en estado de alerta, pero no con pánico ni miedo, porque muchas veces el alarmismo sale del desconocimiento. En este caso la epidemia —porque tenemos que denominarla así aunque no nos guste la terminología; cuando unos casos de enfermedad exceden los valores normales, se tiene que denominar epidemia— está geográficamente contenida. La preocupación se traduce en una vigilancia epidemiológica constante y, sobre todo, tiene que haber una muy buena coordinación entre los distintos actores implicados: entre autonomías y Estado, con el sistema europeo de alertas, con el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), con Salud Pública, con Protección Civil y con la Policía. Lo importante es tener mandos únicos de comunicación, indicaciones, órdenes y protocolos específicos para cada uno de los agentes que deban intervenir. La experiencia del Ébola en 2014 o de la pandemia de covid en 2020 nos ha dejado aprendizajes importantes. Hemos pasado de la improvisación a una alta especialización y, sobre todo, a una inversión en infraestructuras críticas, como esas unidades de aislamiento de alto nivel que ya existen.

¿Podemos decir entonces que estamos preparados?

Yo creo que sí estamos preparados, y el mensaje que debemos transmitir es que viajar en barco es una actividad plenamente segura, ya que actualmente todas las navieras cuentan con unos estándares de higiene y desinfección muy altos. En este caso se trata de una situación excepcional.

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