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Dossier CV Nucleares

La paradoja de la industria nuclear española: fecha de caducidad en casa y cientos de plantas en el extranjero con sello 'Made in Spain'

La empresa pública ENSI, propiedad de la SEPI, diseña y fabrica componentes clave para centrales nucleares en Europa, Estados Unidos, China y Corea del Sur

Vista general de las instalaciones de ENSA en Maliaño, en Cantabria

Vista general de las instalaciones de ENSA en Maliaño, en Cantabria / Google Earth

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Íñigo Roy

Íñigo Roy

En un país como España que ha puesto fecha de caducidad a sus plantas nucleares, puede parecer contradictorio hablar de industria nuclear o de fabricación de elementos para plantas nucleares. Sin embargo, la hay y en muy buen estado hasta el punto de que muchas de las centrales que ahora mismo están en pleno rendimiento en Europa, Estados Unidos, China o Corea tienen sello made in Spain.

En Cantabria, a apenas unos kilómetros de Santander y en plena ría, se sitúa Equipos Nucleares SA (ENSA). Esta empresa pública propiedad de la SEPI ha pasado los últimos 50 años diseñando y fabricando grandes componentes para la industria nuclear, tanto nacional como internacional, y pese a la situación que atraviesa el sector en España, ha tenido que ampliar sus instalaciones para atender la creciente demanda internacional.

La historia de esta empresa es paradójica. Como todas sociedades públicas relacionadas con la energía atómica, como Eunsa (encargada del enriquecimiento de uranio y preparación del combustible para las plantas) o Enresa (gestora de residuos y de las plantas en desmantelamiento), ENSA nació en la década de los setenta (concretamente en 1973) empujada por el plan nuclear nacional, el segundo en importancia solo por detrás de Corea, que preveía la construcción de nuevas plantas como las de Lemóniz, Valdecaballeros o Trillo II. El Estado creó esta división en Santander, en un terrenos propiedad de Patrimonio Nacional, para aprovechar la experiencia en metal y siderurgia del norte del país con el objetivo de proveer elementos necesarios para las nuevas plantas nucleares previstas o las ya operativas.

En los años 80, la decisión del Gobierno de poner fin al desarrollo de nuevas centrales con la moratoria nuclear puso en jaque a ENSA

Sin embargo, en los años 80, la decisión del Gobierno de poner fin al desarrollo de nuevas centrales con la moratoria nuclear puso en jaque a ENSA. Fue un punto de inflexión en su historia que explica su éxito. Al no contar ya con la demanda nacional, más allá del trabajo de reemplazo de elementos en la plantas actuales, el desarrollo y diseño de material se centró en la demanda internacional. En lugar de focalizarse en un único mercado tuvo que diversificar y adaptarse para sobrevivir y ahí encontró su nicho.

La planta de Santander tras 50 años de historia presume de ser capaz de construir elementos para diferentes sistemas de reactores nucleares, no solo para los que existen en España. Los trabajadores y el equipo de ingeniería de Maliaño operan con diseños de muchos fabricantes y tienen las certificaciones necesarias para hacerlo en países como Alemania, Francia o EE UU. De hecho trabajan con estrictas normas de seguridad para garantizar la propiedad intelectual de todo el material.

En un contexto como el actual, hay países que han dado marcha atrás a su políticas de repliegue nuclear y han continuado con la puesta en marcha de nuevas plantas.

La planta de Maliaño suministra desde generadores de vapor, tapas de vasija, intercambiadores de calor, bastidores, contenedores y hasta reactores nucleares.

Desde 1981, la firma española ha suministrado nueve reactores nucleares tanto a plantas españolas como de otros países como EE UU, India o Sudáfrica. Lo mismo sucede con las tapas de vasija. ENSA ha fabricado un total de 18 sellos para todas las centrales nucleares españolas y otras plantas en EE UU, Argentina, Suiza y Eslovenia.

Pero si la factoría cántabra destaca por algo es por su experiencia en la fabricación y diseño de generadores de vapor, que aprovechan el calor generado por el reactor de fisión. En total, ha suministrado 125 de estos grandes dispositivos a todas las plantas nucleares operativas en el país y también a otras muchas por todo el mundo. Son los elementos de mayor tamaño y para su construcción y posterior manipulación entra en juego el enclave en el que se sitúa la planta de Maíllo: con acceso directo a la ría y de ahí al Cantábrico.

La factoría de Cantabria está pendiente de recibir la aprobación del Ministerio de Hacienda para ampliar su capacidad

Ahora mismo, la planta se encuentra a pleno rendimiento y está pendiente de recibir la aprobación del Ministerio de Hacienda para ampliar su capacidad y atender la demanda de nuevos clientes internacionales. Los talleres metálicos, que destacan por su cualificación en soldadura y mecanizado, hasta el punto de ser una de las pocas entidades certificadoras habilitadas al respecto en el país, están trabajando ahora en la construcción de los enormes contenedores encargados por Enresa y los operadores para almacenar el combustible gastado procedente de las centrales en activo y también la desmanteladas.

En cuanto a la posible prórroga nuclear, la planta mantiene la prudencia y explica que de producirse podría plantearse la posibilidad de renovar los grandes generadores de vapor de las centrales. De momento, ENSA se ha convertido en una pieza esencial en el mantenimiento y construcción de centrales nacionales e internacionales y en la gestión de los residuos. De hecho, son los fabricantes de los bastidores donde se almacena el combustible gastado en las piscinas de las centrales y son un referente en el diseño y construcción de contenedores usados en los Almacenamientos Temporales Individualizados (ATI).

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