Salud pública
Gabriel Capitelli, epidemiólogo: “El cambio climático y la desertificación acercan los virus animales al ser humano”
El médico veterinario, catedrático en las universidades de Buenos Aires y Alcalá de Henares, considera que el hantavirus no tiene el potencial pandémico del coronavirus y alerta de que los mosquitos son uno de los grandes riesgos epidemiológicos globales

Jose Navarro
El doctor Capitelli es director científico del polo biofarmacéutico especializado en vacunas en Torre Juana OST IA de Alicante, donde estos días se encuentra trabajando. Está a escasa distancia del Hospital de Sant Joan, donde permanece ingresada una mujer de 32 años con sospecha de hantavirus. Capitelli, experto en reservorios animales transmisores de enfermedades infecciosas como ratones y murciélagos, recibe cada semana al menos una alerta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de riesgo pandémico aunque la gran mayoría se quedan en nada.
¿Cómo está viendo usted todo lo que está pasando con el hantavirus?
Los que trabajamos en epidemiología y enfermedades infecciosas, especialmente en enfermedades emergentes, vivimos permanentemente atentos a este tipo de situaciones. En este caso concreto se han juntado varios factores al mismo tiempo. El primero es el propio virus, el hantavirus, concretamente la cepa de los Andes, que tiene una característica diferencial respecto a otros hantavirus: puede transmitirse entre personas. La mayoría de los hantavirus se transmiten exclusivamente desde el reservorio animal al ser humano. En este caso existe esa posibilidad de transmisión persona a persona, aunque requiere un contacto estrecho y prolongado y no tiene la facilidad de propagación que vimos con el coronavirus.
¿Cuál es exactamente el origen de este virus?
El reservorio natural es un roedor silvestre que vive sobre todo en la cordillera andina de Argentina y Chile, conocido como ratón colilargo, porque la cola llega a medir hasta el doble de la longitud de su cuerpo. El animal normalmente no desarrolla enfermedad grave, pero sí elimina el virus a través de la orina, las heces y distintas secreciones. Ahí es donde aparece el problema epidemiológico. Cuando una persona entra en contacto con esos restos contaminados puede infectarse.
¿Cómo suele producirse ese contagio?
Muchas veces ocurre en contextos rurales o de turismo de naturaleza. Personas que hacen senderismo, observación de aves, acampadas o trabajos de campo pueden entrar en contacto con lugares contaminados por estos roedores. También ocurre mucho en graneros y almacenes rurales de la Patagonia argentina y chilena. Allí el clima tiene unas características muy particulares: es frío, seco y muy ventoso. La materia fecal y la orina del roedor se desecan con facilidad. Entonces alguien abre un granero cerrado, entra una corriente de aire, las partículas secas vuelan y se aerosolizan. Al inhalarlas, la persona puede desarrollar la enfermedad semanas después. Ese punto es muy importante porque mucha gente piensa que hace falta tocar directamente al animal, y no siempre es así. Muchas veces el contagio se produce simplemente inhalando partículas suspendidas en el aire.
Condiciones ecológicas
Insiste mucho en el papel del cambio climático y la desertificación. ¿Por qué?
Porque el gran problema moderno es la alteración de los ecosistemas. El cambio climático produce desertificación, pérdida de humedad ambiental y desplazamiento de especies animales. Cuando desaparecen determinadas condiciones ecológicas, los animales se ven obligados a modificar su comportamiento. El ratón colilargo, por ejemplo, antes permanecía mucho más aislado en áreas naturales. Pero cuando el ecosistema se seca y escasea el alimento, se acerca más a zonas habitadas por humanos buscando comida. Ahí se produce la interfaz humano-animal, que es donde aparecen las zoonosis. La desertificación favorece otro fenómeno importante: la voladura de partículas. En ambientes secos y ventosos, el suelo se vuelve más polvoriento, las secreciones se secan y las partículas contaminadas pueden permanecer suspendidas en el aire. Ese mecanismo aumenta muchísimo el riesgo de inhalación.
El problema no es solo el virus en sí...
Exactamente. Los virus siempre existieron. Lo que está cambiando es el entorno. Cambia el clima, los ecosistemas, las conductas humanas y la movilidad global. Hoy tenemos una combinación muy compleja: más contacto con fauna silvestre, más desplazamientos internacionales, más urbanización y más alteraciones ambientales. Todo eso favorece la aparición de enfermedades emergentes.
¿También influye la facilidad para viajar?
Muchísimo. Antes una infección podía quedar relativamente localizada durante semanas o meses. Hoy una persona puede infectarse en África, subir a un avión y estar al día siguiente en Madrid, Londres o Nueva York. Ese es uno de los grandes cambios epidemiológicos del siglo XXI. Los virus viajan a la velocidad de los aviones. Un ejemplo muy interesante es el virus del Oeste del Nilo, que se identificó inicialmente en zonas cercanas al río Nilo, en Egipto. Durante años parecía algo localizado. Sin embargo, las aves migratorias y los mosquitos fueron facilitando su expansión. Terminó llegando a Norteamérica y posteriormente descendió hasta Sudamérica. Hoy existen casos incluso en zonas muy australes. Eso demuestra cómo un virus puede expandirse internacionalmente cuando confluyen vectores, movilidad animal y movilidad humana.
Los virus viajan a la velocidad de los aviones
¿Qué otros virus vigilan?
Tenemos aproximadamente una veintena de virus potencialmente pandémicos bajo vigilancia internacional permanente. Entre ellos están virus como Hendra, Nipah o la encefalitis de La Crosse, además de otros arbovirus transmitidos por mosquitos. Muchos de estos virus tienen origen animal y algunos presentan fases respiratorias o transmisión vectorial que podrían facilitar brotes importantes. Los que trabajamos en epidemiología recibimos continuamente alertas sobre brotes emergentes en distintos lugares del mundo que, en la mayoría de los casos, se controlan rápidamente.
Mosquitos
¿Por qué preocupan especialmente los mosquitos?
Porque son vectores extremadamente eficaces en la transmisión de enfermedades. Un mosquito puede picar a una persona infectada y luego transmitir el virus a otra sana. Ahí comienza el problema epidemiológico. No todos los mosquitos transmiten las mismas enfermedades, pero algunos, como el aedes aegypti, pueden transmitir dengue, zika, chikungunya o fiebre amarilla. El mosquito no enferma; simplemente actúa como transmisor. Además, controlar completamente las poblaciones de mosquitos es prácticamente imposible.
En este brote concreto, ¿qué papel ha tenido el crucero?
Un papel muy importante. Los cruceros son espacios de convivencia cerrada durante periodos largos. Muchas personas compartiendo aire, zonas comunes, espacios cerrados y contacto estrecho durante semanas. Ya hemos visto brotes víricos en cruceros en otras ocasiones, especialmente gastrointestinales como norovirus. El confinamiento prolongado favorece la vigilancia epidemiológica, pero también aumenta las posibilidades de exposición entre personas: es un poco muy grave pero muy bien controlado. Si aprendimos algo con el coronavirus es que el hacinamiento facilita muchísimo la transmisión de enfermedades infecciosas.
Si aprendimos algo con el coronavirus es que el hacinamiento facilita muchísimo la transmisión de enfermedades infecciosas
¿Qué sabemos del llamado paciente cero?
Según las informaciones disponibles, aparentemente se trataría de un biólogo que había realizado actividades de naturaleza en Argentina, especialmente observación de aves. Posteriormente, desarrolló la enfermedad y falleció. Después también murió su pareja, que tuvo un contacto muy estrecho con él. Eso refuerza la idea de que la transmisión entre personas puede existir, pero requiere proximidad prolongada y exposición importante.
Larga incubación
Aquí en Alicante hay una paciente aislada que, de momento, ha dado negativo. ¿Cómo valora esa situación?
Hasta ahora es una buena noticia porque las pruebas PCR han dado negativas. También se están realizando estudios serológicos para detectar anticuerpos. El problema es que el periodo de incubación puede ser largo, hasta cinco semanas en algunos casos. Por eso las autoridades mantienen el aislamiento y el seguimiento clínico. Desde el punto de vista epidemiológico se está actuando correctamente.
¿Considera que España está gestionando bien esta situación?
Sí. Lo que se ha hecho hasta ahora es impecable. Ha habido corredores sanitarios, aislamiento preventivo y control estricto de contactos. Además, los hospitales tienen sistemas de bioseguridad muy avanzados. El gran objetivo en estos casos es cortar cualquier posible cadena de transmisión antes de que aparezca.
Lo hecho hasta ahora es impecable. Ha habido corredores sanitarios, aislamiento preventivo y control estricto de contactos
Pandemia
¿Hay realmente riesgo de pandemia con el hantavirus?
No parece probable. Para que exista una pandemia global un virus necesita varias características: alta transmisibilidad, facilidad de contagio con poca carga viral y capacidad de adaptación rápida. El hantavirus tiene una mortalidad elevada, pero no se transmite fácilmente. Necesita exposiciones largas y un contacto importante. Eso limita muchísimo su expansión.
¿Qué papel juega la prevención?
Es fundamental. Uso de repelentes en zonas de riesgo, vigilancia epidemiológica, control vectorial y educación sanitaria. Pero sobre todo necesitamos sistemas de alerta temprana. Ahí entra también la inteligencia artificial, que puede ayudarnos a modelizar el comportamiento de reservorios y vectores, detectar cambios ambientales y anticipar posibles brotes.
No parece probable una pandemia de hantavirus, que tiene una mortalidad elevada pero no se transmite fácilmente
Inteligencia epidemiológica
Precisamente ustedes están trabajando en esto en Torre Juana...
Sí. Una de las líneas de trabajo que desarrollamos es la inteligencia epidemiológica y la modelización informática del comportamiento de reservorios animales y transmisores de zoonosis. La idea es poder detectar patrones de riesgo antes de que aparezcan grandes brotes y, además, acelerar el desarrollo de vacunas mediante inteligencia artificial. En Torre Juana hacemos modelización informática o por inteligencia artificial de todo lo que tiene que ver con el comportamiento de reservorios transmisores de zoonosis. Una modificación de comportamiento de un reservorio, por ejemplo, de hantavirus puede servir de centinela para estar atentos para evitar brotes futuros. De la misma forma que estamos abocados a obtener una vacuna para las enfermedades que preocupan a Europa, tener elementos informáticos o de inteligencia artificial que nos alerten sobre la posibilidad o la probabilidad de un brote futuro es muy importante.
¿Qué lección principal nos dejó el coronavirus?
Que el mundo tiene que estar preparado para responder rápido. La próxima gran amenaza puede ser diferente, pero lo importante es tener capacidad para desarrollar vacunas en pocos meses y producirlas masivamente. La preparación ya no puede ser solo reactiva; tiene que ser preventiva. Este brote ha demostrado que se necesitan vacunas para el hantavirus.
Trabajamos con IA para poder detectar patrones de riesgo antes de que aparezcan grandes brotes
¿Hasta qué punto es importante el enfoque One Health?
No existe una salud humana separada de la salud animal y ambiental. Todo forma parte del mismo sistema. El 70-80% de las enfermedades emergentes humanas proceden de animales. Por eso médicos, veterinarios, epidemiólogos, biólogos y expertos ambientales tenemos que trabajar juntos. Ese es el enfoque One Health: una sola salud.
El presidente de Canarias no quería que atracase el buque y ha hablado de las ratas que nadan...
En biología uno más uno nunca es dos. Me ha recordado al flautista de Hamelín, cuando se llevaba las ratas al agua. Todo es posible, sin duda las ratas suben a los barcos, pero no transmiten el hantavirus. Lo transmite un ratón colilargo, que no debería subir a un barco. El reservorio no está en España, pero puede haber un primo hermano o una rata que albergue el hantavirus. Es un buen punto de estudio lo que dijo el presidente de Canarias, pero lo veo poco probable.
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