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Los Hornillos: la pieza clave para el reciclaje que da servicio a 1,6 millones de valencianos

La instalación, gestionada por Valoriza, trató más de 411.000 toneladas de residuos en 2025 y continúa incorporando tecnología para mejorar la recuperación de materiales y avanzar en economía circular

Los Hornillos ofrece servicio a 44 municipios de la comarca de l’Horta desde sus instalaciones en Quart de Poblet.

Los Hornillos ofrece servicio a 44 municipios de la comarca de l’Horta desde sus instalaciones en Quart de Poblet. / ED

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València

Cada día, millones de pequeños gestos pasan desapercibidos. Una botella de plástico depositada en el contenedor, una caja de cartón doblada antes de tirarla, una bolsa de residuos orgánicos o un viejo colchón abandonado en el punto de recogida. Son acciones cotidianas, casi automáticas, que forman parte de la relación de las personas con el reciclaje. Pero rara vez se realiza una pausa para pensar en qué ocurre después. ¿Dónde van esos residuos? ¿Cómo se transforman? ¿Qué hace posible que aquello que un día se considera basura vuelva a tener utilidad?

El 17 de mayo se celebra el Día Mundial del Reciclaje y por este motivo responder a estas preguntas adquiere especial relevancia. Reciclar no termina cuando un residuo es correctamente depositado, ahí es, precisamente, donde comienza un proceso mucho más complejo y decisivo.

En la Comunitat Valenciana, una de las instalaciones que hace posible ese proceso es la planta de tratamiento de residuos de Los Hornillos, gestionada por Valoriza Servicios Medioambientales. Ubicada en Quart de Poblet, la instalación presta servicio a 44 municipios de la comarca de l’Horta, con la ciudad de Valencia a la cabeza, dando cobertura aproximadamente a 1,6 millones de habitantes. Una dimensión que la convierte en una infraestructura esencial para el funcionamiento diario de las ciudades y para avanzar hacia un modelo más sostenible.

Solo durante 2025, la planta trató en sus cuatro líneas de proceso de fracción resto y orgánica selectiva más de 411.500 toneladas de residuos, una cifra que refleja la magnitud del reto que afrontan diariamente las grandes áreas metropolitanas. Pero detrás de ese volumen hay algo todavía más importante: la capacidad de recuperar materiales y devolverlos al ciclo productivo.

Tras los procesos de clasificación, recuperación y compostaje, en Los Hornillos se recuperaron más de 99.000 toneladas de materiales para valorización, es decir para darles una nueva utilidad, evitando que una parte significativa de esos residuos termine sin aprovechamiento.

La planta de Los Hornillos trató más de 411.500 toneladas de residuos en 2025.

La planta de Los Hornillos trató más de 411.500 toneladas de residuos en 2025. / ED

Porque una planta de tratamiento moderna ya no es únicamente un lugar donde “desaparece” la basura. Es una instalación donde los residuos se convierten en recursos.

En las líneas de tratamiento de fracción resto y orgánica selectiva, se recuperan materiales tan cotidianos como papel y cartón, plásticos, envases, briks, vidrio, aluminio o metales férricos, además de aparatos eléctricos y electrónicos. La materia orgánica contenida en los residuos urbanos, por su parte, se transforma mediante compostaje en una enmienda orgánica que puede emplearse para mejorar suelos agrícolas y favorecer su regeneración.

El reciclaje, en realidad, tiene mucho de transformación industrial. El papel y el cartón recuperados regresan a fábricas papeleras para convertirse en nuevos productos reciclados; el aluminio y el acero vuelven a fundiciones donde servirán como materia prima para nuevos elementos metálicos; los plásticos son transformados en granza o escamas que se reutilizarán en nuevos procesos industriales; y el vidrio recuperado vuelve a fundirse para dar vida a nuevos envases.

Incluso los residuos más complejos encuentran nuevas oportunidades. En la línea de tratamiento de enseres domésticos —donde en 2025 se procesaron más de 41.200 toneladas de residuos— se recuperan materiales procedentes de muebles, colchones, madera, metales o aparatos electrónicos. La madera puede tener una segunda vida como tablero aglomerado o como combustible, mientras que componentes de colchones, como espumas o metales, se reutilizan para fabricar nuevos materiales aislantes.

La reutilización directa, eso sí, sigue siendo uno de los mayores retos, ya que depende del estado de conservación del objeto original y de su capacidad para seguir cumpliendo una función útil. En la mayoría de los casos, la clave está en la transformación de esos materiales para reincorporarlos como materia prima a nuevos procesos productivos.

Pero si hay algo que define hoy a instalaciones como Hornillos es su capacidad de evolución. Lejos de ser infraestructuras estáticas, las plantas de tratamiento trabajan en un proceso continuo de mejora para responder a nuevos retos ambientales, tecnológicos y sociales.

La planta ha incorporado nueva tecnología para adaptarse a los nuevos tiempos.

La planta ha incorporado nueva tecnología para adaptarse a los nuevos tiempos. / ED

A pesar de sus 17 años de funcionamiento, las líneas de proceso de Hornillos se mantienen en constante revisión para operar a plena capacidad y mejorar la eficiencia de recuperación. En los últimos meses, la instalación ha incorporado un nuevo separador neumático destinado a optimizar la retirada de impropios en residuos de escombros, permitiendo obtener materiales más limpios y de mayor calidad.

Y el siguiente paso ya está en estudio: la incorporación de equipos robóticos capaces de reforzar el control de calidad de las líneas de recuperación de residuos, junto a sistemas de caracterización continua que permitan conocer con mayor precisión la composición de las distintas fracciones tratadas. Tecnología aplicada a un objetivo muy concreto: recuperar más y desperdiciar menos.

La innovación también mira hacia otro gran reto: la energía. En Hornillos se mantienen abiertas distintas líneas de trabajo para favorecer el autoconsumo energético de la actividad a partir de residuos recuperados dentro del propio proceso, buscando reducir costes de gestión y avanzar hacia modelos más eficientes.

Porque hablar de reciclaje también es hablar de resiliencia. Las plantas de tratamiento garantizan algo que pocas veces se percibe: que, pase lo que pase, las ciudades siguen funcionando. Durante todo el año —incluyendo episodios de crisis sanitaria o situaciones climáticas adversas— instalaciones como Hornillos aseguran la recepción y tratamiento diario de residuos, permitiendo mantener un servicio esencial para millones de personas.

El reto, sin embargo, no termina en la tecnología ni en la capacidad industrial. También depende de algo mucho más cercano: el reciclaje en casa.

El aumento progresivo de la recogida selectiva ha permitido mejorar la calidad de los materiales recuperados, aunque todavía queda margen de mejora. De hecho, uno de los aspectos más destacables de los últimos años ha sido el incremento de la recuperación de envases incluso dentro de la fracción resto, lo que demuestra que aún muchos materiales reciclables siguen llegando mezclados y pueden tener una segunda oportunidad gracias al trabajo de plantas como Hornillos.

En el fondo, el reciclaje es una cadena en la que cada eslabón importa. Desde quien separa correctamente un envase en casa hasta quienes trabajan cada día para clasificar, recuperar y transformar toneladas de residuos en nuevos recursos.

Porque reciclar no es solo reducir residuos. Es repensar el valor de las cosas. Y, sobre todo, entender que aquello que hoy es desechado puede seguir formando parte del mañana.

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