Huelga educativa
El malestar de los docentes toma la calle: “Acabamos haciendo también de padres, psicólogos, orientadores y asistentes sociales”
Muchos de los docentes que acudieron este viernes a la manifestación masiva en València explican su malestar en ratios excesivas, infraestructuras escolares pendientes o la exclusión del valenciano de las aulas

Manifestantes en la marcha por la huelga educativa en València / José Manuel López

Era tan multitudinaria que costó que empezara a moverse. “Compañeros y compañeras, segundo intento, tres, dos, uno, avanzamos”. Pero con una arenga a través de un megáfono y con la organización apartando hacia los lados hasta formar a un pasillo a centenares de personas, una marea verde de profesores de la escuela pública valenciana tomó las calles del centro de València durante horas en una manifestación masiva, histórica por lo multitudinaria y porque ofreció una imagen de unidad del cuerpo prácticamente inédita. Una marea verde formada, sobre todo, por docentes abrumados, desbordados, descontentos, que trasladaron su malestar a pancartas y proclamas. No tienen suficientes manos, ni recursos, para hacer su trabajo en condiciones: “Acabamos haciendo también de padres, psicólogos, orientadores y asistentes sociales”.
La manifestación, como la huelga indefinida que desde el lunes secundan miles de profesores de todos los niveles educativos de la enseñanza pública, la secundan los cinco sindicatos con presencia en la mesa sectorial: STEPV, ANPE, CCOO, UGT y CSIF. Pero antes que la obligatoria pancarta de cabecera con la representación de los cuatro que convocaron el paro -ANPE no llegó a tiempo pero lo secunda- marchaba un grupo de personas vestidas de negro de la cabeza a los pies. Llevaban rosas, ramos, algunas de ellas velos que les cubrían la cara.
Un "funeral" por la educación pública
Y no por casualidad. En sus primeros metros, la manifestación era en realidad una procesión fúnebre. Metidos en su papel, un grupo de docentes de varios institutos de Benicalap y Campanar que llevaban dos grandes ataúdes de cartón habían organizado un funeral para certificar, decían, la “muerte” de la educación pública valenciana, asfixiada por todas sus necesidades y carencias. Ya hace días que la iniciativa surgió como ‘performance’ en el IES Benicalap. “La cosa se ha ido extendiendo por otros centros y convocatorias”, reconoce Lluisa, que este jueves estaba también junto con sus compañeros en la protesta ante la Conselleria de Educación mientras Ortí presentaba un documento a los sindicatos.

Manifestantes vestidos de luto para el "funeral" de la educación pública valenciana en la manifestación / José Manuel López
Se ha ido extendiendo tanto que fueron la cabecera oficial de la marcha: en la plaza del Ayuntamiento, los profesores vestidos de luto se tiraron a tierra, fingiéndose muertos. Dejaron visibles las camisetas que llevaran: “muerto por el calor en el aula”, “muerto por las ratios elevadas”, “muerta por la discriminación lingüística”. Luego se levantaron para dejar flores sobre la tumba de la educación pública.
Infraestructuras, ratios, valenciano
Los dolientes contemplaban, metafóricamente, diferentes “causas de muerte” de la enseñanza y los manifestantes hablaban de diferentes motivos, tantos como puntos de la reivindicación unitaria, para protestar. Insistían todos en que no es una cuestión únicamente salarial, aunque la reivindicación de un incremento de la retribución tiene mucho que ver con una reivindicación de la “dignidad” del cuerpo, añadían. Pero va más allá.
Para una de las docentes del CEIP Padre Manjón de Elda, la que tiene más peso es la reivindicación de unas infraestructuras educativas dignas. En este colegio, el comedor está en obras. “Tenían que durar seis meses y ya va para cuatro años”, lamenta. Así que, desde entonces, y durante años, los alumnos han tenido que comer en las aulas. “Ahora estamos empezando a poder entrar a comer en lo que será el nuevo comedor pero seguimos sin cocina”, lamenta.

Ana, del CEIP Padre Manjón, de Elda, en la manifestación / Redacción Levante-EMV
Por su parte, María José es profesora en un centro educativo en Alcàsser. Para ella, en la decisión de hacer huelga y de estar en la manifestación masiva tiene mucho peso la exclusión del valenciano de las aulas. “En nuestro centro hemos tenido suerte y en la consulta salió mayoritariamente el valenciano”, dice. Se refiere a la encuesta a las familias que el exconseller José Antonio Rovira impulsó en el marco de la llamada “ley de libertad educativa”. María José considera que la consulta fue injusta porque permitió a familias escoger la lengua en la que se educarían generaciones de chavales que sucederán a sus propios hijos. Y añade que el castellano “ya estaba garantizado en las aulas”. “He pasado seis años trabajando en Orihuela. Había mucha gente con la exención, el castellano no está siendo oprimido”, asegura. La consulta fue una forma de enfrentar a las familias, considera.
La falta de recursos para la educación inclusiva es otro de los puntos de la reivindicación. Ana acudió a la marcha con un cartel que decía “Orientadores en vaga”. “Nuestro cargo de coordinación solo está remunerado en Secundaria, pero el mayor problema es la carga burocrática, el tiempo que perdemos con ella”, dice. Asegura además que faltan recursos para las pruebas psicopedagógicas y que faltan sustituciones cuando está de baja o faltan orientadores. “No hay un compromiso real por la inclusión”, lamenta.

La manifestación se vio obligada, al final, a desafiar a la lluvia / José Manuel López
Sobre la propuesta presentada ayer por la Conselleria a los sindicatos, reconoce que incluye medidas para las maestras de Audición y Lenguaje, pero recuerda que el cuerpo de orientación está compuesto por mucho más: orientadores, fisioterapeutas, profesionales de pedagogía terapéutica entre otras cosas.
En decenas de autobuses, miles de docentes de toda la Comunitat Valenciana acudieron a València a la manifestación. Por ejemplo, Pepa, del IES Pedreguer. “Lo que más necesitamos son recursos porque es complicado atender a una sociedad muy diversa de chiquillos con muchos problemas sociales”. “Hay muchas cosas que se nos escapan del papel de docente: ser madre, psicóloga, orientadora, asistente social, puente con los servicios sociales”, reconoce. Pero no solo. “Necesitamos infraestructuras, estamos dando clase en bibliotecas y pasillos, y el centro es una sauna, damos clase a temperaturas inasumibles”, lamenta. Le duele especialmente, también, dice, la exclusión de autores no valencianos que comparten lengua del temario de Bachiller.
El alumnado: "la negociación está tardando"
Los docentes llevan cinco días de huelga indefinida que ha vaciado parcialmente -al menos de profesores- los centros. Pero muchas familias y alumnos vinieron con sus claustros a la manifestación en señal de apoyo. Por ejemplo, tres alumnas de primero de Bachillerato de un instituto de Canals, el IES Sivera Font. Lola, Esther y María dicen que llevan el final de curso “bien”. “Entre las familias hay opiniones distintas sobre la huelga”, reconocen, y lamentan que se hable del profesorado como de un “colectivo privilegiado” o que “ya cobra lo suficiente”. Insisten en que la huelga va mucho más allá del salario. “Con tantos alumnos por aula es muy difícil atender como se merecen a quienes tienen necesidades especiales, y en general también se resiente el aprendizaje del resto”, dice Lola. Eso sí, espera que el pulso acabe con éxito cuanto antes. “Pensábamos que la negociación iba a ir más rápida, pero está tardando demasiado”, lamentan.
Detrás de la cabecera de la marcha, dos o tres decenas de músicos con diferentes instrumentos marcharon durante horas tocando. Tocaban a tempo y sonaban bien, sobre todo teniendo en cuenta que se acababan de conocer. Los miembros de la Asamblea de Músics per l'Educació Pública se organizaron vía WhatsApp y consiguieron movilizar a 530 personas solo por ese canal: músicos amateurs, profesores de música y profesores músicos, pero también alumnos e hijos de docentes. Se dieron cita a las 11 de este viernes en el centro de València y fue entonces cuando se dieron cuenta de que eran muchos más que cinco centenares. “Pero tenemos un repertorio común”, dice Paloma, que vino de Banyeres de Mariola. Normalmente toca el violonchelo pero este viernes se encargó de los platos.
Ese repertorio común incluye la marcha mora ‘Chimo’, el pasodoble ‘Paquito el chocolatero’ pero también la canción ‘Maricarmen’, de La Pegatina, con dedicatoria especial para la consellera de Educación del mismo nombre. Y también, cómo no, la marcha fúnebre que, con tabal i dolçaina, ya es habitual en las marchas reivindicativas para exigir responsabilidades por la dana de 2024. No es de extrañar en el funeral-protesta de la educación pública valenciana.
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