85 años del fusilamiento del rector de la UV
Colomer: "Mi padre se ofreció a defender a Peset Aleixandre, pero desde arriba le dijeron que ya tenía abogado"
Los hijos del abogado Antonio Colomer de Figueroa, que participó como alférez en los consejos de guerra de València de 1939 a 1943, revelan que la familia del rector de la Universitat de València contactó con él antes del juicio, pero que la jerarquía militar le impidió ejercer la defensa

Germán Caballero

El despacho en el que me reciben los hermanos Colomer Viadel para este encuentro es el reflejo mismo de la compleja historia de este país, de sus gentes, sus silencios, luchas y logros. Sobre la mesa, una foto en blanco y negro de su padre, el abogado Antonio Colomer de Figueroa con uniforme militar, el que llevó durante los cuatro años, de 1939 a 1943, en que estuvo habilitado para formar parte de los consejos de guerra franquistas que condenaron a muerte a miles y miles de personas en territorio valenciano. Al fondo, en grande y justo detrás, su tía Carmen Viadel posa con mirada desafiante con la bandera tricolor como modelo en el bello cuadro que Teodoro Andreu, el que fuera director de la Escuela de Artes y Oficios de València, pintó con motivo de la proclamación de la República. En medio de los dos, cientos de libros, documentos, y títulos fruto de la larga trayectoria profesional que ambos han dedicado a la docencia: en Derecho Constitucional, uno, y en Filosofía, el otro. Y el tercero, ya fallecido, fue Vicente, rector de la Universidad de Córdoba.
"Mi padre no era militar. Era un abogado al que militarizan para los consejos de guerra cuando llega el franquismo . Fue siempre defensor, ni fiscal ni vocal ponente. Siempre defensor. Casi siempre le tocaban los casos por sorteo y, con lo que había, hacía lo que podía", explican sus hijos Antonio y José Luis. Uno de los casos que más marcó a Colomer de Figueroa fue el proceso contra el rector de la Universitat de València, Joan Peset Aleixandre. "Mi padre lamentó, durante toda su vida, no haber podido defender a Peset. Siempre contaba que la familia vino a hablar con él para ver si podía defenderle porque tenía fama de poner más empeño en las defensas de sus acusados que la mayoría de letrados defensores. Mi padre aceptó y envió un escrito solicitando defender al rector, pero la fiscalía militar le respondió que no porque ya tenía otro abogado designado". Este abogado sería finalmente el alférez Francisco Carreres Calatayud, hijo del prestigioso jurista e historiador valenciano Salvador Carreres Zacarés (con calle en València). Carreres Calatayud acabaría abandonando el derecho y dedicándose a la filología inglesa. Para Colomer de Figueroa esta negativa a defender al rector y la posterior condena a muerte de Peset supuso, según sus hijos, "un poso que llevó con mucha tristeza y dolor toda su vida".

Antonio Colomer de Figueroa, durante los años que fue alférez defensor. / Germán Caballero
Este abogado nacido en una familia acomodada de la ciudad de València, hijo de abogado y nieto de militar con calle en Rocafort, tiene 33 años cuando ha de encargarse de la defensa de decenas de 'rojos' y 'rojas' de toda índole, condición y lugar para los que, casi siempre, se les pedía una pena mucho mayor que los supuestos delitos que habían cometido. El máximo castigo, la condena a muerte. Colomer de Figueroa fue el abogado de Trinidad Garrigues, Miguel Galán, Juan Bautista Isabal y nueve vecinos de l'Olleria, todos ellos fusilados, y también de otros que lograron salvarse del paredón como el cartelista Rafael Rafa Montesinos o muchos otros cuyas familias, muy sencillas, fueron "durante mucho tiempo y hasta los años 70 incluso" a su domicilio "con fruta o verdura del huerto, por Navidad o por su santo, para agradecerle lo que había hecho por su familiar", cuentan sus hijos.

Antonio y José Luis Colomer Viadel, en el despacho del primero en la Facultad de ADE del campus de Vera. / Germán Caballero
De su paso por los tribunales de guerra, Colomer de Figueroa les contó a sus hijos terribles escenas o situaciones. Por ejemplo, la invitación a asistir a presenciar las ejecuciones. "Muchos sí que iban, parece que era algo habitual, pero él no quería. No iba y negarse también era significativo", explican. Por eso, quizás, en abril de 1940, el fiscal jefe de Valencia le remitió una orden por escrito para que le informara personalmente de las rebajas de pena que solicitara para los acusados y que le "hiciera constar las pruebas que sirvan de fundamento para modificar el escrito de calificación". Además, estuvo a un tris de ser denunciado por otro militar por 'defender demasiado a los rojos', una denuncia que no llegó a prosperar pero del que él era conocedora.

Orden del fiscal jefe exigiéndole las pruebas antes de los casos. / L-EMV
Pese a que Colomer de Figueroa había intentado no acudir al frente, había sido movilizado por la República. Durante muchos meses tomó parte en los Servicios Auxiliares, pero, ya en 1944, fuera del mundo militar, un informe de Falange le reconoce como miembro "de carnet, derechista y católico". Durante la guerra, su familia había protegido a varias monjas en su chalet de Rocafort "vistiéndolas como asistentes, aunque temían porque el pelo tan corto las podía delatar". Tras firmar su adhesión al régimen y tras su paso por los consejos de guerra, en 1944 se integra en el Colegio de Abogados de València y dedica su carrera profesional al derecho mercantil. Hasta su jubilación. Ya en los albores de la democracia, su hijo pequeño recuerda que, "aunque no hablaba mucho" un día le preguntó a su padre sobre "todo esto". Su respuesta le sorprendió y todavía recuerda bien. "Me dijo, tal cual, que el mejor sistema es el socialista". Murió, en su casa de València, dos años antes de la mayoría absoluta de Felipe González.

Miguel Díaz y Carmen Viadel: el caso que cambió su vida
Entre los acusados que defendió Colomer de Figueroa estaba Miguel Díaz, jefe de la sección de perfumería de los Almacenes Cuadrado, situados en la calle Russafa. Durante los años de la guerra, los dueños huyeron y los empleados se hicieron cargo. Cuando las tropas de Franco entraron en València todos ellos fueron detenidos. "Le tocó por sorteo defender a Miguel. Investigó mucho y vio que, durante los tres años, los trabajadores ni saquearon ni se subieron el sueldo, sino que lograron beneficios. En una visita a la prisión coincidió con la mujer de Miguel, Carmen Viadel y con la hermana pequeña de ésta, Vicenta. Mi padre y Vicenta, mi madre, se enamoraron y se casaron en poco tiempo", explican entre risas. Miguel Díaz salió libre tras algunos meses en prisión y volvió a trabajar como jefe de perfumería en los mismos almacenes hasta que se jubiló.
¿Quien era Carmen Viadel Haro?
La que luego sería futura cuñada de Antonio Colomer de Figueroa fue una alumna destacada de Sorolla en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de València. Procedente de una familia liberal de Cheste (su abuelo Pedro Viadel Muñoz había sido alcalde de la localidad), aunque nacida ya en València, Carmen posó como modelo para Teodoro Andreu, discipulo de Sorolla, y su obra 'República'. La hija del pintor protegió durante la dictadura la obra dentro de un armario, sin bastidor y claveteado del reverso para que no fuese destruido. Gracias a este gesto ha llegado a nuestros tiempos y ha sido expuesta en varias muestras, la última de ella hace unos años en el Museo Valenciano de la Ilustración.
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