Dossier CV
Una mañana en el metro en hora punta: "A veces va tan lleno que no podemos subir y hay que esperar"
Una visita a primera hora de la mañana a dos de las estaciones que más viajeros diarios reciben muestra las luces y las sombras del medio de transporte más empleado en València y su área metropolitana

Germán Caballero

Cualquiera que coja un metro en València a primera hora de la mañana sabe que la paciencia es una virtud necesaria para el viajero, y el reloj, una necesidad. Cogemos el metro para ver lo que se cuece en hora punta. Y lo que bulle es la vida de miles de personas que se las saben todas para conseguir subirse a unos trenes donde no cabe un alfiler. Esa es la pura realidad.
Empezamos el itinerario en la estación de Xàtiva, la que más tráfico registra. Así fue el pasado mes de abril con 515.264 desplazamientos. Bajamos las escaleras mecánicas junto a una marabunta de personas, cada una a lo suyo y con el objetivo de subirse al tren como principal premisa. Son las 8.15 horas.

Estación de Xàtiva a las 8.15 horas del pasado miércoles. / Germán Caballero / LEV
A primera vista se detectan con facilidad los cuatro tipos de usuarios de la red de Metrovalencia: trabajadores, estudiantes, turistas y madres. Sí, en femenino. Porque los niños que nos encontramos en el camino, unos con uniforme y otros sin ellos, algunos en carro, otros en brazos y los más mayores a pie, van acompañados por mujeres rumbo al colegio. No es que no haya padres acompañando a sus hijos en metro al cole, pero nosotros no los vimos en un recorrido limitado.
Tampoco vimos libros, a pesar de la gran cantidad de estudiantes que emplean a diario el metro. Solo un joven leyendo mientras esperaba el metro. La excepción entre un mar tecnológico con el móvil como rey indiscutible y los auriculares como método infalible de aislamiento. El coronel no tiene quien le escriba, y tampoco quien le lea. Al menos, en papel mientras se espera el metro.
En primera fila y en el lugar exacto
En las estaciones con mayor tráfico (Xàtiva: L3, L5 y L9; Colón: L3, L5, L7 y L9, y Àngel Guimerà: L1, L2, L3, L5 y L9), los trenes van tan llenos que antes de que pare el convoy hay una fila de personas guardando el turno. Hay quien tiene estudiado (y medido) donde se sitúa la puerta. Dejar salir es imprescindible, pero entrar es tan importante que más de un empujón está asegurado y llevar un carro o una maleta son palabras mayores. Nos metemos en el vagón con decisión porque la duda se puede traducir en quedarse en tierra. Los vagones siempre han ido llenos en hora punta. Sin embargo, hace unos años la única posibilidad de no coger el tren era llegar segundos tarde y verlo partir sin ti. Ahora, hay que estar atento y cruzar los dedos porque puede que, literalmente, no quepas. Y eso es más norma que excepción en hora punta.

Viajeros en primera fila para subirse al tren. / Germán Caballero / LEV
Apretados como sardinas en lata, sin apenas espacio para moverse el convoy avanza. Si no te puedes sujetar de la barra no importa demasiado porque el gentío acompaña el movimiento del tren. Nadie habla. La práctica totalidad del vagón va a la suya, escuchando (o viendo) en su móvil lo que considere. Quienes ocupan los asientos se sabe de sobra que fueron de los primeros en subirse al tren, seguro que desde los municipios más alejados de la capital. Vamos con una cámara que no pasa desapercibida. Nos presentamos. Y los viajeros que nos acompañan en el trayecto hablan de las luces y las sombras de un medio de transporte imprescindible en sus vidas.
Salir con tiempo por si "no cabes en el tren"
Sonia explica que entre su casa y su trabajo distan 5 paradas: de Empalme a Àngel Guimerà. Ahora bien, como subir a un tren es una auténtica lotería, se ve obligada a salir 50 minutos antes de su casa. Si ve que no tiene hueco no se la juega. Ya no. Porque un día se metió en un hueco donde no cabía y las puertas le atraparon el codo. Se rompió el cúbito y aún está de juicios con Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) por una indemnización que no ha recibido, más allá del seguro de accidentes al viajero que le cubre la atención médica. "Prefiero salir casi una hora antes y si pierdo uno o dos trenes no agobiarme", explica.

El último viajero sube 'in extremis' al tren. / Germán Caballero / LEV
Nicol mide el tiempo que le cuesta a diario su trayecto en metro en función de si tiene "un día bueno" o "uno malo". "En un día bueno tardo una hora y media en llegar", explica la joven, que inicia el recorrido en Catarroja. Si se trata de los "días malos" tarda el doble: dos horas y media para el mismo trayecto. Lo que diferencia los días buenos de los malos es el tiempo de espera "por averías, o por huelgas, que hay muchas", afirma. Eso sí, en el trabajo "entienden" que pueda retrasarse por problemas en el transporte, aunque ella explica que coge el metro con tiempo de sobra, acostumbrada a los imprevistos. Eso sí, reconoce que la vida sin metro tras la dana es algo que espera no repetir jamás. "Fue horrible. Con todo, el metro es un medio de transporte imprescindible en el área metropolitana", afirma.
Esther también sale con una hora de antelación de lo que, en teoría, le cuesta el trayecto. Viaja con tres niñas y la pequeña, de dos años, va en carro. Y eso son palabras mayores para entrar en metros hacinados. "El metro es muy cómodo, si no va a tope. Hay veces que no podemos subir y tenemos que esperar al siguiente porque el carro no cabe ni de casualidad", asegura la mujer.
Billete a mitad de precio y más de 30 millones más de viajeros
Los trenes llenos hasta la bandera en horas puntas se reflejan en las cifras de FGV con unos números que no paran de crecer. Solo en abril, Metrovalencia contabilizó más de 7 millones de desplazamientos y 8.307.333 usuarios, lo que supone un aumento de un 11,6% respecto al mismo mes del año anterior. Eso sí, en aquellas fechas la red no estaba completada.
Entre los aspectos positivos, los usuarios de la red de Metrovalencia destacan el precio. Durante 2023, el Gobierno de Pedro Sánchez incluyó entre sus medidas una bonificación estatal del precio de los abonos de transporte, lo que permitió que la Generalitat aumentara sus descuentos hasta el 50 % en toda la red de Metrovalencia, además de la gratuidad de los jóvenes de hasta 30 años. La combinación de ambas medidas supuso un aumento en cerca de 30 millones de viajeros y situó el récord en 2024 con más de 94 millones de usuarios. En 2019, el número de usuarios rondaba los 70 millones lo que evidencia que un billete económico anima a los vecinos a moverse en transporte público.
Ahora bien, turistas en la red de Metrovalencia los hay a cualquier hora del día. Se les identifica con facilidad: no llevan prisa,. Ana, vecina del Cabanyal, afirma, sin dudarlo, que la Línea 5 (Marítim-Aeroport) es una línea "saturada" por los turistas. "No importa la hora del día. Nunca te puedes mover, entre la gente y las maletas", explica. Se despide deprisa. Acaba de llegar su tren.
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