La otra crónica
Un "quijote" con "los pies en la tierra" y en campaña
Al llegar al acto en el CEU, dos sindicalistas le gritan “volem negociar” y el jefe del Consell contesta a distancia "Després xarrem si voleu". Es el resumen en hechos de sus seis meses de presidente: recuperar la "normalidad" de ir por la calle y poder hablar

Pérez Llorca, durante el acto en la Universidad CEU-Cardenal Herrera. / Fernando Bustamante

Alcalde. Casi es la primera palabra que Juan Francisco Pérez Llorca pronuncia en el diálogo con el director de Levante-EMV, Joan-Carles Martí. Y la vuelve a utilizar cuando al acabar se dirige a hablar con una decena de educadores que están a unos metros de la puerta con sus chalecos fosforescentes de su protesta. Es el resumen en hechos de sus seis meses en la presidencia de la Generalitat, tras la salida abrupta de Carlos Mazón (ni una palabra crítica para él) por la gestión de la dana. Recuperar “normalidad”, “tranquilidad” y “estabilidad”, afirma Llorca. Y al llegar, cuando los sindicalistas son solo dos y le gritan “volem negociar” y le instan a coger la negociación “por los cuernos”, responde: “Després xarrem si voleu”. Y tanto que quieren. Allí estarán hora y pico después, ya con pancarta, pitos y crecidos en número: hasta diez.
Antes de eso, Llorca entra al paraninfo del CEU acompañado por dos consellers de rango y mando: José Antonio Rovira y Marciano Gómez (de los más próximos a Mazón en su etapa). Y también algunos cargos y un puñado de diputados, que le arropan.
Dentro se presenta el hombre que hace justo tres años ganó las elecciones para ser alcalde, pero no para ser president, aunque esa votación la seguía de cerca, que ya era hombre fuerte de Mazón en el PPCV. Pérez Llorca se enseña ante el auditorio como un político sin aristas, razonable, al que le gusta cumplir y no hacer promesas imposibles, que valora el diálogo y los acuerdos (“gobernar es pactar”), que habla tranquilo, sin exaltarse. Un “quijote” con “los pies en la tierra”, que no miente ni hipoteca el futuro y que está para solucionar problemas, no para las pancartas. Así lo va entrecomillando durante la charla.
Un político que -eso no lo dice- no deja de hacer campaña, porque no deja de subrayar que él y los suyos están en el lado correcto de las decisiones y los otros son los que se equivocan. Ni una decisión correcta. Ni siquiera al plantear una financiación autonómica con 3.600 millones más al año para la Comunitat Valenciana, porque él quiere negociar, no el ‘lo tomas o lo dejas’, aunque vaya a ser el primer presidente con el que el Gobierno se siente en su ronda de diálogo, y porque tiene claro que la reforma de la financiación no va a salir en esta legislatura. Igual que su política de vivienda sí que funciona y la del Gobierno, no. O la de los pisos turísticos. E igual que la Conselleria de Educación ha ido adaptando su propuesta ante la huelga de los profesores y el principal sindicato no se ha movido de su posición inicial.
Llorca sabe que solo el gesto de estar en la calle es la marca de distancia con el pasado
Eso dice el president, pero la realidad nunca es tan sencilla, necesita más prismas. Se demuestra al salir, cuando se acerca a los docentes y estos le expresan una visión contraria. Es la conselleria, le cuentan, la que en su última oferta no se ha movido prácticamente de su planteamiento inicial. Y le piden que no hagan aparecer a los profesores como “el enemigo”. Y le insisten en que tome las riendas directamente de la negociación para que esto acabe pronto, porque están cansados. Llorca replieca que por él, hoy mismo, pero defiende a su consellera. Todo son discrepancias, pero el diálogo es próximo, incluso se tocan los brazos, siempre bajo un montón de cámaras. Todos saben que están siendo escuchados y grabados. A un metro, a la espalda del president, sin inmutarse, pone la oreja el conseller de Hacienda (ex de Educación), Rovira, el de la caja pública, mientras vapea. Hasta que alguien del equipo del Palau advierte que les esperan en Castelló y ya está. Fin. Los sindicalistas aplauden. Quizá porque dialogar ya es un triunfo. Y Llorca sabe que solo el gesto de estar en la calle es la marca de distancia con el pasado, con la era Mazón. Parece sencillo y normal, pero no lo era.
¿Priorizamos o arraigamos?
El president se deja ver como el político próximo, como el alcalde que sale a las calles de su pueblo y habla con quien se cruza. Pero Llorca es también el político listo que pica solo en los anzuelos que quiere. Y entonces no se sabe bien si priorizamos (nacionalmente) o arraigamos, porque “cada uno lee su libro” (en referencia a Vox), pero en los números del Presupuesto, el que se presenta hoy, la prioridad es la sanidad, la educación, la vivienda y todo lo importante, no otras cosas. Pero no se trata de incomodar al socio con el que “hasta aquí” no han sido necesarias líneas rojas y Llorca aclara que él no es de firmar papeles cerrados, sino de negociación parlamentaria, así que pronostica que habrá cambios en las cuentas (estén atentos) vía enmiendas. ¿El camino de la prioridad nacional?
Y ya al final, siempre en el valenciano que trae de casa y en el que se nota cómodo, ya sea ante el auditorio, ya sea ante los sindicalistas, dice que la “prerrogativa” de adelantar elecciones es solo suya y se la guarda para utilizarla si acaso si Pedro Sánchez disuelve las Cortes Generales. Con tanta vehemencia lo afirma que uno diría que, si pasa, lo hará.
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