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Dossier CV

Radiografía del cuerpo y el alma de la Iglesia valenciana: pierde practicantes y gana competencia

La sociedad ha experimentado un proceso de secularización desde la visita de Juan Pablo II en 1982, cuando un 90,2 % se declaraba católico, frente al actual 58,6 %, con solo el 18,6 % practicante

El cierre del escándalo de los abusos a menores, la relación con el ecosistema político polarizado con una extrema derecha emergente o el uso del valenciano en la liturgia son algunos de los desafíos del arzobispado

La cúpula eclesiástica prepara un nuevo plan pastoral mientras se detecta un auge de los grupos de convivencia evangelizadora y una ola de espiritualidad laica

La economía de la Iglesia valenciana goza de mejor salud que la fe; los valencianos marcan la X en el IRPF por encima de la media, 782.000 declaraciones en 2024, un 4,2 % más

Una joven reza ante un crucifijo.

Una joven reza ante un crucifijo. / Levante-EMV

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Francesc Arabí

Francesc Arabí

València

El anticomunista Karol Wojtyla, que gobernó la Iglesia como Juan Pablo II, aterrizó en Barajas tres días después de la mayoría absoluta de 202 escaños del PSOE de Felipe González. Desde aquel 1982 la sociedad española y la valenciana han cambiado mucho. Por aquel entonces Felipe era socialista y el 98,3 % de los matrimonios (heterosexuales, por supuesto) se había casado por la Iglesia. La pared del cabecero de la cama conyugal estaba presidida por un crucifijo en el 58 % de los casos. El altar, en casa. Lo revelaba una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de agosto de ese año. El 90,2 % de la población se declaraba católica, sin matices. Era el terreno abonado que se encontró el papa polaco que celebró la eucaristía en un Paseo de la Alameda de València que se quedó pequeño.

Vigilia Pascual en la parroquia de Santa Maria del Mar, en el Grau de València.

Vigilia Pascual en la parroquia de Santa Maria del Mar, en el Grau de València. / Levante-EMV

Esta vez, el papa León XIV no ha incluido a la Comunitat Valenciana en su viaje (del 6 al 12 de junio) a España. Se encontrará una sociedad mucho más secularizada y en la que la Iglesia ha perdido protagonismo. Tiene serios competidores. Desde el agnosticismo o el ateísmo a otras religiones que han crecido en parte ligadas al fenómeno migratorio. Como el islam, los cristianos ortodoxos, adventistas, testigos de Jehová, evangélicos o budistas.

La Iglesia ha tenido que bregar, además, con una asignatura pendiente que durante décadas ha incubado fantasmas bajo un manto de silencio: la pederastia, los abusos sexuales infantiles en colegios e instituciones católicas. Pecado que, por cierto, afecta también a otras confesiones.

Casi un 25 % se declara ateo o agnóstico

La radiografía del cuerpo y el alma de la Iglesia y la sociedad valenciana dibuja apenas un 18,6 % de católicos practicantes y un 40 % que dice ser católico no practicante. El 11,1 % de la población se declara agnóstica y el 13,3 %, atea. Un 3,6 % se considera creyente de otras confesiones. El Barómetro sobre Religión y Creencias de España (BREC) revela que, practicante o no, un 49 % de los ciudadanos se considera creyente religioso. La práctica totalidad (46 %), de la fe católica.

La pluralidad religiosa queda retratada también cuando se repasa el censo de lugares de culto en la Comunitat Valenciana, elaborado por el Observatorio del Pluralismo Religioso en España. En septiembre de 2023 existían 895 locales de rezo no católicos: 421 en Valencia, 362 en Alicante y 112 en Castellón. Son 151 más que los existentes diez años antes.

La secularización social está acompañada de un crecimiento de lugares de culto no católicos

El parque inmobiliario valenciano de culto ajeno al catolicismo representa el 11,53 % de los 7.756 locales religiosos existentes en toda España. Un total de 4.359 de estos lugares son evangélicos; 1.749, de rezo musulmán y 633 salones del reino de los testigos de Jehová. El resto, iglesias ortodoxas, adventistas o centros budistas. En la Archidiócesis de Valencia hay censadas 640 parroquias, 375 iglesias no parroquiales y 65 espacios dependientes de otras parroquias. La relación de la Iglesia Católica con otros credos es "buena". Eso dicen desde el arzobispado, y recuerdan que existe una delegación de ecumenismo para tender puentes con otras religiones.

Momento de rezo en la Gran Mezquita de València.

Momento de rezo en la Gran Mezquita de València. / Miguel Ángel Montesinos

Experiencias Emaús, Effetá y grupos Alpha

Que el número de practicantes ha ido en retroceso es una evidencia, tanto como la citada secularización social. “No vamos a volver a los números de principios de siglo XX. Tampoco se pretende. La cristiandad ha acabado, ya lo decía el papa Francisco. La cristiandad fue un modelo de vivir el cristianismo”, reflexiona el decano de la Facultad de Teología de València, Santiago Pons.

Con todo, asoman indicios que denotan un cierto resurgir de la fe católica y de una especie de espiritualidad laica. ¿Hay, de verdad, indicadores? En el seno de la Iglesia han crecido experiencias espirituales como los retiros Emaús o los Effetá. También han crecido los encuentros de los grupos Alpha, una experiencia de cursos de “encuentro con Dios” importada del mundo protestante y cuya duración es de tres meses. Caminos todos que persiguen la evangelización. “No significa proselitismo; como dijo el papa Francisco no se trata de buscar adeptos sino de tocar corazones”, advierten en el arzobispado.

Hitos culturales testimonian esa espiritualidad. Como la película Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, o el fenómeno Rosalía con su álbum Lux. ¿Una moda o una nueva ola de espiritualidad? “Creo que no es una moda; es verdad que nos hemos preocupado de las necesidades materiales y hemos obviado las grandes preguntas. Por eso ahora me encuentro con chavales que no han tenido ninguna educación religiosa y están buscando a Jesucristo, que para ellos es una novedad”, subraya Pons, quien apunta otros indicadores de ‘brotes verdes’ como el crecimiento de estudiantes de Teología. El arzobispo Enrique Benavent habla del “renacer de una inquietud espiritual ante un mundo secularizado que genera vacío”.

Opus, 'kikos' o Legionarios pierden fuelle

Ya lo explicó el psicólogo Abraham Maslow con su pirámide sobre la jerarquización de las necesidades humanas. En la base, las fisiológicas (alimentación, descanso o sexo) y en la cúspide, aquellas que tienen que ver con autorrealizarse. Por eso, donde se pasa hambre sobran los psicólogos, que son el médico de cabecera de las sociedades con altos índices de colesterol. Aquellas en las que los sujetos hacen introspección, se apuntan a taichí, a yoga o buscan a Dios.

Inauguración de la Iglesia de San Josemaría Escrivá, en València, la primera dedicada al fundador del Opus Dei.

Inauguración de la Iglesia de San Josemaría Escrivá, en València, la primera dedicada al fundador del Opus Dei. / Pablo Casino

No hay cifras oficiales sobre los movimientos organizados que conviven en la Iglesia y que crecieron al calor de la “nueva evangelización” auspiciada por Juan Pablo II. Durante años, indican fuentes conocedoras de la realidad eclesial, esta misión fue subrogada a movimientos como el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal -los ‘kikos’- o los Legionarios de Cristo… Hoy este tipo de comunidades eclesiales han perdido fuelle. Incluso León XIV les ha marcado límites, aunque siguen teniendo una notable implantación. El Opus cuenta con unos 95.000 adeptos, de los que 2.300 son sacerdotes. La delegación de Aragón y Levante, que incluye a la Comunitat Valenciana, es de las más pujantes. En la ciudad de València cuentan con dos parroquias encomendadas a sacerdotes de la prelatura: San Juan del Hospital y la parroquia de San Josemaría Escrivá, además de casas de retiro e iniciativas sociales y educativas.

Los ‘kikos’ no ofrecen cifras por diócesis. Según las últimas globales, de julio de 2025, hay 20.300 comunidades registradas. A cierre de 2025, había 1.327 legionarios de Cristo, con 1.049 sacerdotes y 203 religiosos en formación en 23 países.

Benavent y su nuevo plan pastoral

Ahora, la misión evangelizadora corresponde a toda la Iglesia. El arzobispo Benavent está impulsando un nuevo plan pastoral que ha de partir de “un proceso participativo, que no sea impuesto desde arriba”, dice. La Iglesia habla de un “nuevo momento de evangelización”, apunta Pons, quien habla de una “cultura pastoral”. “Nuestro mundo ha cambiado y exige un cambio de mentalidad, en los pastores y en los laicos”, indica.

Otro de los retos que afronta la Iglesia tiene que ver con la gestión de sus relaciones con un ecosistema político polarizado y en el que un nuevo actor disruptivo emerge a escala planetaria: la extrema derecha trumpista. En un encuentro con obispos celebrado en febrero y al que asistió el arzobispo de Valencia, el papa Prevost habló de la relación con la política. Y criticó el uso de la religión como baza para captar votos. “Dijo que a veces podemos caer en el peligro de identificar la fe con una ideología”, contó Benavent sobre la reunión. Para el arzobispo, la Iglesia ha de ceñirse a los principios de su doctrina social, el "respeto a la dignidad humana, la paz y la libertad".

El arzobispo Enrique Benavent, en un acto en Paterna.

El arzobispo Enrique Benavent, en un acto en Paterna. / José Manuel López

El Arzobispado valenciano coincide con el papa en el peligro de la ideologización de la fe, del cristianismo

No se pueden avalar, por ejemplo, discursos contra la dignidad de las personas migrantes. Así lo reflexiona Santiago Pons: “Un cristiano no puede estar a favor del aborto o de la eutanasia, pero claro, ha de estar preocupado por la vida al principio, al final y enmedio”. Coincide con el papa en el gran peligro de la “ideologización de la fe, del cristianismo”. “No te puedes casar con ningún partido en concreto”, asevera.

Con todo, un sacerdote nada oficialista lamenta que en su primera encíclica, la Magnifica Humanitas, León XIV no haya dedicado ningún capítulo al ascenso del trumpismo, cuando sí critica a los tecnooligarcas en el marco de su revisión crítica a la aplicación de la IA.

Los abusos a menores, la asignatura vergonzante

Si hay una asignatura histórica pendiente es el escándalo de la pederastia. El impulso de Benedicto XVI y, sobre todo, del papa Francisco fue clave para mirar a los ojos del problema. La Iglesia valenciana ha secundado la misma estrategia que la Conferencia Episcopal Española. Aunque muy tarde, ha expresado el rechazo a los abusos, defiende la cooperación con la justicia, ha aplicado protocolos preventivos y la política de la reparación. En 2020, el arzobispado, con Antonio Cañizares al frente, fue pionero en crear la Oficina de Protección del Menor (OPM), un cauce para denunciar, verificar, contactar con la víctima, reparar, acompañar y derivar el caso a la Fiscalía, si procede. Se aprobó, además, un Protocolo de Prevención y Actuación, cuya filosofía se resume en “una sola víctima son muchas”. La formación es otro de los cometidos de esta oficina que, desde 2024, ha organizado jornadas para más de 2.000 agentes de pastoral y educadores.

El número de víctimas valencianas ‘protocolizadas’ es ridículo comparado con la magnitud real del problema. No llega ni a diez. Y a los abusos se sumó el escándalo de las terapias de conversión

El número de víctimas valencianas ‘protocolizadas’ es ridículo comparado con la magnitud real del problema. No llega ni a diez, según el propio Benavent. De las cuatro víctimas que pidieron ser reparadas, una ha sido indemnizada y tres expedientes están en estudio. El informe elaborado por el Defensor del Pueblo sobre la materia cifraba entre 10 y 20 los casos valencianos y cuestionaba la colaboración a la hora de aportar los datos.

Otro tipo de abusos se destaparon en julio de 2024; el escándalo de las “terapias de conversión”. Fue a raíz de una exclusiva publicada por el periodista Gonzalo Sánchez en este diario. Cinco alumnos del colegio concertado de Alaquàs Madre Josefa Campos denunciaban que el docente Federico Mulet les sometió a “terapias de conversión” para modificar su orientación sexual.

Las denuncias apuntaron al Centro de Orientación Familiar Mater Misericorde, de València, dirigido por Mulet. Desde el arzobispado se sostuvo que el COF era una asociación pública de fieles pero no formaba parte de la estructura eclesiástica. El arzobispo abrió una investigación en 2024, que se saldó, el 11 de febrero de 2025, con la suspensión de actividad del COF y la aceptación de la renuncia de Mulet.

Dios no entiende el valenciano

Josep Antoni Comes, fundador y primer director de la revista Saó; Emili Marín, quien también estuvo al frente la publicación decana en valenciano, el pare Pere Riutort… Y unos cuantos sacerdotes más defensores de la normalización lingüística de la Iglesia valenciana han muerto sin que el misterio del misal en valenciano se haya hecho carne. 43 años después de la aprobación de la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià y cuando han pasado 62 años desde que el Concilio Vaticano II abrió la puerta a las lenguas vernáculas en la misa, el valenciano sigue proscrito en la liturgia. “Mi deseo es que el misal en valenciano estuviera hecho, pero mientras el valenciano sea objeto de debate político (…) es muy difícil hacer un misal que no sea polémico”. La confesión es de Enrique Benavent, valencianohablante de Quatretonda. “Me gustaría una misa al día en valenciano en la Catedral, pero no tenemos la situación propicia”, admitía en una entrevista en Levante-EMV.

Hubo algún intento histórico, pero tropezó con un conflicto que no es pastoral. El 9 d’octubre de 1974 se presentó el Llibre del Poble de Déu, un misal en valenciano impulsado por una comisión presidida por Riutort. Pero llegó la modélica Transición, con las dos bombas contra Joan Fuster o la carta bomba contra Sanchis Guarner, y hubo quien encendió la pira lingüística. Y se esfumó el manual litúrgico.

43 años después de la Llei d’Ús y a los 62 del Concilio Vaticano II, sigue sin haber misal en valenciano

Académicos de la AVL, con ejemplares del misal 'Oracional valencià'.

Académicos de la AVL, con ejemplares del misal 'Oracional valencià'. / Levante-EMV

En 2015, la AVL publicó Oracional valencià y el arzobispo Cañizares, acusó a los académicos de quebrar la “paz social”. Benavent, por contra, empezó a publicar cartas pastorales bilingües en 2023 y textos evangélicos en valenciano en 2024, año en el que también vio la luz Evangeli per a cada dia. Tanto la secesionista RACV como Vox lo acusaron de catalanista por usar la normativa oficial de la AVL. Quizás, el exsacerdote Antoni Signes tenga razón cuando afirma que el problema radica en que quienes “más defienden la lengua, no suelen ir mucho a misa”.

El cepillo y la X del IRPF van a más

¿Y cómo anda de salud económica la Iglesia valenciana? En el ejercicio de 2024 declaró casi 64 millones de ingresos, que han crecido un 30,5 % en un lustro, desde los 49,05 millones del año anterior a la pandemia. Las principales partidas de financiación de la archidiócesis son las aportaciones de los fieles (32,36 millones), la asignación del IRPF (16,68 millones), las rentas y actividades patrimoniales (7,69), los servicios y subvenciones públicas (2,01) y los ingresos extraordinarios por operaciones puntuales (4,68). Las grandes partidas de gasto, en 2024, fueron la conservación y funcionamiento (20,93 millones), el clero (16,90), la actividad pastoral y asistencial (13,48 millones), el personal seglar (6,90), la formación (2,07) y la rehabilitación de templos (2,85).

La economía de la Iglesia valenciana goza de mejor salud que la fe. En buena medida, porque los valencianos marcan la X del 0,7 % en la declaración del IRPF por encima de la media. En 2024, fueron 782.000 valencianos los que eligieron destinar una parte de los fondos a la Iglesia Católica. Un 4,2 % más que el año anterior. 23.000 declaraciones más.

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