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Dossier CV

La tierra de papas donde las visitas pontificales han ido unidas a grandes tragedias

La llegada de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982 se produjo después de la pantanada de Tous y la de Benedicto XVI cinco días después del accidente del metro de 2006

El V Encuentro Mundial de las Familias se saldó con dos causas judiciales, 19 condenados y 20,3 millones de coste

El cardenal Josep Ratzinger saluda a su antecesor, Juan Pablo II, el 22 de diciembre de 2003.

El cardenal Josep Ratzinger saluda a su antecesor, Juan Pablo II, el 22 de diciembre de 2003. / Osservatore Romano

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València

València es “tierra de papas, el solio de Pedro no es ajeno a nuestra historia y constituye siempre timbre de orgullo y fidelidad”, aseguró el alcalde de València, Ricard Pérez Casado, al recibir al papa Juan Pablo II en su visita el 8 de noviembre de 1982. Fue una de las dos visitas pontificias que ha tenido la ciudad, más de quinientos años después de que dos miembros de la familia Borja, ocuparan eltrono de San Pedro: Calixto III (1455- 1458) y Alejandro VI (1492-1503). Las dos visitas papales han ido unidas a dos de las grandes tragedias de la historia en la Comunitat Valenciana. La visita de Juan Pablo II en noviembre de 1982 se produjo después de la pantanada de Tous, registrada el 20 de octubre de 1982, con nueve personas fallecidas y miles de damnificados en la comarca de la Ribera (Alta y Baixa). Y la del papa Benedicto XVI con la del accidente del metro en la estación de Jesús, que dejó 43 muertos y 47 heridos.

Juan Pablo II (1920-2005), el tercer pontífice más longevo de la historia (desde 1978 hasta 2005), debía haber visitado la ciudad de València el mismo día que se produjo la pantanada de Tous. Así lo contaba el abogado y político Emilio Attard (1915-1997), en un artículo de opinión publicado en el periódico Levante que en 1982 estaba dirigido por José Barberá Armelles, padre de la alcaldesa de València de 1991 a 2015, Rita Barberá Nolla. “Os llegaba la hora de Valencia, para el 20 de octubre, si no se hubiera aplazado el primer proyecto del viaje papal, estaba prevista la estancia en Valencia de Juan Pablo II, y fue precisamente en esa fecha cuando se produjo la gran riada de este siglo". En realidad, fue el segundo aplazamiento de la visita del sumo pontífice a España. El primer retraso se debió a los atentados que sufrió Karol Józef Wojtyła (el primero más grave el 12 de mayo de 1981 en Roma y el segundo en Fátima, el 12 de mayo de 1982, aunque tras este último se mantuvo la agenda). El segundo retraso se produjo en agosto de 1982, tras decidir el presidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo adelantar las elecciones generales. De ahí que el viaje inicialmente previsto del 14 al 23 de octubre, se retrasó del 31 de octubre al 9 de noviembre para no interferir en la campaña electoral.

La jornada de Juan Pablo II en València fue maratoniana, según las crònicas de aquel día. El avión de las fuerzas aéreas que trasladaba al sumo pontífice aterrizó a las 8.50 horas del 8 de noviembre de 1982 en el aeropuerto de Manises. A pesar de la intensa lluvia de la madrugada anterior, muchas personas esperaron en tiendas de campaña la llegada del sumo pontífice. A pie de avión le esperaban “además de los obispos, el capitán general, Rafael Allendesalazar; el presidente del Consell, Enrique Monsonís; el gobernador civil, José María Fernández del Río; el presidente de la Diputación, Manuel Girona; el alcalde de Manises y otras autoridades civiles y militares”. A partir de ahí una intensa agenda. Parada en Xirivella para bendecir la cruz de término, en presencia de representantes de 540 cámaras agrarias. Después visita a la catedral donde el alcalde Ricard Pérez Casado le entregó las llaves de oro de la ciudad. Tras visitar la capilla del Santo Cáliz en la Catedral y la Basilica de la Mare de Déu dels Desemparats, Juan Pablo II bendijo a las personas mayores que lo esperaban “desde muy temprana hora de la mañana”.Y descubrió una placa conmemorativa en la Casa Vestuario, que recuerda su paso por València.

Juan Pablo II también ordenó a 141 nuevos sacerdotes en una misa celebrada en la Alameda de València ante “un millón de personas”. De València partió la comitiva de cuatro helicópteros a Moncada, donde le esperaban en el Seminario Metropolitano “más de 7.500 sacerdotes y seminaristas llegados de toda España” a los que dirigió un discurso. Además de almorzar en el recinto, donde “se guisaron en total seis paellas de 500 plazas, dos de 600 plazas, dos de 1.200 plazas y una de 1.800 plazas”.

Los mismos helicópteros trasladaron al papa a la iglesia de la Mare de Déu de Lluch, en la muntanyeta del Salvador de Alzira, donde se refugiaron muchas personas durante la pantanada del 20 de octubre de 1982 que afectó a 29 municipios, provocó la muerte a nueve personas y dejó más de 33.000 familias damnificadas y pérdidas que estimaron en 55.000 millones de pesetas. Una visita pontificia improvisada supuestamente para arropar a los damnificados, aunque cuarenta años después, en las páginas de Levante-EMV de la edición de la Ribera se revelaba que el encuentro estuvo totalmente blindado ya que “organizadores muy ligados al Opus ejercieron un control absoluto y apenas permitieron que los damnificados se acercaran al Pontífice”. El empresario de Alzira Luis Suñer (que había sido secuestrado por la banda terrorista ETA en 1981) fue uno de los pocos que pudo saludar al papa. Pasadas las 18 horas de la tarde, Juan Pablo II emprendía viaje a Madrid en un DC-8 de la fuerza aérea.

Veinticuatro años después, la “València, tierra de papas” se preparaba para recibir la visita otro sumo pontífice, Benedicto XVI a València con motivo del V Encuentro mundial de las familias. Una visita de dos días, 8 y 9 de julio de 2006, que hizo correr ríos de tinta, aunque por motivos mucho más terrenales que los espirituales que provocaron la visita pontificia. El evento mundial generó años después dos causas judiciales. Una acabó en una condena a 19 acusados juzgados en 2020. Y la otra acabó en archivo para otras diez personas investigadas.

La condena se produjo en una de las seis piezas separadas de la trama valenciana del caso Gürtel. La Audiencia Nacional condenó el 25 de noviembre de 2020 a 19 de los 23 acusados iniciales por la adjudicación ilegal desde Ràdio Televisió Valenciana (RTVV) al Grupo Correa del contrato de suministro de pantallas, sonido y megafonía para retransmitir al mundo la visita de Benedicto XVI a València. La sentencia consideró probado que de los 7.493.6000 millones (IVA incluido) que pagó RTVV por el contrato para la retransmisión de la visita del papa, 3,2 millones fueron sobrecostes que se repartieron los cabecillas de la trama Gürtel con las empresas pantalla y el director de RTVV, Pedro García Gimeno, que recibió 500.000 euros en mordidas y regalos como el uso de un coche Minicooper.

La Audiencia Nacional condenó a penas de cárcel de 6 a 15 años a los principales cabecillas de la trama Gürtel (Francisco Correa, Pablo Crespo o Álvaro Pérez Alonso «El Bigotes») por amañar los contratos para retransmitir la visita papal. También se condenó a ocho exdirectivos de RTVV por impulsar o colaborar en el amaño del contrato para la retransmisión del evento. La responsabilidad penal se extinguió para dos de los acusados que fallecieron durante y después del juicio, antes de conocerse la sentencia: el exconseller Juan Cotino, considerado el «factótum» de esta trama, y un jefe técnico de RTVV. La sentencia fue recurrida por algunos de los acusados que no alcanzaron una conformidad, pero el Supremo la ratificó el 10 de abril de 2023.

La otra causa abierta con motivo de la visita del papa se archivó definitivamente el 19 de abril de 2021 por la sección cuarta de la Audiencia de València. Se trataba de una investigación abierta por malversación, prevaricación y fraude a la Administración en la organización de la visita del sumo pontífice, por los once contratos adjudicados por la Fundación V Encuentro Mundial de las Familias (Fvemf). Entre los diez investigados estaban el expresidente de la Generalitat, Francisco Camps; el obispo auxiliar, Esteban Escudero y el exvicepresidente del Consell, Víctor Campos, entre otros. La causa se archivó finalmente porque los magistrados consideraron que «tras cinco años de pesquisas, no se ha demostrado que a través de los contratos se hubiera favorecido a determinados contratistas o a la fundación misma (...) No se adivina, ningún propósito delictivo en el acuerdo de creación de la fundación, ni actuación posterior».

El coste de la visita del papa a València también generó polémica. La Generalitat sólo admitió durante años haber destinado 20.000 euros. La factura real para el erario de la visita de Benedicto XVI ascendió a 20,3 millones de euros. Un cómputo realizado por la oficina de recuperación de activos de la Generalitat y que sumó el dinero invertido para engalanar la ciudad a través de la empresa pública Vaersa (750.011 euros); los 14,3 millones gastados por RTVV para retransmitir los actos, los 194.456,83 euros que pagó Cacsa para el centro de prensa y los 3.306.897 euros para extinguir la Fundación V encuentro mundial de las familias en 2014.

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