Medio ambiente
Mayo es más julio que nunca: datos, récords y expertos que constatan que el verano llega antes
València y Castellón registraron el jueves la primera noche tropical del año con 21,4 y 20,5 grados respectivamente
Tres de cada cuatro días con ola de calor en la Comunitat Valenciana se han registrado desde el año 2010

Playa del Cabanyal de València en una imagen de archivo. / JM LOPEZ / LEV

El quinto mes del año se cierra con un "prolongado y anómalo episodio, con temperaturas típicas de mitad de mayo [...] y equivalentes a un día normal de mitad de julio" en la Comunitat Valenciana, como así lo remarca la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). La sensación general es que el verano ha llegado antes de tiempo con máximas por encima de los 35 grados, imágenes de playas llenas hasta la bandera y pocos transeúntes por la calle en las horas centrales del día; los que se atreven, buscan irremediablemente la sombra. La población siente que mayo es más julio que nunca, pero no es solo una intuición es una constatación que refrenden los datos, los récord térmicos y la opinión de los expertos.
"La gente vive cada vez con más claridad que el calor en verano es más intenso, que las olas de calor son más pronto y más persistentes". Quien habla es Samira Khodayar, Coordinadora del Área de Meteorología y Climatología del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), quien alerta de la "situación actual sin precedentes" que se está viviendo en el litoral mediterráneo como consecuencia del "cambio climático". El principal resultado, prosigue, es que "todo el sistema climático se ha desplazado" y, por eso, se producen fenómenos meteorológicos "más intensos con mayor frecuencia" y que afectan a "más territorios".
Distinta entidad, pero mismas conclusiones ofrece José Ángel Núñez, jefe de Climatología de la Aemet de la Comunitat Valenciana: "La expansión del verano térmico se está produciendo hacia mayo y junio, más que hacia principios del otoño". Los datos lo refrendan. En 2025, mayo registró una temperatura media de 17,9 grados, 0,9º superior a la de la climatología de referencia, la del periodo 1991-2020; y la anomalía se disparó 3,7 grados por encima de lo que es habitual en junio, un mes "extremadamente cálido", según la Aemet. Y el mismo Núñez explicaba en un artículo que "en la serie de 10 años (2000-2019), el verano se habría expandido 15 días, siete hacia el otoño y ocho hacia la primavera".
En la última semana, el anticipo de la estación estival ha quedado de nuevo constatado. Los 37,4 grados registrados en Llíria el viernes, el valor más alto del día más caluroso de mayo, y en gran parte de "las zonas bajas del prelitoral". En València, por ejemplo, se superó el viernes, por primera vez este año, la barrera de los 30 grados; el mercurio se disparó hasta los 34,6 grados a las 10 de la mañana y no subió más por la entrada de la brisa. La máxima del viernes es la segunda más elevada para un mes de mayo de toda la serie histórica, solo superados por los 42 grados registrados en València, el 14 de mayo del año 2015, cuando la ciudad sufrió una anomalía térmica de 18,7 grados, un día de "extraordinario calor". Pero hay más evidencias. La temperatura superficial del mar alcanzó el jueves una temperatura máxima de 22,61 grados, inédita hasta ahora a estas alturas del año; y la madrugada del jueves al viernes, Castelló y València vivieron la primera noche tropical de 2026 con mínimas de 21,4 y 20,5 grados, respectivamente. El del Cap i Casal es el séptimo valor más alto en un mes de mayo. El récord (22,4º) tuvo lugar en 1961, hace 65 años, pero los otros seis se han dado desde el año 2000.
Olas de calor y noches tórridas
¿Anticipan estos registros un verano de sofocante calor? No se puede aseverar, pero los factores existen para que, por sexto año consecutivo, la estación sea con mucha probabilidad "muy cálida". "No significan que los veranos vayan a ser siempre iguales -, explica Khodayar-, pero la tendencia es clara". Uno de los factores determinantes es el de la temperatura del mar porque, como explica Núñez, un "mar tan cálido, anticipa noches de verano tropicales (por encima de los 20 grados) o tórridas (con más de 25 grados) porque el calor acumulado en el mar es más difícil que descienda de forma significativa". Sin una diferencia térmica significativa entre la superficie marina y la tierra, la brisa es mucho menos imperceptible y, por tanto, no contribuyen a restar bochorno a las horas sin sol.
Solo en 2025, València padeció 21 noches con mínimas por encima de los 25 grados. Desde que hay registros, ha habido 162 noches tórridas en la ciudad; pero tres de cada cuatro de ellas se han producido en los últimos 15 años. Entre 1940 y 2010, solo hubo 19. Es decir que, en 70 años, el Cap i casal vivió menos noches tropicales que el año pasado. De hecho, desde hace una década, siempre ha habido al menos una madrugada con mínimas por encima de los 25 grados y más de una decena por año desde 2022. Significativo, sin duda.
Lo es también el número de día en ola de calor acontecidos en la Comunitat Valenciana desde que hay registros: 281. Casi un año de temperaturas extremas y persistentes. Pero lo más relevante es que tres de cada cuatro de estas jornadas sofocantes -222- se han registrado en los últimos 15 años; en los 50 ejercicios precedentes, desde la primera ola de calor registrada en España desde 1975, la autonomía solo padeció medio centenar de jornadas bajo la canícula. "Aun así, debemos tener en cuenta que en las zonas de interior, las olas de calor son un 65 % más intensas", apunta la experta del CEAM.
El impacto en la sociedad
Los datos e hitos térmicos impactan directamente en la sociedad: en la salud de las personas, en la demanda energética, en la agricultura. Lo recuerda Khodayar, quien insiste en la necesidad de "adaptar la planificación" de las administraciones para afrontar un "periodo estival extendido" de mayo a septiembre. En 2025, por ejemplo, hubo 434 muertes atribuibles a las altas temperaturas, según los datos recopilados por el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto Carlos III.
La intensidad del verano puede propiciar un otoño de precipitaciones abundantes porque la temperatura del mar se convierte en una fuente de energía para la atmosfera. A mayor calor, más vapor de agua y, con más humedad, la atmosfera aumenta su capacidad de acumular agua evaporada. "Aunque la temperatura del mar no es el único factor necesario -, recuerde Khodayar-, es una de las condiciones para que las lluvias sean más intensas".
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