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Educación

Guillem, el mejor alumno de las PAU en la UPV que estudiará Filosofía: “Las humanidades hacen que merezca la pena vivir la vida”

En la fase general, que se calcula sobre 10, este estudiante del IES Abastos ha sacado un 9,73

Guillem, el joven con la mejor nota de la PAU de València

Francisco Calabuig

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Marta Rojo

Marta Rojo

València

Dice Guillem al teléfono que estudiará “filo”. ¿Filología catalana, inglesa? “‘Filo’ de Filosofía, no de Filología”, corrige. No es la primera vez que le ocurre, y no solo con periodistas. También entre sus amigos y sus familiares, que han ido “digiriendo” que Guillem Ramírez, que escogió el Bachiller de Ciencias en primero, que se planteó estudiar Física, que ha sacado un 13,6 sobre 14 en las PAU de 2026, finalmente se ha decantado por estudiar Filosofía.

La de Guillem es la mejor nota en la fase general de todo el alumnado que se presentó a las Pruebas de Acceso a la Universidad en la Universitat Politècnica de València. En esta parte, que se calcula sobre 10, este estudiante del IES Abastos ha sacado un 9,73. Es decir, que si solo se hubiera examinado de la fase general, con esa nota ya habría podido entrar en Filosofía, cuya nota de corte es de 8,4 en la Universitat de València, donde Guillem quiere entrar a estudiar.

“Me atraían algunas carreras de ciencias y, de hecho, mi segunda opción era Medicina, así que pensé en prepararme Biología y alguna otra asignatura y optar a este grado”, relata. Pero se dio cuenta de que su camino tenía que ser otro. “En Primero hice Ciencias porque es el típico pretexto de ‘como eres bueno en Ciencias, te aseguras la carrera de Ciencias y si quieres luego ya haces la de Letras’, pero me di cuenta de que en lo que disfruto es en Filosofía”, rememora.

Guillem Ramírez, mejor nota de las PAU de 2026 en la UPV, ante el IES Abastos

Guillem Ramírez, mejor nota de las PAU de 2026 en la UPV, ante el IES Abastos / Francisco Calabuig

“Los estudios ya no te garantizan el futuro”

Y es que en las ciencias, dice, “está todo tan infantilizado y es todo tan mecánico” que le resulta distante. “Que caiga la pelota a tres metros o cinco metros me da igual, pero saber la manera en que deberíamos vivir, o qué es lo más ético, por ejemplo, sí que me produce algo”, reconoce. Así que, resume Guillem: “las ciencias son interesantes e importantes para la vida, pero las disciplinas humanísticas son las que hacen que merezca la pena vivirla”.

Sabe que es un momento en que las humanidades están “perdiendo valor”, pero no solo esta rama del conocimiento. “Hoy, los estudios ya no te garantizan el futuro, y a veces la generación de nuestros padres todavía proyecta una imagen de España en la que tienes que estudiar para tener trabajo”, dice. “Nos quieren proyectar un momento histórico que ya no existe”, lamenta Guillem.

A él le gusta la idea de acabar dedicándose a la docencia. “El mundo universitario me atrae mucho, la investigación, de hecho he estado yendo a la facultad a clases algunas tardes”, reconoce. Ser profesor de Filosofía en un futuro le parecería “una cosa muy bonita”. En el pasado, no había tenido muchos referentes de buenos profesores de Filosofía. “Hasta este año, cuando he tenido un profesor espectacular, no había encontrado ese Merlí”, dice en referencia a la serie de televisión. Encontrar a un docente que “cuenta las cosas con pasión” marca la diferencia, dice.

“En las PAU, es saber a lo que vas”

Aunque ha acabado sacando casi un 14, la sensación que tuvo cada Guillem tras cada examen de las PAU fue de “catástrofe”. “La verdad es que la viví fatal, recuerdo salir del examen de castellano y decir: madre mía”, reconoce. 

Guillem Ramírez, mejor nota de las PAU de 2026 en la UPV, ante el IES Abastos

Guillem Ramírez, mejor nota de las PAU de 2026 en la UPV, ante el IES Abastos / Francisco Calabuig

Pero había pasado todo el curso “tranquilo” y consiguió pasar las pruebas en ese estado también. “No me la jugaba con una nota de corte muy alta, no había necesidad de machacarme”, dice. Y es consciente de que en las PAU “las preguntas están muy marcadas y hay que saber a lo que vas”. 

“Pero soy muy friki a la hora de hacer los exámenes y quería disfrutarlo en la medida de lo posible, así que hablando con algunos profesores me dijeron: ves a lucirte, estate tranquilo”, dice. Eso hizo. Y descubrió que en cualquier examen, incluso en los más aparentemente cerrados, siempre hay espacio para la creatividad. Para hacerse preguntas y plantear respuestas diferentes. Que también de eso va un poco la Filosofía, al fin y al cabo.

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