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Retrasos, saturación y viajes eternos: así sufren los usuarios del Cercanías entre Castelló y València

Miles de usuarios denuncian retrasos crónicos, convoyes saturados y una incertidumbre constante en la conexión ferroviaria entre ambas ciudades valencianas

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Toni Losas

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Belén Nebot

Castelló

La llegada del calor ha añadido un nuevo problema a la ya complicada experiencia de viajar en el Cercanías entre Castelló y València. A los retrasos habituales, las cancelaciones puntuales y los tiempos de trayecto cada vez más largos se suma ahora una sensación de agobio creciente dentro de unos convoyes que, especialmente en horas punta, circulan completamente llenos.

Miles de estudiantes y trabajadores continúan dependiendo de esta línea ferroviaria para acudir a sus centros de estudio o a sus puestos de trabajo. Sin embargo, la combinación de trenes saturados, retrasos constantes y obras del corredor Mediterráneo ha convertido el trayecto en una prueba de paciencia para quienes lo utilizan a diario.

La periodista de El Temps y usuaria habitual de la línea, Violeta Tena, lleva más de una década observando el deterioro del servicio. Hace unos 20 años que utiliza este recorrido y considera que los problemas actuales están estrechamente ligados a las obras ferroviarias. «La experiencia de estos últimos años ha coincidido con el inicio de las obras del corredor Mediterráneo, sobre todo con la instalación del tercer hilo, que para mí es el nudo gordiano de todos los problemas», sostiene.

Viajar de pie y con calor

Manuela, estudiante y usuaria diaria del servicio, asegura que los convoyes van «muy llenos» debido al elevado número de universitarios que se desplazan entre ambas ciudades. El trayecto ya ronda los 50 minutos en condiciones normales, pero los retrasos terminan alargando jornadas que comienzan temprano y acaban con sensación de agotamiento. Además, asegura que el tren exprés que utiliza habitualmente «siempre llega tarde». Aunque los servicios convencionales suelen cumplir mejor los horarios, recuerda haber sufrido recientemente una demora de media hora que prolongó considerablemente su regreso a casa.

Una situación similar describe Ana, profesora de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) de Castelló, quien explica que en numerosas ocasiones ha tenido que realizar el viaje sentada en el suelo. «Cojo el tren en el Cabanyal y el viaje dura mucho. Cuando tengo que ir de pie se me hace eterno», relata.

Las escenas de viajeros ocupando pasillos, plataformas de acceso e incluso el suelo de los vagones son habituales, especialmente en determinadas franjas horarias. La profesora de la EOI recuerda haber esperado una hora en la estación de Nules y define la situación como «un desastre absoluto».

Retrasos que condicionan el día a día

Entre los estudiantes de la Universitat Jaume I de Castelló también ha generado mucho malestar al no saber si podrán llegar a tiempo a clase. Pol, uno de los estudiantes, afirma que coge el Cercanías casi todos los días para llegar a Castelló y que suele tener «muchos retrasos». «Entre la 13:00 y las 15:00 es una odisea volver a casa. Es cuando más retrasos he tenido, superando incluso los 20 minutos», asegura el joven.

Imagen del tren cercanías de Castelló.

Imagen de la estación de tren de Castelló. / Toni Losas

Noa, estudiante que utiliza el Cercanías todos los días entre semana, asegura que prácticamente siempre hay alguna incidencia. «El otro día se retrasó 20 minutos y esta misma semana otro tren llegó media hora tarde», explica. Los retrasos, añade, no solo afectan a los estudiantes, sino también a trabajadores o personas que tienen citas médicas.

Andrea, que se desplaza a València de lunes a viernes por motivos académicos y laborales, coincide con la problemática. «Los trenes de primera hora suelen ser puntuales, pero los de vuelta siempre llevan retraso, aunque sean diez minutos», señala. En periodos de exámenes, la incertidumbre puede convertirse en un problema añadido. «Incluso saliendo con media hora de margen he llegado muy justa o tarde», lamenta.

Una infraestructura al límite

El empeoramiento queda reflejado también en los tiempos de viaje. «Hace 20 años un Civis tardaba una hora. Ahora apenas quedan dos Civis en todo el día y la media es de una hora y veinte minutos u hora y media», expone Tena.

Para la periodista, uno de los grandes problemas es la prolongación indefinida de unas obras que debían haber concluido hace años. «En 2015 dijeron que serían rápidas y en 2026 todavía no han terminado. Sinceramente, nos han tomado el pelo». Además, teme que la futura convivencia entre Cercanías, Euromed y trenes de mercancías sobre las mismas vías termine provocando un colapso aún mayor. «Es como meter en una misma autopista coches antiguos, tractores y Ferraris», compara.

Estudiantes cogiendo un tren de Cercanías en Vila-real a primera hora.

Estudiantes cogiendo un tren de Cercanías en Vila-real a primera hora. / Toni Losas

La elevada ocupación evidencia una demanda que la infraestructura actual apenas puede absorber. El Cercanías de las 7.20 horas desde Castelló suele llegar completamente lleno a medida que avanza hacia València. A partir de Sagunt es habitual que numerosos pasajeros realicen el trayecto de pie, una situación que se vuelve especialmente incómoda durante los meses más calurosos del año.

Mientras las obras del corredor Mediterráneo continúan acumulando plazos y los usuarios esperan mejoras que no terminan de llegar, la sensación general es de agotamiento. Los viajeros reclaman medidas inmediatas: más puntualidad, mayor mantenimiento de las vías, mejores frecuencias y una capacidad suficiente para evitar desplazamientos masificados. Porque, además de llegar tarde, ahora muchos pasajeros sienten que cada viaje se ha convertido en una experiencia cada vez más sofocante.

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Fuente: El Periódico de Mediterráneo

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