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La cultura que sostuvo la memoria del accidente del metro

Teatro, cómic, libros, documentales, canciones y piezas e instalaciones artísticas dieron voz durante años a las víctimas del 3J frente al cierre institucional

El apoyo de la cultura a las víctimas del metro de València

Esteban San Canuto

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

La canción «Línia 1», de Pau Alabajos, no empieza narrando un accidente, sino apagando una ciudad. La deja en dos palabras -«València consternada»- y convierte aquel verano en una penumbra moral. El 3 de julio de 2006, un tren de Metrovalencia descarriló y volcó en la curva de entrada a la estación de Jesús. Murieron 43 personas y otras 47 resultaron heridas. Durante años, la versión oficial redujo la tragedia al exceso de velocidad y al maquinista fallecido. Después llegaron los archivos judiciales, la comisión parlamentaria cerrada con prisa, el silencio de Canal 9, las concentraciones cada día 3 y, catorce años más tarde, la condena de cuatro exdirectivos de FGV.

Durante ese tiempo, la cultura valenciana hizo algo más que recordar o rendir homenaje a las víctimas. Dispuso un escenario para la denuncia, ordenó pruebas en libros, tradujo expedientes en imágenes de cómic, devolvió voces y rostros en documentales, detuvo el tiempo en esculturas y acompañó el duelo con canciones. Contribuyó a que la tragedia no fuese un accidente privado, un problema familiar, un recuerdo incómodo o una curva sin historia.

La herida en escena

Impulsada por Josep Lluís Sirera y Xavier Puchades y estrenada en 2010, "Zero responsables" fue una de las primeras respuestas artísticas de gran alcance al silencio institucional con el que se quiso envolver la tragedia del metro. Más de cuarenta profesionales de las artes escénicas trabajaron sin remuneración para acompañar a la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio. La obra no buscaba sustituir al sumario ni a la comisión de investigación, sino preguntar qué ocurre cuando las instituciones renuncian a dar explicaciones. Por eso su título funcionaba como acusación y como diagnóstico: 43 muertos, 47 heridos, cero responsables.

El montaje se articulaba en piezas breves, escritas por autores como Patrícia Pardo, Pedro Montalbán Kroebel, Jordi Gomar, Xavier Puchades, Arturo Sánchez Velasco, Josep Lluís y Rodolf Sirera, Gabriel Ochoa, Juli Disla, Jerónimo Cornelles, Jorge Picó, Paco Zarzoso y Begoña Tena. La fragmentación era una forma de verdad. Ninguna escena pretendía apropiarse del dolor entero, pero todas sumaban una cronología emocional de la tragedia: la visita del Papa, la Gürtel, Canal Nou, la comisión de investigación, la desaparición del libro de averías, la atribución de la culpa al conductor muerto y la facilidad de una parte de la sociedad para mirar hacia otro lado.

La historia de "Zero responsables" fue también la de sus obstáculos. Se representó en La Nau, en el Teatre Micalet y en el Paranimf de la Universitat Jaume I, pero no en espacios dependientes de la Generalitat.En torno a su estreno se denunciaron presiones para impedir la función y Sirera acabaría dimitiendo como vicerrector de Cultura de la Universitat de València tras enfrentarse por ella con el rector Esteban Morcillo. Las entradas se agotaron, pasaron por la sala miles de espectadores y el dinero recaudado en el Micalet fue entregado a las víctimas. Más que una obra, fue una intervención cívica: la cultura ocupando el lugar que la política había dejado vacío.

Ese diálogo entre escena y reparación tuvo una derivada indirecta en 2012, cuando la compañía La Dependent representó en València "Les dones de Lockerbie". La obra de Deborah Brevoort no hablaba del metro, sino del atentado contra el vuelo de Pan Am que en 1988 dejó 270 muertos y cuyos restos cayeron sobre la localidad escocesa de Lockerbie. Pero su director, Joanfra Rozalén, subrayó la analogía con las víctimas de la estación de Jesús: cuando hay muertos, el poder puede esconderse detrás de la burocracia, dar por cerradas las investigaciones y pedir que se destruyan los restos antes de que los familiares hayan podido comprender lo ocurrido.

Estreno de la obra "Zero responsables" en la sala Matilde Salvador de la Universitat de Valencia en la calle de la Nave.

Estreno de la obra "Zero responsables" en la sala Matilde Salvador de la Universitat de Valencia. / FERNANDO BUSTAMANTE

Letras y viñetas contra el olvido

Si el teatro puso cuerpos y voces sobre el escenario, el periodismo puso método. "Lluitant contra l’oblit. El llarg trajecte de les víctimes del metro de València", publicado por Sembra Llibres en 2014, convirtió años de seguimiento informativo en una investigación narrativa. Su autora, Laura Ballester, había llegado como redactora de Levante-EMV a cubrir un accidente y acabó documentando una arquitectura de silencios: la seguridad de la línea, las ventanas, las balizas, la caja registradora de eventos, el libro de averías, los testimonios que no comparecieron y el modo en que el poder intentó pasar página. Su libro fue descrito como una autopsia periodística: una reconstrucción con datos, sumario, documentos y testimonios que devolvía protagonismo a quienes habían sido tratados como un problema incómodo.

En la misma constelación de libros había aparecido dos años antes "3 de julio: Por qué volcó la UTA 3736 y otros enigmas sin resolver", de Sam Kurtz. Su lugar es distinto: el de un ensayo de preguntas técnicas y sospechas persistentes. Las ventanas, el bogie delantero, la caja negra, los avisos tardíos a Emergencias o el historial de la unidad accidentada forman parte de su recorrido. Frente a la tentación de convertir la tragedia en un expediente cerrado, el libro insiste en los flecos: lo que no se explicó, lo que desapareció, lo que se dio por sabido demasiado pronto. Dentro de la cultura del 3J, esa insistencia en preguntar también fue una forma de memoria.

Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou, autores con Laura Ballester de "El día 3".

Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou, autores con Laura Ballester de "El día 3". / Germán Caballero

Del libro de Ballester nació después una de las obras más eficaces para trasladar el caso a otros públicos: "El día 3", la novela gráfica de Cristina Durán, Miguel Ángel Giner Bou y la propia Laura Ballester, publicada por Astiberri en 2018 y ganadora del Premio Nacional del Cómic. El origen es casi una escena de cómic: Giner escucha en una librería a Ballester y a Miguel Esplugues, hijo de una víctima, y entiende que ahí hay un relato. Durán y Giner, que habían contado ya una experiencia familiar de dolor y cuidados en Una posibilidad entre mil, se acercaron al accidente desde el respeto y con la ayuda constante de Ballester y de la asociación.

"El día 3" resolvía un reto difícil: explicar una historia ferroviaria, judicial, política y humana sin que el lector se perdiera. Para ello creó personajes de ficción que condensaban actitudes reales ante la pérdida y la búsqueda de responsabilidades. La emoción no sustituía al dato, lo acompañaba. Una de sus metáforas visuales más recordadas evitaba mostrar de forma explícita el depósito de cadáveres y lo traducía en etiquetas de parentesco: no nombres, sino vínculos. También hay una doble página que resume la soledad inicial de las víctimas en la Plaza de la Virgen y la posterior llegada de miles de ciudadanos. El cómic no solo cuenta lo ocurrido; cuenta cómo una sociedad pasa de la indiferencia a la vergüenza.

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Eldia3_5.jpg / L-EMV

Ausencias y estrategias

El audiovisual abrió otra vía. "Después de las ausencias", dirigido por Nacho Sirera y producido por Los Docus de la Tormenta, fue el primer documental centrado en el dolor cotidiano de las familias. Rodado entre septiembre de 2006 y diciembre de 2007, se construyó a partir de más de cien horas de material y se estrenó en 2008. Su ambición era íntima: acompañar a quienes querían despedir en paz a los suyos y, al mismo tiempo, mostrar que el duelo estaba contaminado por la falta de respuestas. No había aún gran altavoz televisivo ni reconocimiento institucional. Había familiares esperando una explicación y una cámara tratando de no invadirlos.

"La estrategia del silencio", de Vicent Peris y Barret Films, recogió ese arco de persistencia. El documental muestra que el accidente no terminó en el túnel: continuó en el apagón informativo, en el cierre de la primera comisión, en la lucha ante instituciones españolas y europeas y en la reapertura del debate público. La película parte del contraste entre la València de los grandes eventos y la subterránea que no encontraba respuesta. Su título acabó nombrando algo más amplio que una película: una forma de gestionar el dolor ajeno mediante el silencio, la prisa y el desgaste.

Pero el gran punto de inflexión mediático llegó con "Salvados". El programa «Los olvidados», emitido el 28 de abril de 2013, llevó a una audiencia estatal lo que en València muchos periodistas y víctimas llevaban años denunciando. Jordi Évole entrevistó a familiares, trabajadores y responsables políticos, y puso en prime time las dudas sobre la seguridad, la comisión y la manipulación informativa. Cinco días después, el 3 de mayo de 2013, la concentración mensual en la Plaza de la Virgen se convirtió en una movilización multitudinaria.

Tiempo y notas paradas

También hubo una memoria material, levantada justo sobre la curva. "Prime Time", la intervención artística de Anja Krakowski inaugurada en 2016, no quiso ser una placa más. Sus 50 relojes -43 blancos por las víctimas mortales y siete negros con función digital- fijan la hora del accidente y prolongan la pieza hacia contenidos sobre lo ocurrido y la lucha de la AVM3J. Financiada mediante micromecenazgo e impulsada por la asociación, la obra une vidrio, tiempo y espacio público: convierte un lugar de tránsito en un lugar de detención. En junio de 2026, a las puertas del vigésimo aniversario, el ayuntamiento adjudicó su restauración integral para corregir daños, esferas desplazadas, condensación y deterioros. Incluso el memorial ha necesitado cuidados para seguir contando.

Antes incluso de que el memorial fijara la hora del accidente sobre la curva de Jesús -y de que el artista fallero José Francisco Espinosa le rindiera homenaje dos años después en el monumento de la comisión Pío XI-Fontanares-, el arte contemporáneo ya había incorporado a las víctimas del metro a una genealogía más amplia de resistencias ciudadanas. En 2010, Mira Bernabeu presentó la serie fotográfica "Genealogía de la conciencia", un trabajo de cinco años sobre asociaciones y colectivos valencianos enfrentados a los poderes dominantes. En ese mapa de luchas aparecían los familiares del 3J junto a los vecinos de El Cabanyal, Xúquer Viu o las familias de Patraix contra la subestación eléctrica. La tragedia quedaba así situada no solo como duelo, sino como parte de una conciencia cívica nacida de años de injusticias, protestas y dolor compartido.

El escritor Alfons Cervera y la actriz Rosana Pastor leen un manifiesto en el tercer aniversario del accidente.

El escritor Alfons Cervera y la actriz Rosana Pastor leen un manifiesto en el tercer aniversario del accidente. / FERNANDO BUSTAMANTE

Las canciones hicieron otra cosa: infiltraron el 3J en la memoria afectiva. Pau Alabajos escribió «Línia 1» poco después del accidente y la incluyó en "Teoria del caos". Atzembla dedicó «En un segon» como denuncia de cómo una vida puede cambiar en un instante. El grupo Récamara compuso «El Metro», una canción nacida de la rabia después de que su cantante, Pablo Monleón, viviera de cerca un aniversario con los familiares de las víctimas. Y esa memoria musical tuvo también forma colectiva en el concierto homenaje celebrado el 23 de abril en Burjassot, con Luis Eduardo Aute, Maria del Mar Bonet, Paco Muñoz, Quico Pi de la Serra, Pau Alabajos, Òscar Briz, Obrint Pas o Manolo Tarancón. El recital fue concebido como un acto cívico de memoria, reparación y complicidad con unas familias que habían recibido una respuesta tibia, cuando no hostil, de las instituciones.

La cultura sostuvo una verdad social cuando la verdad institucional se resistía. De la ciudad en duelo que cantó Alabajos a los escenarios, las páginas, las pantallas, las fotografías, los relojes, los conciertos y las plazas llenas. Y al final queda la imagen amarga con la que La Gossa Sorda cerró su paseo por València en «Camals mullats»: bajo la belleza, la fiesta y la propaganda, «la mort al metro dels pobres».

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