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Un conflicto que ha removido a la comunidad educativa

Entrada del colegio Cervantes, en València, durante uno de los días de huelga.

Entrada del colegio Cervantes, en València, durante uno de los días de huelga. / Miguel Ángel Montesinos

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Noelia Martínez

La huelga educativa que ha marcado el final de curso en la Comunitat Valenciana deja tras de sí semanas de movilizaciones, incertidumbre y sacrificios económicos, pero también una sensación compartida de reivindicación colectiva. Profesores veteranos a las puertas de la jubilación, docentes interinos, estudiantes que preparaban la Selectividad, familias y equipos directivos han vivido de primera mano las consecuencias de un conflicto que ha alterado el ritmo habitual de los centros.

Ximo, Clara, María, Marina y Adam cuentan cómo han vivido en primera persona una de las mayores movilizaciones educativas de las últimas décadas y qué huella les ha dejado, así como sus impresiones de cómo arrancará el curso 2026-2027.

Nunca esperaba despedirme así, como empecé: con protestas para mejorar la calidad educativa

Ximo Montañés, profesor del IES Sos Baynat de Castelló, a punto de jubilarse

Ximo Montañés.

Ximo Montañés. / Levante-EMV

Ximo Montañés, profesor del IES Sos Baynat de Castelló, se jubila este mes de junio al cumplir 60 años y poder acogerse a la jubilación anticipada. Su último curso no ha terminado como esperaba. Ha secundado la huelga muchos días, aunque no todos, y calcula que el descuento diario, por complementos de edad y años trabajados, ronda los 200 euros. “El sueldo de un mes ha volado”, resume.

Con más de 32 años de servicio y 38 cotizados, la protesta no retrasará su jubilación. Pero sí ha alterado el cierre de su vida laboral. “Nunca esperaba despedirme así”, afirma. Montañés recuerda que empezó en la docencia en 1988, coincidiendo con otra huelga histórica, entonces contra el ministerio. “He terminado como empecé: protestando ante la Administración”.

El final de curso también se ha visto condicionado en las aulas. En 2º de Bachillerato, explica, han terminado “como hemos podido”, garantizando la evaluación para que el alumnado pudiera presentarse a PAU. Le llama la atención que hayan tenido que pasar casi 40 años para otra protesta masiva. Si entonces la enseñanza pública era “muy muy precaria”, ahora considera que la reivindicación vuelve a ser “muy justa”, por la pérdida de poder adquisitivo acumulada.

Pero subraya que la huelga no se limita a los sueldos. También reclama ratios adecuadas, infraestructuras, más inversión educativa, profesorado de refuerzo y personal especializado para la atención inclusiva. Pide mirar “debajo de la mesa” para comprobar la antigüedad del material y recuerda que hay edificios públicos de hace 50 y hasta 100 años con poco mantenimiento.

Montañés cierra su etapa docente con un curso “un poco diferente”, marcado por un movimiento “muy interesante”: profesorado que ha persistido, ha dejado el sueldo a un lado y ha sacado la fuerza a la calle. “Hemos sacrificado el sueldo por un bien superior”, concluye.

La huelga era necesaria. Las clases están muy llenas

Clara Monlleó, alumna de 2º de Bachillerato

Clara Monlleó.

Clara Monlleó. / Levante-EMV

Clara Monlleó Maura, de 17 años y alumna de 2º de Bachillerato del IES Ramón Cid de Benicarló, considera que la huelga educativa ha sido positiva. “Estoy de acuerdo con la huelga y con la protesta”. Cree que era necesaria para denunciar las condiciones de los centros y las laborales del profesorado, especialmente por el problema de las ratios. “A veces parece una misión imposible”, señala.

Reconoce que al principio sintió preocupación porque la huelga coincidía con la Selectividad y durante la semana de recuperación o de exámenes. No sabían si podrían hacer las pruebas ni cómo serían evaluados. En el instituto todavía tienen pendientes las notas: les dieron una nota mínima y después la ajustaron porque no habían podido avanzar en algunos temas.

Durante los preparativos de la PAU, algunos profesores hicieron huelga y otros continuaron trabajando. Hubo días sin clases por falta de profesorado suficiente y el alumnado acudía a la biblioteca, se quedaba estudiando en clase o, como en su caso, optaba por estudiar en casa. Para resolver dudas, se establecieron horarios fijos de consulta, porque fuera de esas franjas los docentes estaban en huelga.

Entre las reivindicaciones, Clara destaca la bajada de ratios. “Hay clases muy llenas”, explica. Cree que con menos alumnos por aula sería más fácil una mejor atención. También señala deficiencias en las instalaciones del centro: agujeros en la pared, persianas que se caen, puertas en mal estado, zonas inseguras, falta de material y aulas deterioradas.

Asegura que recordará esta situación por coincidir con un examen tan importante. “La última semana antes de la Selectividad ya fue complicada de por sí, y con la huelga todavía más”, resume. La incertidumbre, la información tardía, las dudas sobre los exámenes y la presión añadida aumentaron los nervios de un final de 2º de Bachillerato ya de por sí exigente.

La inestabilidad de no tener plaza fija y la huelga nos generó desasosiego pero ahora vemos que el gremio va a ser imparable

Marina Ramón, profesora interina

Marina Ramón, durante una protesta en la plaza del Ayutamiento de València.

Marina Ramón, durante una protesta en la plaza del Ayuntamiento de València. / Levante-EMV

Marina Ramón, profesora interina de Biología y Geología en el IES l’Allusser de Mutxamel, lleva seis años en la docencia. Cuenta que en su centro, aunque había inquietud, al inicio “estaba todo muy parado”, hasta que ella y otra compañera empezaron a organizarse. Costó movilizar, porque “nunca se había vivido algo así”, pero poco a poco hubo “un gran seguimiento”: la gente se unió, se creó vínculo y participó en manifestaciones. Esta ha sido su primera huelga. La inestabilidad de no tener plaza fija “genera cierto desasosiego” y al recorte salarial por la huelga se suma el “temor” a repercusiones. Considera que los docentes jóvenes que viven de alquiler o intentan comprar una vivienda, con menos ahorros, han sufrido en lo económico. Ella cuenta con apoyo familiar, pero admite que al perder sueldo “luego cuesta remontar”.

Marina defiende la escuela pública y, al pasar por varios centros, ve trabas compartidas: falta personal, infraestructuras y ratios dignas para responder a una diversidad que “ya existía hace 30 años pero no estaba tan diagnosticada”. Describe aulas de 22 alumnos con cuatro recién llegados que no hablan el idioma, dos con problemas de lectoescritura, uno TEA y otro con trastornos de ira. “Y al margen de querer atenderlos bien por convicción, es que lo marca la ley”, incide.

Aunque valora que se cediera en mejorar la burocracia, siguen pendientes las infraestructuras: “Afecta al alumnado; igual que la falta de climatización”. “La educación no es un gasto, es una inversión”, resume.

Sobre la huelga, afirma que seguir era inviable: cinco semanas suponen casi 5.000 euros. Muchos docentes sufrían “desgaste anímico, bajas por salud mental y conflictos personales surgidos con familiares y amistades”. Para la joven, la reivindicación se mantendrá el próximo curso y buscarán “ideas creativas". “Ahora que el gremio ha dado el paso de movilizarse va a ser imparable”, apunta.

Los niños notan la huelga porque salen de su espacio seguro y sus rutinas

María Avariento, madre afectada

Maria Avariento, preparando una pancarta.

Maria Avariento, preparando una pancarta. / Levante-EMV

Como madre de dos hijos de etapa Infantil (de un año y medio y 5 años), María Avariento, de Castelló, ha vivido la huelga docente con una mezcla de preocupación y comprensión. Asegura que en su caso las consecuencias han sido ocasiones en el día a día, aunque respalda las reivindicaciones del profesorado por considerar que van más allá de las condiciones laborales. De hecho, ha tomado parte en concentraciones.

Avariento explica que su familia secunda la protesta porque entiende que está relacionada con cuestiones que afectan a la calidad educativa y a las dificultades que afrontan madres y padres en el actual contexto. “No tanto ya por una mejora laboral del centro, que es muy importante, sino porque entendemos que iba enfocada a mejorar las ratios de las aulas”, señala. Ella misma ha colaborado en las pancartas y hasta han ideado una caja de resistencia emocional, con mensajes de ánimo para los docentes.

“En nuestro caso, la huelga ha tenido un impacto puntual en la organización familiar, pero lo más relevante ha sido observar cómo afecta a los niños. Mi hijo acude a una escuela que funciona bien y donde el equipo docente realiza un gran trabajo. Sin embargo, durante los días de huelga se han producido cambios en las rutinas habituales”, relata.

Como ejemplo, cita el caso de los más pequeños. “Durante algunos días el alumnado no ha permanecido en sus aulas habituales y ha desarrollado actividades en otros espacios compartidos del centro, como el patio o la sala de psicomotricidad. Pero los niños y niñas necesitan su espacio seguro, que es su aula”, sostiene. Según relata, su hijo le preguntaba con frecuencia qué ocurriría cada día y si acudiría a las actividades habituales. Para ella, los cambios de rutina tienen una dimensión emocional importante.

María opina que el conflicto ha provocado incertidumbre y considera que, tras semanas de movilizaciones, se han quedado cuestiones de fondo que siguen sin resolverse y cuyas consecuencias podrían prolongarse durante el próximo curso. “Quizás sigan las movilizaciones, pero se reformulen”, avanza.

La sensación es de un empate. Se articulará un segundo movimiento reivindicativo

Adam Badenes, director de un CEIP

Adam Badenes, director del CEIP Montolivet de València, en una protesta.

Adam Badenes, director del CEIP Montolivet de València, en una protesta. / Levante-EMV

Adam Badenes, director del Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Montolivet de Valencia, explica que la huelga educativa tuvo un impacto organizativo claro: “Se rompe el ritmo normal, se rompe el ritmo lectivo y las actividades complementarias, como excursiones”. El seguimiento fue muy alto en general y variable en su centro, con días de alta participación, baja e intermedia. Para él, lo importante no fue solo el dato diario, sino la persistencia acumulada: jornadas con un 70 %, un 50 % o un 25% de seguimiento, que obligaron a reorganizar el funcionamiento del colegio. Desde el equipo directivo, cuando había servicios mínimos, gestionaban con incertidumbre y en función de cuántas personas acudirían a trabajar. Esa inquietud diaria impactó en la gestión y, durante casi cinco semanas, el funcionamiento estuvo “muy afectado”. En lo personal, Badenes participó en movilizaciones,. Define el proceso como intenso y largo, aunque lo valora positivamente.

En lo económico, subraya que la huelga supuso una gran inversión para el personal educativo. Cada día de paro no equivale solo al salario de una jornada, sino, según sus cálculos, al descuento aproximado de un día y medio, al incluir la parte proporcional del fin de semana y la paga extra. Con todo, lo considera una inversión con retorno, si finalmente se atienden las reivindicaciones.

“La sensación es de que no se ha ganado la partida, en todo caso podría ser un empate porque hay mejoras, notorias, pero no suficientes. El gobierno se ha enrocado, pero 2027 es año electoral y es una baza positiva”, reflexiona. Cree que en septiembre arrancará el curso y a medida que avance se articulará “un segundo movimiento reivindicativo con asambleas y sindicatos y se irá viendo qué acciones se emprenden para acabar ganando la partida. El coste económico de la huelga ahora ha sido importante”.

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