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Queda la educación…

Vecinos de Paiporta sacan enseres y barro de sus viviendas afectadas por la riada del 29 de octubre en una imagen de archivo. VLC. HOR. Paiporta el día 13 tras la catástrofe de la DANA del 29 de octubre de 2024

Vecinos de Paiporta sacan enseres y barro de sus viviendas afectadas por la riada del 29 de octubre en una imagen de archivo. VLC. HOR. Paiporta el día 13 tras la catástrofe de la DANA del 29 de octubre de 2024 / German Caballero / LEV

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Jorge Olcina

En este último año, hemos visto y oído de todo en relación con las acciones de reducción del riesgo a llevar a cabo en el territorio valenciano, ante la posibilidad de que se reprodujese una situación como la de la DANA de 2024. Lo mejor es encauzar los barrancos y hacer presas, lo mejor es construir parques inundables, lo mejor es activar con tiempo los mensajes ES-Alert, lo mejor es actualizar la cartografía de riesgo, la planificación urbana debe incorporar el riesgo existente para asignar usos del suelo…Estas medidas se han repetido hasta la saciedad. Diferentes colectivos, colegios, asociaciones profesionales han ido aportando su punto de vista, a veces de forma vehemente, intentando imponer su criterio sobre las propuestas de otros. Es lo que ocurre cuando la parte política falla. Dos planes de reconstrucción, dos comisiones que trabajan sin conexión. Poca participación de la sociedad civil. Y el resultado es que a dos años de la tragedia apenas se ha desescombrado y reparado lo destruido. Pero llegan elecciones y hay que anunciar lo mucho que se va a hacer, aunque no haya consenso ni presupuesto para ello. La ensayista americana Rebecca Solnit, que nos dejó un magnífico ensayo sobre el desastre del huracán Katrina en la desembocadura del Mississippi, señala en la presentación de su libro: “Lo primero que enseñan los desastres, es que todo está conectado”. Porque una catástrofe de causa atmosférica no sólo está provocada por la lluvia y no sólo se soluciona queriendo domar a la naturaleza a nuestra conveniencia. Hay dos medidas que apenas han tenido protagonismo en este debate de ideas solucionadoras de la DANA. Nadie ha querido hablar de traslado de viviendas o equipamientos situados en zonas de altísimo riesgo, porque sería necesario hacerlo en algunos lugares, pero no es un mensaje de rédito político. Y no se ha articulado un programa de estudios en escuelas que enseñe al alumnado a comprender dónde vive y qué hacer en caso de una emergencia activa. Esta última parte es más importante que todas las acciones estructurales, de planificación territorial o de mejora de mecanismos de protección civil. Se ven algunos brotes, pero debe ser una acción de política educativa general. Desde los tres años hasta la universidad. Es la mejor manera de salvar vidas.

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