Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Verano

La temporada de baño arranca en playas, piscinas y ríos valencianos con 11 ahogamientos este año y 607 en la última década

El año anterior se cerró con 65 ahogamientos en la Comunitat Valenciana y casi 170 rescates en las ocho playas vigiladas por Cruz Roja en Valencia y Alicante

Playa Malvarrosa, puesto de socorrista este viernes con bandera amarilla.

Playa Malvarrosa, puesto de socorrista este viernes con bandera amarilla. / Miguel Ángel Montesinos / LEV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

El varón de 70 años, fallecido ahogado después de sufrir una indisposición, el lunes pasado en la playa de Daimús es la cuarta víctima de este mes de junio y eleva a 11 el número total de personas ahogadas en la Comunitat Valenciana a lo largo del 2026, según los datos del Informe Nacional de Ahogamientos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS). A nivel nacional, son 163 los fallecidos hasta el 18 de junio en playas, ríos y piscinas de toda España. La cifra -la nacional, pero también la autonómica- no es baladí porque el verano -y por ende la temporada de baño- está prácticamente arrancando. El calor de los próximos días, con la llegada de la primera ola de calor del verano, y el inicio de las vacaciones dispararán la asistencia a zonas de baño hasta septiembre, por lo que las entidades implicadas -socorristas, Cruz Roja, la CHJ, ayuntamientos y la Generalitat Valenciana- piden extremar las precauciones y desaconsejan, principalmente, chapuzarse en zonas sin vigilancia.

El 2025 finalizó con un total de 65 muertes por ahogamiento en la autonomía, un dato solo superado por Canarias (75) y Andalucía (81). Es, de hecho, el tercer año con peores registros de la última década, solo por detrás de 2022 y 2017, ambos con 67 decesos. En contraposición, es 2018 el año con menor número de casos con 37, según las estadísticas de la RFESS. Estas se remontan al año 2015, hace una década; y, desde entonces, en la autonomía se han registrado un total de 607 ahogamientos, mientras que el dato nacional se dispara hasta los 4.766 casos. Los acontecidos en la Comunitat Valenciana suponen el 12,7 % del total. Como ocurre con el dato del pasado año, los peores registros acumulados de la década se dan en Canarias (661) y Andalucía (661). Galicia, la autonomía líder en kilómetros de costa con 2.021, sumó 534 ahogados en el mismo periodo; en comparación, la costa valenciana tiene 518 kilómetros.

Gráfico que muestra el número de ahogamientos en las playas y ríos de la Comunidad Valenciana.

¿El lugar más habitual donde se producen más ahogamientos? Claramente en la playa. Así lo muestran las estadísticas autonómicas que reflejan que el 74,2 % se produjeron en el mar, mientras que un 25,8 % fueron en piscinas. Por franjas de edad, el informe INA muestra que es entre los 66 y los 75 años, donde se concentran más -89, el 18 %- aunque todas las franjas superan la veintena de decesos desde los 11 años. Por horas, las más críticas son de 12 a 14 y de 16 a 18 horas.

Rescates y vigilancia

Las cifras podrían ser peores sin la actuación de los servicios de vigilancia. Según la información propocionada por la Conselleria de Sanidad, se registraron 138 traslados a un centro hospitalario por síntomas de ahogamiento entre el 1 de junio y el 30 de octubre del pasado año. Por su parte, los servicios de Cruz Roja en seis playas de las provincias de Valencia y Alicante evitó 166 muertes adicionales porque la entidad realizó estos mismos rescates a lo largo del año. Las asistencias generales por ahogamiento u otras incidencias ascendieron a 4.472, aunque la mayoría de atenciones fueron por picaduras de medusas. "Son muchas atenciones, pero dentro de lo habitual -, explica Lorenzo López, responsable provincial de los servicios preventivos de Cruz Roja en Valencia-. Los rescates son lo realmente importante en las estadísticas". Son, por el momento, 518 asistencias y ocho rescates en lo que llevamos de año.

El último caso contabilizado por el INA, el de Daimús, fue uno de esos que podría darse sin importar las circunstancias marinas porque el varón se desplomó por una indisposición y murió ahogado. En opinión de López, estos decesos no deberían ser considerados como ahogamientos, aunque sí que se incluyen en el conteo del INA. "Son fallecidos en horario de baño -, defiende-. Si caes al agua y sigues respirando, estás inconsciente, pero aspiras agua hasta que los de tu alrededor o el socorrista lo percibe. Estos casos son, sin embargo, los menos. El principal riesgo sigue siendo "el estado de la mar". La bandera amarilla abre el abanico y, por eso, se debe "estar ya alerta" porque el baño no está prohibido. "No siempre el estado de la mar evidencia el riesgo real", explica. Puede haber corrientes en el agua, fuerte viento de poniente que podría arrastrarte mar adentro o, incluso, bancos de medusas; estos tienen ya una bandera propia. En caso de ondear la bandera roja, el baño está prohibido aunque no todos los bañistas lo respetan. "No hay que cuestionarse si uno controla de nado o no -, apunta-. El problema es que las sanciones están regladas, pero no siempre se aplican".

Las playas suelen contar con personal de socorrismo. Cada ayuntamiento costero debe tener un Plan de Seguridad y Salvamento para las playas más peligrosas, aunque muchos no se activan hasta mediados de junio. Algunas de ellas tienen un convenio con Cruz Roja y otros servicios están a cargo de empresas privadas. El servicio no es siempre el mismo porque no todas cuentan con dos profesionales por torre de vigilancia o con una cada 500 metros, lo más recomendable. Al haber dos, como en el caso de Cruz Roja, el de la torre puede ir dando indicaciones al que echa al agua a salvar al posible ahogado. "En días de mala mar y de oleaje, la visión no siempre es buena durante el nado y no se puede ver lo que tienes delante", explica López.

Lleno en la playa de la Malvarrosa este viernes en València.

Lleno en la playa de la Malvarrosa este viernes en València. / Miguel Ángel Montesinos

En las piscinas con más de 200 metros cuadrados de lámina de agua también es obligatorio tener al menos un socorrista. No ocurre lo mismo con ríos, embalses y azudes, zonas generalmente sin vigilancia. En ellas, por ejemplo, la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) recomendaba extremar la precaución a principios de junio al ser "entornos dinámicos" donde pueden producirse "corrientes inesperadas, cambios repentinos de profundidad, arrastres de vegetación o elementos sumergidos que no resultan visibles desde la superficie". La entidad tiene identificados 46 puntos como peligrosos, aunque no puede prohibir el baño. Son las comunidades autónomas o los consistorios los que pueden hacerlo temporalmente por salubridad pública o seguridad ciudadana.

¿Cómo evitarlos?

Ante el riesgo, la principal pregunta es: ¿cómo se pueden prevenir los ahogamientos? Según los profesionales de Cruz Roja y el CICU, el principal consejo es "bañarse en zonas vigiladas" y, en este caso, seguir y "respetar" las indicaciones de los equipos de socorristas, así como hacer caso al sistema de banderas -verde, amarilla o roja- en las playas. Otra de las indicaciones es no bañarse nunca solo. "Hay que evitar las inmersiones en solitario, más especialmente en el caso de los niños y niñas", explica el médico Jesús Malave del CICU.

Un gran número de incidentes se producen al saltar al agua, en muchos casos desde zonas eleveadas. "Debemos evitarlo -, insiste Lorenzo López de Cruz Roja-, es nuestra batalla de todos los años". Si uno decide saltar, debe comprobar antes "la profundidad para evitar impactar contra rocas o puntos elevados que puedan causar daños".

Qué hacer si hay o no socorrista

¿En caso de detectar un posible ahogamiento, qué se recomienda hacer? Si hay socorrista, lo primero es avisar a las torres desde donde se activa el protocolo y se movilizan todos los medios necesarios, la ambulancia con el facultativo o la moto acuática si fuera necesario. "En playas masificadas, hay un control limitado por los ángulos de visión", explica López; de ahí la importancia de dar el aviso. Si no hay vigilancia, López es claro: "Lo principal es no ponernos en riesgo porque, en caso de intentar el rescate, la víctima puede arrastrar al rescatador por supervivencia.

Simulación de un equipo del SAMU interviniendo en un caso de ahogamiento.

Simulación de un equipo del SAMU interviniendo en un caso de ahogamiento. / GVA

En estas ocasiones, lo principal es llamar a Emergencias al 112. Desde allí, el alertante será asesorado por parte de los médicos o enfermeras coordinadores, los encargados de dar las instrucciones necesarias para asistir al ahogado mientras llegan los sanitarios. "Se determina si la víctima está consciente o no -, explica Jesús Malave, médico coordinador del Centro de Información y Coordinación de Urgencias (CICU) y del SAMU- y se dan las maniobras iniciales para la RCP telefónica, la apertura de vías o si se deben iniciar las respiraciones". Todo esto se realiza mientras el equipo sanitario se desplaza al lugar del incidente, después de que los profesionales de Emergencias valoren la situación. "Estas instrucciones son de vital importancia -, añade-. El primer tratamiento siempre empieza desde el teléfono". En su conversación con Levante-EMV, repite uno de sus lemas: "La mejor ambulancia es la que empieza a actuar antes de llegar".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents