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Terremoto Venezuela

Angustia en València por el terremoto en Venezuela: "No nos hacemos con nuestros familiares"

La falta de noticias sobre conocidos y las trágicas imágenes del seísmo disparan la preocupación entre los venezolanos en tierras valencianas: "Es un nuevo shock, otra raya más al tigre"

Estado de las calles de Caracas tras dos seísmos.

Estado de las calles de Caracas tras dos seísmos. / Marcos Salgado / Xinhua News / Europa Press

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Diego Aitor San José

Diego Aitor San José

València

Cuando el suelo empezó a temblar en Venezuela, Anthony M. estaba ya en la cama, en València, a miles de kilómetros de su país natal. Una prima suya le envió un audio desde un centro comercial de Caracas. Habían pasado doce minutos de la medianoche en España y en el mensaje de voz le contaba cómo las lámparas del establecimiento empezaban a moverse, los cristales colapsaban y hasta las botellas de Coca-cola explotaban. Era solo la antesala de una noche de insomnio en medio de una recepción constante de vídeos, imágenes, reportes de edificios caídos y pregunta por amigos, familiares y vecinos de los que no había información.

"No hemos podido dormir, estamos preocupados, la gente de allá empezó a pasar vídeos y era imposible", cuenta en la mañana de este jueves este venezolano con más de dos décadas de presencia en tierras valencianas. Horas después todavía se mantenía una bruma incómoda de inquietud, angustia y desasosiego al no saber el estado de algunos de los familiares que viven al otro lado del Atlántico especialmente en La Guaira, zona costera a poco más de una treintena de kilómetros de Caracas y que aparece como una de las más afectada por el doble seísmo.

De momento, el teléfono no da respuesta a las dudas sobre cerca de una veintena de familiares que tiene en esa región entre tíos, primos y sobrinos, repartidos en distintos sectores, agrega, "pero no nos hacemos con ninguno". "No sabemos nada", explica, algo que contrasta con el conocimiento que asegura sí tiene de otros familiares y amigos de otras zonas como Aragua, isla Margarita o Caracas, sitios donde han notado el temblor y donde han sufrido tener que huir de sus viviendas o ver cómo estas se agrietan, pero que en un principio están a salvo.

"Otra raya más al tigre"

Su madrugada y su mañana sin pegar ojo han sido de ir recibiendo información, imágenes, testimonios y, sobre todo, armarse de paciencia. "Tenemos que esperar, es un desastre absoluta, la cosa está muy fea", admite con la voz compungida. "Está fea la cosa", repite al rato ante otra remesa de imágenes y testimonios que llegan por redes sociales y que en las últimas horas se convierten en uno de los hilos a los que los más de 75.000 venezolanos que viven en la Comunitat Valenciana se aferran para saber sobre lo que está ocurriendo en su país.

Más que paciencia, Hilda L. lanza una bocanada de resignación en sus palabras. "Otra raya más al tigre", expresa recordando la situación de un país que vive "en la conmoción permanente" y a la que la crisis política, económica, de seguridad y migratoria se suma ahora una catástrofe natural. Ya decía Galeano aquello de que las serpientes muerden a los que van descalzos. "Es un shock tras otro, se ha normalizado el trauma colectivo", agrega. Ese cóctel lo vive desde la "diáspora" hecha "un flan", con un nerviosismo que se acrecienta minuto a minuto ante el manojo de familiares que todavía tiene allí, como su padre o su hermana, así como amigos y vecinos.

Su Cumbres de Curumo natal no es la zona más afectada, pero no quita preocupación. "Es como en la dana, la magnitud es tan grande que al final acabas conociendo a alguien afectado", explica. En la distancia, ha hablado sobre todo con su hermana a la que intenta ayudar dando apoyo emocional, calma y mucha "escucha activa". En los grupos de conocidos la alarma está por el padre de una amiga, que no aparece, y también trata de hacer gestiones en la distancia por su abuela, una señora de 90 años, que está bien, pero a la que la dificultad de movilidad puede complicar sus próximos días.

"Todo destrozado"

La gestión de la dura paciencia de esperar sin certezas concretas también se cierne sobre sí Jean Manuel. Él es natural de La Guaira, pero reside en Torrent desde hace más de una década y media, aunque de la catástrofe se enteró en Murcia de buena mañana, trabajando. Sigue sin tener respuesta de la familia que le queda en Venezuela. "No contestan, parece que no hay cobertura ni electricidad", explica Jean Manuel.

Sí que ha conseguido contactar con una amiga de la adolescencia que le ha trasladado que ella está bien, pero sin embargo le ha contado que donde vive su familia está "todo destrozado". Lo último que sabe es por redes sociales porque había festejos de San Juan la noche anterior y una de sus primas los colgó en redes sociales, pero después de eso, el silencio, ese que tanta angustia genera. "Tenemos que esperar", añade, entre la angustia y la resignación.

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