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Presentación del libro de la colección Tirant Humanidades

"Necesitamos que los políticos dejen de utilizar las administraciones como un botín para quien gana las elecciones"

El magistrado Ximo Bosch y el catedrático de Ciencia Política Fernando Jiménez presentan su libro «La corrupción en españa. Un problema enquistado» en el Jardí Botànic de València

Ximo Bosch, Safira cantos y Fernando Jiménez, presentan el libro sobre la corrupción en el Jardí Botànic de València.

Ximo Bosch, Safira cantos y Fernando Jiménez, presentan el libro sobre la corrupción en el Jardí Botànic de València. / Fernando Bustamante

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València

«La corrupción es un síntoma de patologías institucionales» pero es posible revertirlas con «la presión de la sociedad», concluyeron ayer el magistrado de Cullera Ximo Bosch y el catedrático de Ciencia Política Fernando Jiménez. Ambos presentaron en el Jardí Botànic su nuevo libro «La corrupción en España. Un problema enquistado» editado por la editorial Tirant lo Blanch, en la colección "Tirant Humanidades" que asesora Joan Romero, catedrático de Geografía Humana.

El auditorio Joan Plaza del Botànic se llenó para escuchar el diagnóstico y las soluciones que aportan ambos especialistas que, pese a la situación actual, se muestran optimistas. Tanto en sus respuestas al público como en el libro que han escrito juntos.

En la presentación del libro, planteada en formato entrevista con Safira Cantos, directora general de la "Fundación hay Derecho" organizadora del acto junto a la Universitat de València (con el vicerrector de Cultura, Albert Moncusi como anfitrión) tanto Ximo Bosch como Fernando Jiménez diseccionaron el fenómeno de la corrupción y las posibles salidas para atajar los problemas que provoca.

La charla entre Cantos, Bosch y Jiménez arrancó con la definición de corrupción que "aún genera dudas doctrinales". Aunque el magistrado Ximo Bosch la definió como el "abuso de poder público para obtener beneficios privados. Supone el quebrantamiento del principio de igualdad como clave de una democracia. Todos somos iguales y elegimos a representantes que son iguales a nosotros para que trabajen en beneficio de una sociedad. Pero si no se trabaja por la comunidad y lo hacen para beneficios privados se rompe el contrato social y se puede llegar a pensar que la democracia es una farsa. Y que solo se buscan determinados intereses. Por eso la corrupción genera erosión de la credibilidad de la democracia".

A juicio del magistrado valenciano, "la corrupción es más que una sucesión de escándalos. Es un síntoma de patologías y debilidades institucionales. Es la confirmación de que hay una enfermedad que, si no actuamos, puede hacer mucho mal al sistema democrático", reflexionó Ximo Bosch.

El jurista ironizó con las causas de la corrupción que, defendió, "no son problemas inevitables. No tienen causas genéticas o de ADN, causas gastronómicas o religiosas. No es España es así. La cosa no va por ahí, no es algo cultural, ni de los países mediterráneos…. Hay corrupción en Guatemala, en el Congo y en Papúa Nueva Guinea. La cosa no va por ahí. La corrupción se debe a debilidades institucionales. Países como Suecia tenían índices elevados de corrupción en el siglo XIX pero gracias a reformas institucionales los han reducido".

En la ardua tarea de luchar contra la corrupción, Fernando Jiménez apostó por adoptar la estrategia de Ulises, en aquel capítulo de "La Odisea" en el que, para evitar ser subyugado por los cantos de sirena decide atarse al mástil para no caer en la tentación. Ese es el tipo de reformas que necesitamos:, que los políticos se aten al mástil. Y no se atarán si no hay presión de la sociedad. Si los políticos notan esa presión, no se atarán al mástil para que dejen de utilizar las administraciones como un botín para quien gana las elecciones y para que los recursos no se distribuyan en redes clientelares, porque si no, no saldremos nunca de este atolladero".

Fernando Jiménez reivindicó la "presión social" que ejercen la Fundación hay derecho, Civio o Acción Cívica contra la corrupción, también abogó por recuperar el concepto antiguo de corrupción de Aristóteles y el mundo clásico: "¿A quién sirven los políticos? Sirven a intereses particulares. Aristóteles decía que había tres tipos de regímenes: monarquía, aristocracia y democracia. Y los tres podían degenerar en regímenes corruptos, cuando no se atendía el interés general sino el interés particular de quien la dirigía. La aristocracia se convierte en oligarquía. La monarquía en tiranía y la democracia en nucleocracia o demagogia cuando se anteponen intereses particulares".

Un concepto que Bosch y Jiménez recuperan en su libro que es "un destilado del trabajo previo que hemos hecho para que sea fácil de leer y explicar un tema complejo de la mejor manera posible".

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