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Terremotos en Venezuela

“Ninguna norma de edificación está preparada para dos terremotos seguidos de gran magnitud”

Arquitectos e ingenieros creen que la normativa antisísmica debería adaptarse pero son conscientes de que son procesos largos que llevan décadas porque “la inercia normativa es lenta”

Señalan que muchas de las construcciones derruidas por los sismos datan del “boom” de la construcción venezolano, de entre los 50 y los 80, de antes de la normativa

Bloques en Catia La Mar, Venezuela, dañados por el doble seísmo registrado en el país

Bloques en Catia La Mar, Venezuela, dañados por el doble seísmo registrado en el país / Mikhail Makeyev / Zuma Press / Europa Press / Cont

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Marta Rojo

Marta Rojo

València

Pablo Peñín ha visto las imágenes y, en ellas, ha detectado qué tipo de construcciones han colapsado. “Durante el boom de turismo y de construcción en Venezuela, entre los años 50 y 80 no había normativa, la primera es del 82 y era flojita, no contemplaba todo lo relacionado con la tecnología y la innovación”, asegura el presidente del Colegio Territorial de Arquitectos de València (CTAV), Pablo Peñín, sobre los dos terremotos consecutivos que han dejado, de momento, 1.450 personas fallecidas y 3.150 heridas. A la pregunta de por qué colapsaron los edificios que se derrumbaron, responde que importa con qué se construye y también cómo: “eran sobre todo construcciones de hormigón de baja calidad, no adaptadas a la normativa actual”.

Manolo Buitrago conoce bien la Norma de Construcción Sismorresistente española. También siguió de cerca los terremotos de Turquía y Siria de 2023 y, ahora, ha leído con detalle la norma de edificación antisísimica venezolana, además de seguir las noticias de los terremotos. Buitrago, que es ingeniero e investigador de la Universitat Politècnica de València, lo tiene claro: “Ninguna norma de edificación estaba preparada para dos terremotos seguidos de gran magnitud” 

Sobre el terreno afectado por los dos terremotos de la pasada semana, algunos edificios se han derribado como castillos de naipes a lo largo de los días después de la tragedia. Otros siguen en pie como pueden, repletos de grietas o casi tumbados sobre el suelo. Los medios locales venezolanos pero también los internacionales apuntan a diversos factores que explican por qué algunas edificaciones han podido ser más vulnerables que otras a los temblores: un mantenimiento deficiente, construcción sin licencia o materiales sin certificar. 

El hormigón y la ductilidad

Las estructuras que más aguantan son las de hormigón porque son más dúctiles y pueden disipar la energía sin provocar daños”, explica Pablo Peñín, que dice que este material ayuda, junto con una construcción adecuada, a que estas estructuras se deformen sin que caigan. Resalta también la importancia de esa construcción adecuada, y recuerda que los arquitectos suelen hacer recomendaciones en ese sentido: evitar forjados planos, usar vigas de canto en las zonas con riesgo sísmico, intentar no diseñar plantas bajas diáfanas, o tratar de que las escaleras estén centradas o sean simétricas. Todas estas medidas buscan que las bases del edificio ayuden a combatir los esfuerzos horizontales que transmite un terremoto.

LA GUAIRA, June 29, 2026  -- A rescuer stands on the rubble of a collapsed building in Caraballeda, La Guaira state, Venezuela, June 28, 2026. Venezuelan National Assembly President Jorge Rodriguez said Sunday that the death toll from two powerful earthqu

Un rescatador sobre los restos de un edificio derruido en Caraballeda, La Guaira, Venezuela / STR / Xinhua News / Europa Press / ContactoPhoto

Pero Manolo Buitrago considera que el problema es que no se preveía que ocurriera lo que ocurrió. “No es tanto un problema de cómo se diseñan los edificios o de las normativas, porque cada país tiene la suya, hay unos estándares internacionales y no debería haber un problema gordo si no nos salimos de los márgenes de lo previsible”, dice el ingeniero. Pero los terremotos de Venezuela sí han desbordado esos márgenes. “Hubo dos sismos consecutivos, separados por 39 segundos, esa posibilidad no la contempla ninguna normativa y los edificios no están preparados para ello”, resume.

Es inusual pero no es nuevo. El experto recuerda también el doble terremoto de Turquía y Siria en 2023, que dejó más de 59.000 muertes. El hecho de que haya ocurrido dos veces en pocos años hace que quizá sea hora de “poner encima de la mesa la necesidad de que los edificios resistan dos terremotos consecutivos”, una situación que “no se había detectado antes de forma tan agresiva”. Eso sí, priorizar la seguridad tiene un coste. “Si adaptamos la normativa a esto, los edificios empezarán a ser más caros, pero debería hacerse si esto ocurre ahora con una probabilidad más alta”, indica.

El doble sismo y edificios antiguos

¿Estaba preparada la norma antisísmica venezolana para un terremoto de este tipo? La respuesta de Peñín es que la norma actualmente en vigor, que data de 2019, “está muy bien”. También Buitrago, que se la ha leído, asegura que sí está preparada para un gran terremoto pero no para dos. “Si hiciéramos la analogía con una maratón, es como si nos preparáramos para correr 42 kilómetros y, en el último metro, nos dieran que para ganar teníamos que correr 42 más”, compara. 

Reconoce que, además de la excepcionalidad del doble temblor, intervienen otros factores. Asegura que hay una diferencia respecto a las normas en otros países de Europa, que prevén muchos mecanismos de control. “Quizá en el caso de Venezuela no todos los edificios se han construido con licencias o con arreglo a la norma”, apunta el ingeniero. A esos se suman los que se hayan podido construir en décadas anteriores a la norma ahora en vigor, como los que tienen su construcción en los años cincuenta o sesenta.

“La inercia normativa es lenta”

Pero en cualquier caso, recalca Buitrago, hay que prever cómo afectarían los fenómenos extremos a los edificios antes de construirlos. Por ejemplo, con métodos de cálculo que permiten ver, con fórmulas matemáticas, cómo afectarían las cargas y cosas como el viento, un sismo o el fuego. 

Eso, a corto plazo. A medio plazo, se hace necesario modificar las normativas. No es imposible -la norma española está en actualización ahora para incluir aprendizajes derivados del terremoto de Lorca- pero sí largo. “La inercia normativa es lenta cuando ocurre un evento que sobrepasa las acciones que vienen en la normativa; no es de un año para otro, igual tardamos 10, 15 o 20 años”, dice.

La actual norma española data de 2002 y ahora se está revisando. “La esperamos como agua de mayo”, dice el presidente del Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia. Esa nueva norma incluirá, claro, aprendizajes de catástrofes pasadas, como el terremoto de Lorca de 2011. “Ya se redactó una normativa propia, local, de Lorca, con recomendaciones como evitar en la medida de lo posible los forjados sanitarios, porque están sometidos a mucha carga y aguantan mal los terremotos”, indica. Y concluye que cualquier revisión normativa debe tener en cuenta también el tipo de terreno y el tipo de edificación. “En cualquier caso, no es lo mismo construir un hospital que un chalet”, resume.

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