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Vivienda

El alquiler de una habitación en Valencia ya "se come" más de la mitad del Ingreso Mínimo Vital

El coste medio del alquiler de una habitación se sitúa en 400 euros mientras que el Ingreso Mínimo Vital alcanza los 733,60 euros tras un aumento del 11,4 %

Reparto de alimentos organizado por el Banco de Alimentos, en Mestalla.

Reparto de alimentos organizado por el Banco de Alimentos, en Mestalla. / Francisco Calabuig / LEV

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Mónica Ros

Mónica Ros

València

El precio de la vivienda sube mucho más rápido de lo que aumentan las prestaciones sociales. El Ingreso Mínimo Vital (IMV) es la ayuda diseñada por el Gobierno para combatir la pobreza, pero la realidad es que las personas vulnerables tienen en la vivienda su principal problema. Así lo advierten desde hace años las entidades sociales.

Los números no cuadran. Ante las dificultades de alquilar una vivienda, las personas y familias optan por compartir piso y los propietarios han encontrado en el alquiler de habitaciones un negocio que no para de crecer. De hecho, la oferta de habitaciones en viviendas de alquiler en València ha experimentado un aumento del 68 % anual y se sitúan en una media de 400 euros. El IMV, por su parte, ha aumentado un 11,4 % respecto al año anterior y se sitúa en 733,60 euros para una persona sola. Así, el alquiler de una habitación ya 'se come' más de la mitad del IMV. El alquiler de una vivienda se sale de la ecuación ante un coste mensual que oscila entre 850 euros y 1.600, dependiendo del estado del inmueble y el tipo de contrato.

Los últimos datos del Gobierno afirmaban que el pasado mes de mayo las prestaciones del IMV en la Comunitat Valenciana llegaron a 98.308 familias. El Banco de Alimentos de València aseguraba esta misma semana que cada mes atiende a 55.000 familias y los usuarios explicaban a Levante-EMV que había que elegir entre "conservar el techo y pagar el alquiler o llenar la nevera".

Valencia VLC SPD Reparto de alimentos organizado por la Casa de La Caridad en Mestalla

El Banco de Alimentos atiende cada mes a 55.000 familias. / Francisco Calabuig / LEV

La vivienda, el primer factor para la desigualdad

Casa Caridad alerta en su último informe de que abundan las personas con empleo, preparadas para iniciar una vida independiente, pero que no encuentran una habitación o una vivienda en condiciones asumibles. "Aunque las personas logran mejorar su situación laboral o económica gracias al acompañamiento social recibido, cada vez resulta más complicado acceder a una habitación o una vivienda en condiciones asumibles, especialmente para quienes perciben salarios bajos o inestables", aseguran desde la entidad.

La memoria de Cáritas Valencia de 2025 puso el foco en el mismo punto: la vivienda. "Es el principal factor de desigualdad ya que cuatro de cada diez personas atendidas ven vulnerado este derecho que ha pasado a ser un privilegio", explicaban en la presentación.

El último informe social presentado es el de Hijas de la Caridad, que ha denunciado también que la crisis de vivienda "impide salir de la exclusión a miles de personas y familias" en la Comunitat Valenciana. "Hay una realidad que permanece prácticamente invisible en el debate público: el impacto extremo que la crisis de vivienda está teniendo sobre las personas más vulnerables, que en muchos casos han quedado excluidas incluso del acceso a una habitación", explica el informe.

Hijas de la Caridad advierte de que la actual crisis habitacional está expulsando del sistema a quienes se encuentran en situación de exclusión social, "para quienes el problema ya no es acceder a una vivienda completa, sino contar con cualquier alternativa residencial digna".

Ni tan siquiera una habitación

Las entidades aseguran que las prestaciones sociales destinadas a personas en situación de vulnerabilidad "se sitúan en torno a 470–574 euros mensuales", mientras que el precio de una habitación en ciudades como València o Alicante puede oscilar entre 350 y 500 euros al mes, y el alquiler de una vivienda alcanza fácilmente los 750 a 1.000 euros. "El acceso al mercado del alquiler es prácticamente imposible para quienes se encuentran en pobreza extrema, y muy limitado incluso para quienes están en situación de vulnerabilidad", apuntan.

Y concluyen: "No denunciamos solo que la vivienda sea cara. Denunciamos que el sistema está dejando fuera a quienes ya no pueden acceder ni siquiera al último escalón: una habitación, una oportunidad o una vida digna".

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