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Emergencias

El golfo de Valencia y la provincia de Alicante, puntos sísmicos 'calientes' de la Comunitat Valenciana

Investigadores han registrado 136 terremotos con magnitud superior a 3 en la escala de Richter en la Comunitat Valenciana desde el año 2000.

La Comunitat Valenciana registra 136 terremotos de cierta entidad desde el año 2000

La Comunitat Valenciana registra 136 terremotos de cierta entidad desde el año 2000 / Levante-EMV

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Pablo Plaza

Pablo Plaza

València

El terremoto de Venezuela ha vuelto a recordarnos que a veces ni siquiera la tierra firme es refugio frente a una gran sacudida. Las fricciones subterráneas en la Comunitat Valenciana son mucho más habituales de lo que se piensa. La mayoría de ellas son imperceptibles; solo unas pocas se dejan notar y muy contadas, a lo largo de los años, resultan en daños. Pero haberlas, haylas. El territorio valenciano tiene varios puntos 'calientes' que estudian minuciosamente en Siscova, la Red Sísmica de la Comunitat Valenciana, con sede en Alicante.

El último gran terremoto se registró en 1919 en Jacarilla-Torremendo, en el extremo sur de la Comunitat. Fue un 'doblete', dos eventos en 16 minutos y con una magnitud de 5,2 y 5,1 respectivamente, que dejaron daños en viviendas, caída de rocas o algunas fisuras, y a los que se sumaron una docena de réplicas que se prolongaron durante varias semanas. Desde entonces, señala el coordinador científico de la Red, Pedro Alfaro, terremotos "importantes, con daños, no hemos tenido ninguno". Pero lo cierto es que al año se pueden registrar medio millar de episodios sísmicos en todo el territorio valenciano. Al menos dos o tres se dejan sentir y "siempre causan un poco de alerta social", reconoce Alfaro.

Los investigadores de este centro, que financia el Institut Cartogràfic Valencià (ICV), han registrado desde el año 2000 un total de 136 terremotos con magnitud superior a 3 en la escala de Richter. La actividad sísmica es continua pero, por ejemplo, los otoños de 2003 y de 2013 fueron particularmente activos, con enjambres sísmicos y decenas de eventos en días. La magnitud promedio de los registros oscila entre 3 y 4, aunque algunos superaron significativamente esta media: el Golfo de Valencia en septiembre de 2003 registró dos eventos de 4,3 y 4,2 puntos.

Mapa de terremotos registrados desde el año 2000.

La costa, especialmente en torno a Cabo de Palos y el Golfo de Valencia, concentra el mayor número de terremotos en este período. El enjambre sísmico del golfo en 2013 produjo más de una veintena de eventos en dos semanas, con magnitudes que oscilaron entre 3 y 4,2 puntos. En tierra firme, las zonas del sur —Fortuna (3,7 puntos en 2009 y 3,8 puntos en 2018), Albudeite (3,9 puntos en marzo de 2018) y Jumilla (3,2 puntos em 2025)— y el interior alicantino —Crevillent (3 puntos en 2003), Hondón de los Frailes (3,6 puntos en 2008), Agullent (3 puntos en 2005)— también muestran actividad recurrente. Utiel, por su parte, experimentó dos eventos notables: 3,1 puntos en 2011 y 3,6 puntos en 2022.

"La peligrosidad sísmica es mayor en el sur de la Comunitat y disminuye progresivamente hacia el norte", apunta Alfaro, porque nos encontramos "en un límite de placas activo". "Al sur está la placa africana, y nosotros estamos en la euroasiática; se acercan ininterrumpidamente 5 milímetros todos los años". Cuando los esfuerzos son muy intensos sober las rocas, se terminan por romper las fallas y cuando hay un desplazamiento brusco, se producen estos movimientos. En la provincia de Valencia, hay varias fallas bajo el mar -la falla de València- y otras como la de Cuella o la de l'Albufera. "Tienen una actividad pequeña y velocidades lentas", reconoce el experto.

Así, es una "zona activa" pero con magnitudes máximas de 7 puntos. Y aunque parezca algo superior a los 5,2 puntos registrados en el dramático sismo de Lorca en 2011, el experto explica que la escala es logarítmica en base 30. Es decir, cada punto de más supone multiplicar por 30 la energía liberada en el terremoto. Otra cosa es la intensidad, que refleja "cómo se ha sentido" el movimiento y "depende de la distancia, el tipo de vivienda, el tipo de suelo y otros muchos factores". La mayoría de los sismos registrados en las tres últimas décadas se ha clasificado entre II (muy débil, apenas perceptible) y IV (moderado, claramente sentido dentro de edificios). Algunos alcanzaron una intensidad IV-V, como el de Torrevieja en junio de 2003 (3,9 puntos), donde la población sintió claramente el movimiento. o el de Casas Bajas en marzo de 2006 (4,3 puntos, intensidad V), uno de los más intensos.

Esta semana, la Conselleria de Emergencias ha organizado un simulacro de terremoto en La Nucía con más de 115 profesionales entre policía local, autonómica, nacional, Guardia Civil o servicios sanitarios, aunque no contó con el cuerpo de emergencias de la Generalitat, conformado por los bomberos forestales de la SGISE. Lo que ihzo que el conseller, Juan Carlos Valderrama se labrara alguna crítica de la oposición. La diputada socialista Alicia Andújar, calificó el simulacro de "charlotada" y una muestra de "la ineficiente gestión de los recursos para dar respuesta a las emergencias" por parte de la Generalitat.

¿Un tsunami?

Si los sismos se producen bajo el mar, pueden generar tsunamis. Aunque en el Mediterráneo, de menor envertadura. Al sur, la falla del Bajo Segura podría provocar uno de hasta dos metros de altura. "No tiene nada que ver con Japón, cuando alcanzó los 30 metros", explica Alfaro, quien insiste todavía en el peligro de un impacto de olas menores a 60 kilómetros por hora. En esta zona, la ola podría tardar diez minutos en llegar a tierra. La Comunitat, sin embargo, está expuesta también a episodios en las fallas del norte de Algeria, que "son más activas y grandes" y podrían provocar olas de hasta 6 metros. Es poco probable, "ocurre cada mil años", insiste. Pero el peligro de estos terremotos es que no se sentirían en tierra y podría pillar a la población desprevenida. Por ello, pide un protocolo de actuación rápido (no existe) que avise a la población para que se aleje de la primera línea o suba a plantas elevadas.

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