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Terremoto Venezuela

Ayuda para Venezuela con la experiencia de la dana en el retrovisor

Psicólogas Sin Fronteras y Farmamundi preparan su despliegue ante el doble terremoto en el país latinoamericano tras actuar hace dos años y medio en las inundaciones de la provincia de Valencia

Voluntarios y rescatistas realizan labores de búsqueda en una zona un afectada por el doble terremoto del 24 de junio, en Caraballeda, La Guaira.

Voluntarios y rescatistas realizan labores de búsqueda en una zona un afectada por el doble terremoto del 24 de junio, en Caraballeda, La Guaira. / Miguel Gutiérrez/EFE

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Diego Aitor San José

Diego Aitor San José

València

Más de 900 kilos de antibióticos, corticoides, antiinflamatorios, mascarillas o material de traumatología como vendas, escayolas o apósitos que hace una semana dormían en un almacén de Paterna van de camino a Venezuela para ser recetados, administrados, repartidos, ingeridos y aplicados entre una población que ha visto cómo un doble temblor de la tierra durante cuatro minutos agónicos ponía en jaque sus vidas. Infecciones, luxaciones, brechas, fracturas o intoxicaciones son tratadas con medicamentos que salen de l'Horta, han recorrido 7.000 kilómetros y se erigen en una muestra de la ayuda valenciana que cruza el Atlántico.

La variedad en las manos que se ofrecen y se echan simbólicamente hacia el otro lado del Atlántico es amplia y cuenta con el añadido de la experiencia de quien ha sentido en carne propia una catástrofe antes. "Más de una veintena de ONG de cooperación y acción humanitaria, tanto valencianas como estatales e internacionales, trabajan incansablemente para responder a las necesidades de las personas afectadas por los terremotos", explica Enrique Asensi, presidente de la Coordinadora Valenciana de ONGD, que reivindica "la capacidad de respuesta de un sector que acumula décadas de experiencia en la gestión de catástrofes".

"Resulta clave articular un apoyo internacional que sea complementario a las capacidades locales, tanto para atender las necesidades inmediatas como para acompañar los procesos de recuperación a medio y largo plazo", añade. En el espejo retrovisor aparece la experiencia de la dana del 29 de octubre de 2024. El despliegue en territorio valenciano fue amplio, amplísimo, con más de 50 organizaciones involucradas. Una de ellas de ellas es la que pone sello al contingente de medicamentos citado: Farmamundi, organización valenciana con 33 años de trayectoria a la espalda, que como explica su director, Joan Peris, está presente en 11 de las 20 peores crisis internacionales, que en la dana suministró vacunas, abrigos y kits de protección personal, y que se ha activado ante el terremoto venezolano.

Su respuesta ha sido en forma de envío de insumos y el apoyo para el despliegue de cinco clínicas móviles en cinco estados venezolanos: Falcón, Yaracuy, Miranda, Carabobo y Caracas. "Todos los medicamentos que se envían tienen su trazabilidad, se sabe de dónde vienen, adónde van y en qué condiciones se han mantenido", cuenta Peris destacando ese conocimiento de todas esas circunstancias como diferencial de su actuación. "Es complejo", admite, pero reivindica que es la forma adecuada de trabajar que evita que se generen desperdicios, medicamentos caducados, que hayan podido perder su efecto, que no sean adecuados o que no formen parte de las "prioridades" de la población a la que se quiere atender.

En Venezuela, explica Peris, Farmamundi colabora con oenegés locales para dar atención a los heridos directos por la catástrofe, pero se espera que sea una labor de "largo recorrido", que se ha de "mantener en el tiempo" porque la emergencia "cambia de fase" o lo que es lo mismo, el problema ya no es solo el impacto directo del seísmo, sino las consecuencias que se abren como el aumento de infecciones, la dificultad de encontrar agua potable, problemas respiratorios o complicaciones de enfermedades crónicas. Esas consecuencias a posteriori suenan familiares en la provincia de Valencia arrasada por las inundaciones de hace dos años y medio.

"Claro que hay secuelas"

Lo saben también en Psicólogas Sin Fronteras, con sede en València. La organización se está preparando para enviar a un pequeño equipo con el que iniciar su proyecto en Venezuela. "Durará unos meses", aventuran. Ocurrió igual en la dana, de hecho, todavía siguen dando apoyo en localidades como Benetússer y Sedaví, según cuenta Yéssica Díaz, coordinadora Acción Humanitaria Local. "Claro que hay secuelas, hay un impacto que es a medio y largo plazo, que está ahí porque en un primer momento se ha delegado la salud mental a un segundo plano, pero aparece", explica.

Entre sus funciones en el país latinoamericano estará hacer un "mapeo" de la situación y detectar las "vulnerabilidades previas" así como impulsar el acompañamiento psicosocial y, sobre todo, formar y dar apoyo a los profesionales locales. "Siempre hay que ver las necesidades que hay y complementar lo que ya tienen", explica al tiempo que reivindica la necesidad de "cuidar al que cuida" ante el "desgaste" que supone la actuación sobre terreno. La experiencia previa la tienen, si bien, por las mayores dimensiones de territorio, de número de afectados, de cuantía de daños y de la situación previa del país la situación es más compleja. Su ayuda, así, resulta imprescindible.

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