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Obituario

Fallece a los 76 años el magistrado valenciano Joan Cremades, reformista y superviviente de los años duros de ETA

Su interés por la mejora del sistema judicial, su carácter renovador desde Jueces para la democracia y su aplomo durante su estancia en la Audiencia de San Sebastián en los años 90 marcan la trayectoria del magistrado

El magistrado Joan Cremades

El magistrado Joan Cremades / Levante-EMV

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Pablo Plaza

Pablo Plaza

València

Reformista y pionero son dos de los adjetivos con los que le definen sus compañeros y allegados. El magistrado valenciano Joan Cremades, natural de Bellreguard, fue testigo en primera persona de los años del plomo de ETA y ejerció la toga entre el País Vasco, Cataluña y Valencia con una visión progresista pero sin abandonar la profesionalidad que tanto le reconoció el oficio. Exprimió su carrera al máximo y cuatro años después de su jubilación, esta madrugada, Cremades ha fallecido a los 76 años en su domicilio de València, acompañado de su familia.

A pesar de sus primeras inclinaciones hacia las ciencias exactas, cuyos estudios empezó en la Universitat de València (UV), la toma de conciencia política y social en los últimos estertores del franquismo lo empujaron a estudiar las oposiciones a juez, siguiendo la estela de su padre, que siempre se había dedicado al Derecho. Hizo la 'mili' en Girona y quizá por eso juró que jamás volvería allí. Sin embargo, con apenas 29 años empezó su carrera judicial en esa provincia, como titular del Juzgado de Primera Instancia en Olot, y más tarde, al ascender a magistrado, su primer destino forzoso fue precisamente Instrucción 1 de Girona. "Estaba predestinado a estar allí", comenta con cierta ironía Marta, su mujer. Allí precisamente se conocieron.

Desde el primer momento estuvo muy vinculado a la asociación Jueces para la Democracia, surgida para aglutinar a las sensibilidades más progresistas de la judicatura. Y tras pasar por Segorbe, hacia mediados de los años 80 fue nombrado titular del juzgado de Instrucción número 12 de Valencia, donde trabó una relación muy cercana con jueces como Luis Manglano, uno de los fundadores de la mencionada asociación. Manglano rememora las "reformas importantes de caracter social y jurídico" que impulsaron para la asistencia de las víctimas y también de los detenidos. "Era una época donde el juzgado de guardia recibía el rechazo de todos los demás: personas violentas, desequilibradas, gente sin recursos, con problemas de drogas... Conseguimos pactos con muchas instituciones", explica. Por ejemplo, el primer acuerdo con la administración para implantar ayudas a las víctimas del delito así como la prestación de apoyo psicológico. También consiguieron que se creara un servicio de asistencia a los detenidos, aprovechando que era "una época con gobiernos autonómicos con más sensibilidad".

Su interés por la mejora del sistema judicial era evidente hasta el punto de que, al final de los 80, dejó temporalmente la toga para formar parte del cuerpo de inspectores de tribunales, encargado de las zonas de Cataluña y Baleares. Un paréntesis antes de presidir la sección segunda de la Audiencia Provincial de Girona, que él mismo había instado crear y donde demostró audacia y atrevimiento. Allí, antes de que se crearan los tribunales por jurado, Cremades pidió permiso para hacer un simulacro en una de las causas que llevaba: un asesinato cuyo cadáver no se había encontrado. El acusado fue condenado en una sentencia muy comentada. "Era pionero y atrevido, los compañeros se lo reconocían", recuerda su mujer.

Pero quizá la época más complicada fue la presidencia de la Audiencia de San Sebastián, que ostentó entre 1990 y 1997. En plena guerra contra el terrorismo de ETA, se buscaban perfiles progresistas que no fueran a la contra, que intentaran comprender la realidad vasca. Su figura parecía encajar: su integración fue notable -aprendió euskera y prometió su cargo en la lengua local- y su capacidad para contemporizar en un momento de persecuciones ideológicas era una habilidad más que idónea. "Tenía la virtud de hablar sin comprometerse mucho", asegura su mujer, según la cual Cremades "llevaba bien" soportar tales presiones: "Sabía cómo intentar contentar a todos y eso no es fácil".

Acudía a la librería Lagun de San Sebastián cada vez que era atacada por la kale borroka para comprar libros quemados

Eso no significa que fuera un camino de rosas. Es conocido que el magistrado acudía a la librería Lagun cada vez que era atacada por la kale borroka para comprar libros quemados. Su amigo Manglano explica que "tenía buena relación con el mundo abertzale pero eso no significaba nada" porque el peligro seguía ahí. Por ello, aunque no tenía mucho miedo, le obligaban a llevar protección policial. Fueron años de mirar el espejo cada dos por tres, revisar los bajos del coche, cambiar itinerarios. De muchos funerales de amigos y conocidos. La banda terrorista asesinó a Alfonso Morcillo, jefe de policía de San Sebastián, en 1994; a Enrique Nieto, jefe de la brigada de Investigación de la Policía Nacional, en 1995; y a Fernando Múgica, abogado socialista, al año siguiente. Pero la pérdida más dolorosa para él, como reconoció, fue la de su amigo Juan María Jáuregui, exgobernador civil, ya en el año 2000.

Cremades cerró el último tramo de su larga trayectoria en Barcelona, donde presidió la sección 13 de la Audiencia de Barcelona, especializada en arrendamientos urbanos. Allí vivió la catastrófica crisis de la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias en la Ciudad Condal. El bellreguardí quiso agotar su carrera hasta que la ley se lo permitió, los 72 años, y se acabó jubilando en 2022. Además de recibir la 'Raimunda', la Cruz de San Raimundo de Peñafort, también fue condecorado, un año después de su jubilación, con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, que no pudo recoger al no poder desplazarse. Con el magistrado también se va, pues, un comprometido impulso renovador del oficio judicial.

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