Tragedia
La historia de Loli: Deja la dana y la desalojan con su familia por el incendio de Almería
Una vecina de Paiporta buscó refugio tras la riada en casa de su hijo en Los Gallardos y tras el devastador incendio son acogidos en el Convento de Antas

Europa Press
Moisés, su mujer, sus dos hijos y su madre han vuelto a vivir el zarpazo del terror a escasos metros del pavoroso y mortal incendio en los Gallardos que se ha cobrado numerosas víctimas mortales y desaparecidos en Almería. Los cinco figuraban entre estos últimos hasta que, una vez localizados y desalojados de sus casas, han sido acogidos en lo que fue el Convento de San José. Unas instalaciones para dar cobijo al necesitado y cuya fe ha mantenido viva la congregación de las Hermanas de los Ancianos Desamparados. Ese oratorio es hoy el Convento de Antas, un punto de referencia municipal y cuyas instalaciones son utilizadas como espacio de acogida, así como de refugio cultural y social.
Ese refugio era el que necesitaban, en esos momentos, los desalojados del incendio de Los Gallardos (Almería) y a ese llegaron vecinos de la zona afectada, entre ellos, cinco de una misma familia a la que las llamas y la naturaleza golpean de nuevo. Moisés es el que más ha hablado, a pesar de su delicado estado de salud. Su mujer, la que menos: no le gusta salir en los medios de comunicación. Los dos pequeños, a pesar de las penurias que han atravesado, miran con cierta incredulidad lo que ocurre a su alrededor e intentan gestionar olores, humos, colores, calor, mangueras, sirenas y gritos. La abuela, no da crédito al "¿otra vez?¿Ora desgracia?".

Coches calcinados en uno de los tramos afectados por el incendio de Los Gallardos / L.O
Del agua al fuego
El crepitar de las llamas se escucha de noche, entremezclado con el ruido de las autobombas. De día, todo es humo y no hay colores. La noche es el peor enemigo de las catástrofes y las desgracias, como bien saben Moisés y su madre Loli. El primero, por todo lo vivido y sufrido en València. La segunda, porque igual de criminal es el fuego que el agua cuando no tienes escapatoria.
Y es que Loli ya sabe de noches sin dormir y que el peligro llame a su puerta. Vivió la dana cuando estaba en Paiporta y ahora vive el incendio más grave de lo que llevamos de siglo en España. En la dana vio, padeció y sobrevivió al agua. En el incendio almeriense ha visto, padecido y sobrevivido al fuego, dos de los cuatro elementos.
Loli sabe de crianza y esfuerzo, de sobreponerse a lo que la vida le antepone; de ahí que, entre esas paredes de blanco celestial, acaricie y tranquilice a sus dos nietos de cuatro y cinco años, ajenos a la tragedia o, al menos, distraídos de la misma. Moisés se los trajo de Marruecos a Bédar para darles una mejor vida y ahora saben lo pequeño que se ve el ser humano cuando se ve en medio de una tragedia.

Vecinos de Paiporta sacan enseres y barro de sus viviendas afectadas por la riada del 29 de octubre en una imagen de archivo. VLC. HOR. Paiporta el día 13 tras la catástrofe de la DANA del 29 de octubre de 2024 / German Caballero
Ya lo vivió su madre en Paiporta, y él en la distancia. Ahora han vuelto a ver la tragedia de cerca. Gracias a la colaboración de vecinos en alertar, de los toques de campana típicos de la zona, de las fuerzas de seguridad y de alguna estela que les sigue a todas partes, lograron salir de ese infierno -y nunca mejor dicho— que ha sido este incendio.
Convaleciente de una operación
Y como las desgracias nunca vienen solas, el propio Moisés afrontaba esta evacuación de urgencia a toda prisa tras estar convaleciente de una operación delicada en el estómago para corregir una colectomía que le practicaron con anterioridad. Fue a mejorar su calidad de vida y por horas no la empeoró, pues lo mandaron del hospital a casa para que descansara y estuviera convaleciente de la operación, y se encontró con el desalojo y nada de reposo. Y se siente todavía afotunado, pues es el único que conduce y de no haber sido dado de alta, no ha querido pensar qué hubiera podido pasar.
Por el retrovisor, Moisés ve pasar su vida y, por el mismo espejo, deja atrás varios coches calcinados en el incendio y no puede evitar pensar en la gente que pudo quedar atrapada en ellos. Pero se aferra a su madre Loli, a su esposa y a sus hijos mientras aguanta el dolor de las grapas en el estómago. De Paiporta a Antas. Del agua al refugio tras pasar por el fuego. Pero están todos y están unidos, y eso les da la mayor felicidad. Lo otro, pues ya vendrá.

Voluntarias por el incendio de Los Gallardos cargan botellas de agua para los afectados / Laura Rubio
Como también la ayuda que han recibido de vecinos, gente anónima y del propio convento almeriense ese que les da cobijo y comida, como al necesitado. Y ellos lo han sido y lo siguen siendo, unos necesitados, mientras la mirada de la abuela Loli se pierde en el infinito, porque vivir una dana y ahora un incendio es recordar para siempre que ambas desgracias le aferran a la vida y a su familia.
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