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Aviso rojo

La brisa marina se debilita un 4 % durante las olas de calor en el litoral valenciano y dispara las máximas

Un estudo del CSIC, la UV y la Generalitat concluye que la intensidad de la brisa en el Mediterráneo occidental se ha reducido de media 1,3 km por hora

Ola de calor en la playa de las Arenas y Malvarrosa la pasada semana en València.

Ola de calor en la playa de las Arenas y Malvarrosa la pasada semana en València. / Daniel Tortajada / LEV

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Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

La brisa marina es uno de los elementos clave -o lo ha sido hasta ahora- del clima mediterráneo y contribuye cada verano a contener las temperaturas; o al menos lo hacía hasta ahora. Sin embargo, desde hace años, los miembros de la delegación autonómica de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) vienen avisando del debilitamiento de este fenómeno e, incluso, han explicado la sensación de "falsa brisa" que se está viviendo este verano en el litoral valenciano. Ahora un estudio del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CSIC-UV-GVA), publicado en Scientific Reports, ha determinado que la brisa mediterránea ha reducido su intensidad un 11 % desde 1981 y, además, que esta pierde intensidad durante las olas de calor, hasta un 4 % en el caso de la Comunitat Valenciana.

Estas dos conclusiones se extraen después de analizar, por primera vez, los datos desde 1981 y hasta 2021 de 39 estaciones meteorológicas situadas en España, Francia, Italia y el norte de África. De todas ellas, los datos del 90 % constatan esta reducción de la brisa marina. El debilitamiento es generalizado, aunque se agudiza en la costa de las Islas Baleares, donde se ha reducido un 17,6 %, y en la costa mediterránea española, un 17 %. De media, su intensidad ha caído en 0,095 metros por segundo en cada década, lo que deja una reducción de su velocidad de 1,3 kilómetros por hora. "Si tenemos en cuenta solo los meses de verano, este cambio se agudiza un 12,7 %", explica Shalenys Bedoya-Valestt, primera autora del estudio e investigadora predoctoral en el CIDE. Entre las ciudades que experimentan "un debilitamiento más pronunciado" se incluye la ciudad de Castellón junto con las de Barcelona, Tortosa, Menorca, Almería, Málaga, Ibiza y Palma de Mallorca.

¿Por qué se está produciendo este fenómeno? El estudio lo atribuye a tres razones principalmente. En primer lugar, a la persistencia de las dorsales anticiclónicas sobre el Mediterráneo, es decir, a presiones que se extienden desde un anticiclón y que provocan estabilidad atmosférica y tiempo seco. En segundo lugar, a la entrada de aire tropical continental desde el Sáhara y, en último lugar, a las olas de calor. Estas son cada vez más frecuentes. Hasta el pasado 2025, la Comunitat Valenciana acumulaba 281 días bajo ola de calor, pero el 75 % de ellos se han registrado desde hace década y media.

Menos brisa aun

Otra de las conclusiones del estudio es que la brisa se debilita aun más durante estos episodios tórridos. En el caso del litoral mediterráneo español, es un 4,8 % menos intensa. No obstante, disminuye más drásticamente en las Islas Baleares, un 8%, y en las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia; allí cae un 10 %. Esta ralentización no forma parte de la reducción generalizada antes descrita, sino que es un factor añadido. Se produce, sobre todo, cuando la anomalía térmica alcanza entre 1 y 1,5 grados por encima de los valores históricos. De hecho, en España, la primera mitad del verano es ya la "más cálida de la serie histórica" con una anomalía de 3,3 grados respecto al periodo 1991-2020. "Prácticamente todos los días del verano hasta ahora han registrado temperaturas superiores al promedio normal en el conjunto de España", explican en sus redes sociales.

Otros efectos nocivos del debilitamiento de la brisa son el fin de la recirculación de la contaminación, la cual puede acabar atrapada en las zonas costeras o de interior durante días, o el desplazamiento de la humedad al interior. Esto último favorece la formación de tormentas severas de verano, como las que podrían darse este miércoles por la tarde en la Comunitat Valenciana.

La principal hipótesis del equipo investigador es que "el calentamiento global está cambiando la forma en la que se mueven las masas de aire" y, además, contribuye a que "el aire cálido de origen continental tropical quede 'atrapado' sobre el Mediterráneo y provoque olas de calor más frecuentes e intensas", explica Bedoya-Valestt. Esta masa caliente funciona como una "tapa sobre la región", es decir, "estabiliza la atmósfera y frena los movimientos de aire que impulsan la brisa"; en definitiva, se debilita.

La importancia del estudio radica, según el investigador del CSIC César Azorín, en que "conocer cómo están cambiando las brisas marinas nos permite entender los posibles impactos en la población costera del Mediterráneo occidental y sentar las bases de conocimiento necesarias para la adaptación climática". Uno de ellos es el crecimiento de la mortalidad atribuible a las altas temperaturas. El de 2025 ya fue el más letal de la serie histórica en la autonomía, según los registros del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, con 416 muertes. En lo que va de verano son ya 207 decesos, después de vivir el junio más mortífero por calor de la historia.

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